Editorial 264
- Cuerpo Editorial

- 28 abr 2019
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Caín y Abel primera parte.
Bendiciones sean otorgadas a ustedes respetables colegas de la fe, paz y gracia de Cristo en su espíritu, amén.
Aunque tenemos como prioridad centrarnos en el nuevo pacto, el hermano que escribe recién encontró un conocimiento oculto en Génesis en cuanto a la dualidad de la naturaleza del hombre: la que Dios creó y espera de él como hijos; y la que el hombre en su franca rebeldía se opone a Dios.
Muchas personas, creyentes e inconversos se preguntan cómo es que funciona el concepto de viejo hombre y nuevo hombre. El Espíritu Santo tuvo a bien mostrarme esta situación, por lo cual humildemente agradezco al Padre en el nombre de Cristo haberme concedido encontrar esta perla preciosa de conocimiento espiritual. Ciertamente buscaba otra información, pero leyendo me fue revelado este asunto. Dividiré el tema en dos partes: este primer tratado sobre Caín, quien simboliza la naturaleza de toda carne viva después de ellos hasta el último que ha de nacer; y en el siguiente de Abel, quien representa la segunda esencia del hombre.
Cuando el apóstol Pablo hacía mención de esta paráfrasis de viejo hombre y nuevo hombre, el Adán carnal y el Adán espiritual, lo hizo porque sabía de la historia de la creación. Pero continúa la enseñanza con la primera descendencia. Caín y Abel. Ellos representan dos espíritus, dos modos en los cuales un ser humano interacciona con Dios. El primero para condenación y el segundo para justicia.
Además, confirma que Dios es quien da dones a los hombres y, por lo tanto, hasta al más ateo le ha sido concedida esa prerrogativa del mismísimo Creador. Así aquí podemos ir cerrando el círculo poco a poco. Los oficios de ellos eran: labrador para Caín y pastor para Adán. La naturaleza caída de Caín, al ser el primogénito simboliza la primera edad de toda carne (en el caso de los que no creen la única) le insta a mirar hacia abajo, hacia la Tierra, sin acceso a mirar hacia las cosas de arriba, las espirituales.
Aquí la primera enseñanza de parte del Espíritu. Éste es el fundamento que Pablo basó su argumento que Dios sometió a todos bajo pecado, porque el ser labrador implica tener constantemente mirar hacia abajo, pues ¿qué agricultor siembra mirando hacia arriba? Ninguno. Luego, al mirar hacia abajo, se llena de afanes, pierde toda comunicación con la Deidad y al momento de ofrecer sacrificios a Dios, no son aceptos porque nada fue hecho por y para Dios, sino para ellos mismos.
O díganme ¿Qué erudito en ciencia, política, música, incluso en cosas sosas como deportes y cultura dedican sus logros a Dios y Jesucristo? Por esto dice otra escritura: Gloria de hombres no recibo, y alábate el extraño.
Siendo todos iniciadores bajo el sello de Caín tuvimos un inicio fuera de Dios, fuera de Jesucristo, fuera de toda gracia y salvación.
Pero el Señor Jesucristo es el único medio y lazo que nos libera de ese yugo maldecido por Dios y es de esa forma que podemos aspirar a, por primera vez, mirar hacia arriba. Ya no estamos sujetos y limitados a inclinar el cuello hacia abajo sino recibir la luz y el calor del sol en el rostro.
Gracias al sacrificio en la cruz de nuestro amado Cristo Dios se convierte automáticamente en nuestro Padre, nos recibe en su familia y nos sella, no como a Caín para condenación sino como a Cristo para salvación y resucitación en el día postrero.
Mas los que no creen, seguirán mirando hacia abajo, labrando la tierra con pesar, afán, envidia y rencor hasta que el Señor los liberte o hasta que se les acabe el tiempo. Quiere el Señor salvarlos a todos, pero muchos se resisten a quererlo ver cara a cara.
En el siguiente número tendremos la representación de Abel en el plano espiritual de Dios. La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amén.

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