Editorial 262
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- 13 abr 2019
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La política según Dios
Amados hermanos, paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sean en ustedes. El mundo sigue su derrotero a la perdición. Por perdición nos referimos no solo a la condenación, sino al extravío del hombre de la verdad, de la realidad, del deber ser. Todo esto fue proporcionado por Dios desde el principio de los tiempos después de su caída, más el hombre se ha dedicado en hacerlo menos y seguir la dirección opuesta.
Todo conocimiento cuyo origen no procede de Dios va en contra de Él por definición. De manera que todo lo que percibimos como ciencia, saber, cultura, conocimientos debemos cotejarlo en lo que Dios ha dispuesto.
Dentro de todo este cúmulo de tópicos seleccionamos la política. Confundimos pues el rol de esta sapiencia con deseos, ambiciones, ideologías e imposiciones de procedimientos.
En esencia, la política es la correcta administración de los bienes y recursos en un lugar para beneficio de los moradores del mismo. Hablemos de casa, vecindario, escuela, municipio, estado, nación, cuidando de igual manera al entorno circundante. La ayuda mutua entre entes semejantes corresponde la verdadera y mejor política.
Las ideas y maneras son acorde a cada pueblo, pero entonces la diplomacia entre los pueblos es necesaria para poder catalogar maneras, gestos, dichos y actitudes como correctas y no malinterpretar.
Dios es un Dios de paz y busca que el hombre ande por esa vereda. La ayuda mutua es necesaria para conseguir cosas faltantes mediante un justo intercambio, a veces compra y a veces venta.
Los lineamientos y reglas deben ser establecidos de modo que los hombres obedezcan y el estado de paz se logre. Las cuestiones de lenguaje deben ser también acotados para evitar un desorden en las formas de comunicación.
La educación, así mismo, debe proveer a los infantes y jóvenes de las herramientas requeridas para afrontar los desafíos de su realidad circundante en un ambiente armonioso con su medio ambiente. Las tecnologías son cuestiones solo aplicables al bien común.
Ante todo, hablar con honestidad, con la verdad, con propiedad y con el ánimo no de espantar o agitar. Sencillamente la búsqueda y ejecución de una solución que no afecte a los semejantes. Si la solución no está en nuestras manos, comunicar eficazmente a quienes bien puedan ayudar.
Y hasta aquí no vemos la guerra, conquistas, el espionaje, provocadores. Dios no busca la muerte del hombre, aun cuando no cree en Él, busca tenga paz para que le busque y vea lo que ha desperdiciado por tanto tiempo.
El hombre hace lo opuesto porque solo así los poderosos someten a los débiles. Cristo mismo no concuerda con esto y por eso nunca buscó tener un Israel físico, entonces bajo el dominio de Roma.
Pero lo hará, vendrá y someterá a todo rebelde y aplicará la verdadera política de gobierno, en su milenio de poder.
Que la gracia de Cristo amados hermanos sea sobre todos ustedes amén.

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