Editorial 265
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- 5 may 2019
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Caín y Abel - Segunda parte
Amor y gracia del Señor Jesucristo sea a todos ustedes amados hermanos, amén.
En el Editorial anterior reseñamos el significado de la vida de Caín en la vida del hombre, como señal de Dios que debajo del sol nada hay nuevo. Ahora enfocaremos el tema de Abel, el segundo hijo que murió joven en obediencia y humildad a Dios.
De acuerdo con el libro de Génesis, Dios concedió a Abel, ser pastor, guía, líder de ovejas. La función de un pastor amados hermanos es apacentar ovejas, es decir estar de continuo con ellas procurando su alimentación, cuidado y protección ante las cuestiones ajenas adversas que incida en la salud y vida de ellas, pues de ellas él tiene a su vez su sustento: leche, carne y lana.
Un pastor es imposible tenga la mirada hacia abajo. Debe en todo momento estar alerta, mirando hacia todas direcciones: arriba y abajo, atrás y adelante, izquierda y derecha. Caín miró con envidia la nobleza y humildad de Abel de sacrificar lo mejor de sus ovejas como ofrenda a Dios. Aquí la enseñanza. Si el hombre renuncia a lo suyo para dar prioridad a Dios, Dios en automático remunera, más muchos no entienden esto.
Dios halló gracia en Abel, porque Abel sabía que las ovejas son muy prolíficas y siempre tendrán crías. Así que no vio con codicia conservar las mejores, sino que las tomó las ofreció al Creador de las ovejas y de él mismo. Dios vio ese gesto de renunciación y amor por compartir con Dios lo mejor de su talento y esto no lo soportó Caín.
Al estar preocupado por sí mismo Caín no buscó dar el mejor fruto, sino lo que no era mejor, quedándose con lo mejor para sí, pues como él batalló para cosechar quién mejor que él para disfrutar, sacando a Dios con su esfuerzo y llenando de soberbia y envidia su corazón.
Luego al matar a Abel, cree que ha eliminado la competencia, pero lo único que hace es maldecir a la tierra por cuanto la sangre de un justo derramada innecesariamente la contaminó para siempre. Y al morir Jesucristo, su sangre derramada paga todo pecado, pero confirma la necedad de Caín (todo ser humano que se opone a Dios) de confirmar el juicio contra la tierra, que así misma clama justicia diariamente que por culpa de este malvado acto fue contaminada y desechada por Dios.
Además, cuando Abel fallece establece el preámbulo de: agradable es a Jehová la muerte de sus santos y, mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor. Si con Abel que fue el primer asesinado de la humanidad Dios decretó juicio contra el hombre natural en la figura de Caín ¿Qué no hará contra los que siguiendo esos pasos niegan y desprecian la muerte de Jesucristo, su Hijo? Con esto ata su destino de condenación, porque quien no confiese niega y si se niega no se cree y al no creer no hay salvación.
Debemos pues ser sabios. Abel llegó a su perfección y por eso fue muerto. Fue liberado de su yugo que fue la carnalidad. Nosotros también debemos aspirar a eso, ser muertos al pecado, ser crucificados como Jesucristo, para morir y renacer en la nueva criatura, el nuevo hombre, lo que Dios realmente anhela de su creación.
No quiere Dios que miremos hacia abajo, sino seamos libres de mirarlo a Él. Tener la plena confianza de buscarle y hallarle, estar en plena comunión de Padre e hijos. Cristo, amados hermanos es quien nos permite pasar del estado de Caín a ser como él, herederos de Dios.
Que la paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados hermanos, amén.




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