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Editorial 267

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 26 may 2019
  • 2 Min. de lectura

¡Feliz día del maestro!


La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sean en ustedes magnificadas amados hermanos. Salud y ósculo santo.


El hermano que escribe, uno de los colaboradores de Dios para la propagación del evangelio, tiene por labor secular dar enseñanza a los diferentes tipos de estudiantes que el Padre provee.


En México, se tiene por costumbre celebrar a los maestros, catedráticos, profesores, tutores, enseñadores, capacitadores y demás personal dedicado a compartir diferentes tipos de conocimientos varios en estos días de mayo cuando se redacta este editorial.


En las redes sociales este evento se da por igual, recibiendo yo muchos halagos de estos estudiantes, bendiciones, saludos, buenos deseos y loas. Por supuesto, recibí todos y cada uno de ellos y así como les recibí, íntegros los envié con mucha humildad, fe y agradecimiento al Padre, porque Él me concedió tener esa destreza al pedírsela en una reunión en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.


Agradecí y agradezco al Señor Jesucristo, porque siguiendo sus pasos, quiera Dios algún alumno sea convencido de su falsa realidad y pase de muerte a vida creyendo en que Jesucristo es el Hijo de Dios.


Pero el punto de este editorial es este: al menos nosotros los que creemos tenemos qué celebrar (porque, de hecho, nuestra celebración de la vida en Cristo debe ser diaria y continua y no dominguera o sabatina) es a Cristo mismo, por las siguientes razones:


Porque como nuestro Maestro y con ejemplos prácticos demostró que su retórica de Dios como Padre es real, verificable y comprobable.


Como capacitador nos enseña a ser agradables a Dios, mediante la obediencia sincera a sus mandamientos.


Como catedrático, nos desvela los misterios que Dios tiene reservados para sus hijos y ser extremadamente sabios con el fin de poder ser reyes, sacerdotes y embajadores exitosos mientras estamos en esta Tierra.


Como profesor, puesto que nos enseña a creer en Dios, en él. Ayuda a nuestra alma dándonos la paz, ayuda a muestra mente a tener conciencia de nuestra salvación y revive nuestro corazón regalándonos el amor espiritual del Padre.


Como tutor, porque toma autoridad y cuida celoso que nuestro intelecto, corazón y alma reciban el mensaje que nuestro Padre nos da -que nos espera para ir con Él- y evita que otros falsos nos den mentiras y falacias mortales.


Como enseñador: porque su ministerio fue verbal y práctico. Es alguien que predicó con el ejemplo. Con las palabras nos da el mensaje de vida eterna y con sus acciones comprueba la eficacia y veracidad de sus palabras.


Por esto y mucho más, si a alguien debemos celebrar es a Cristo. Y como lo dije en las redes sociales mencionaba que si habremos de celebrar a un maestro es a Cristo. Porque mi Maestro es él. Sus enseñanzas han transcendido edades, siglos y siguen vigentes. Otros han vivido y muerto. Sus teorías han sido rechazadas algunas, las de Jesús todas son comprobables y demostrables.


Así, ¡Gracias Cristo por ser nuestro Maestro! Por enseñarnos: Ayer, hoy, mañana y siempre que tengamos el hálito de vida, nunca nos alejes de ti, ¡gloria honra y poder hoy y siempre! Amén.

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