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Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircunsición, sino una nueva creación.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 2 jun 2019
  • 4 Min. de lectura

Paz y gracia sean a ustedes, en el nombre del Señor Jesucristo, bendiciones espirituales a su alma para que sea consolada en su amor verdadero y eterno. Los que nos leen y creen: esperanza de vida eterna propagamos para su gozo continuo.


Terminamos esta dura pero muy necesaria carta escrita a los gálatas de ayer, pero también a los gálatas de hoy, que siguen empeñados en dejar a Cristo afuera de su corazón y congregaciones para dar lugar a la blasfemia de meter la ley, los profetas y la judaización de su vida.


Todavía en el último capítulo se ve precisado a confirmar la extrema importancia de su escrito, con esto no da ni un ápice de escape en cuanto a este tema.


Textual dice el versículo 12: “todos los que quieren agradar a la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer la persecución a causa de la cruz de Cristo”. El contexto se refiere a que en aquellos días los gentiles no eran circuncidados y debían hacerlo para aparentar ser judíos y con eso atenuar la ira de los enviados por el sanedrín de alguna manera. Ahora esta circuncisión es para seguir siendo aceptados en el mundo como “cristianos” de los “normales” y como los locos, pero verdaderos hijos e hijas de Dios.


Cualquiera que se circuncidase se convertía en prosélito de quien oyó el consejo y así se hacían las primeras cadenas de mando y control al interior de las congregaciones. Ahora se da como: “pastor”, copastor, “asistente”, “diácono” y demás nombres distintivos en la falsa jerarquía. De Roma sobra decir su estructura.


Pablo no se gloría de la persecución por Cristo con inteligencia porque sabe que ese temor y terror inducido es para debilitar la fe por los judaizantes, de la misma manera que Pedro por engaño del diablo tentó al Señor cuando dijo: “Señor, ten compasión de ti, en ninguna manera esto te acontezca”. Eso no podemos tolerar: un miedo irracional a padecer por Cristo.


Y el nombre del título obedece a que la circuncisión israelita en su evangelio pierde todo tipo de valor, porque ahora el nuevo sello que el impone es espiritual y no carnal. Nuestra circuncisión es el Espíritu Santo dentro y pleno en nosotros. ¿Así que, tiene usted la circuncisión de Jesucristo en su corazón? ¿O todavía es incircunciso(a)?


El tener al Espíritu dentro de nosotros en activo y no contristado implica que somos una nueva creación, denominada por muchos distintivos dados por el Espíritu mismo: ovejas, reyes, sacerdotes, embajadores, hijos, pequeñitos, etcétera.


Como estuvo ya seguramente impacientado de volver al mismo tema y con la premisa de evitar futuras divisiones y discusiones sin fin declara: “y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios”.


¿Qué significa esta frase?

Paz, puesto que ya cierra su boca y no emitirá más declaraciones al respecto, porque se da por enterado que al menos él no es el enviado por Dios y es mejor siempre el estado de paz sincera y respetuosa al interior de la iglesia que con andar con pleitos cantados.


Misericordia, porque sabe el apóstol el terrible error en el que viven y tiene la esperanza que algún día el Señor mismo les redarguya de pecado y abran los ojos para que se convenzan que atentaban contra la obediencia a Cristo.


Y al Israel de Dios. Porque como judío, añoraba ver la restauración de sus congéneres, no el pedazo de tierra o el poder político y religioso. Es como yo, el hermano en Cristo que por el Espíritu escribe, anhelo y sufro, rogando por toda mi nación terrenal, México, sean salvos sus ciudadanos al cien por ciento, mas es algo no está en mí, sino en la misericordia del Padre Eterno que ya tiene a sus escogidos. En ese tenor escribe esa frase, porque debido a su estado caído son muchos engañados creyendo el Israel físico significa algo cuando sabemos por revelación divina ante Dios es nada.


Como corolario redacta: “De aquí en adelante nadie me cause molestias: porque yo traigo las marcas del Señor Jesús”. Simple y directo: ¿no entiendes? Ve en paz, el Señor es contigo y te revele a su tiempo. No soy enviado a ti y no tiene caso seguir discutiendo. Paz de Cristo en ti.


Cuando nos veamos atrapados en un círculo vicioso de discusiones interminables, en este u otros temas y el Espíritu nos muestre que los otros se gozan más en la polémica que en la edificación, somos nosotros los que debemos refrenar nuestra lengua, porque con las cosas de Cristo no se juega, y para evitarles una disciplina fuerte por tentarnos a enojarnos o caer es mejor estar en la paz de Cristo, hermanos.


Me consta que hermanos han dejado de hablarse (no sé qué tanto desamor, desprecio u odio halla en ellos) por no coincidir en doctrinas, discuten acaloradamente y por no refrenarse terminan ofendiéndose, dando al traste con toda edificación y causando división. Esto amados hermanos NO ES CRISTO, es la carne.


Por tanto, guardarnos siempre en el amor, mansedumbre y paciencia en Cristo, amén. Dejamos el capítulo 6 del 11 al 18 y con esto se termina la carta a los Gálatas. Paz, amor y entendimiento de nuestro glorioso y poderoso Señor Jesús, el Hijo de Dios nunca falte en ustedes amados hermanos, amén.


11 Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. 12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. 13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne. 14 Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. 15 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. 16 Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. 17 De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. 18 Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén. describir

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