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Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y reve

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 17 jun 2019
  • 4 Min. de lectura

Amados miembros del cuerpo de Cristo, esparcidos por todo el orbe, extendemos una gratitud al Padre de todo espíritu nos mantenga vigentes en este ministerio de pregonar todas las riquezas inescrutables en Cristo que nos han sido otorgadas por revelación o experiencia, para su deleite, gozo, edificación y crecimiento en Cristo Jesús nuestro Maestro, Salvador y Señor, amén.


Pues bien, en esta parte complementaria parte del capítulo uno de la carta escrita a los hermanos efesios es una oda al verdadero amor fraternal que entre hermanos debemos profesarnos para gozo celestial.


No hay cosa que más alegre a nuestro Padre, no hay cosa que regocije más a nuestro Señor Jesucristo y no hay cosa que haga fluir más al Espíritu Santo que oremos sinceramente unos por otros constantemente, tengamos un testimonio de Jesucristo impecable, practiquemos constantemente el amor fraternal de hermandad sujetos todos a Cristo. Haciendo esto, coherederos de la gracia, tendremos de parte de Dios la enorme bendición de ser confirmado en fin de nuestro destino: Tener más conocimiento acerca de Él; saber que nuestra esperanza radica en estar con ÉL eternamente al dejar este cuerpo mortal, teniendo riquezas por reclamar según nuestras obras espirituales hechas durante nuestra estancia aquí, mediante el ejercicio del poder del Espíritu dado para cumplir tales obras en el nombre de Jesucristo.


Como referencia el apóstol Pablo pone a Cristo y Dios en la resurrección: el poder de Dios se manifestó cuando resucitó a Cristo, quitándole todo vestigio de carne, restaurando su perfecta divinidad, exaltándole a lo sumo concediéndole el sentarse a Su derecha y además, tener la potestad de regir sobre todo lo hecho por Dios: la creación y lo espiritual.


¡Aleluya! Hablando humanamente, nuestro Señor sí tiene influencia con Dios. Es su Hijo, es su heredero y es un rey poderosísimo en funciones. Luego al Señor Jesús le plació darnos un poco de tantas honras, privilegios y poderes que ostenta al crearnos como parte del cuerpo de su novia, próxima esposa: su iglesia. El, al igual que su Padre tiene el poder de crear y así lo hizo. La iglesia como tal, en su localidad es una extensión de semejante poder, pero gracias a que muchos duermen, se entretienen en mundanidades este poder se diluye. No se ejerce.


Como comentamos anteriormente, parte del gozo de Cristo radica en que ejerzamos este poder, pues la iglesia, cuando está íntimamente apegada al nuevo pacto y se concentra en seguir y obedecer los mandamientos de Jesucristo, tiene todo bajo sus pies (la extensión del poder de Jesucristo aquí en la tierra): es una visualización de cómo llena Cristo a todos en todo.


En Jesucristo amados hermanos estamos completos. No nos falta vida, ni gracia, ni salud espiritual; tampoco nos falta misericordia, amor, esperanza o fe; por tanto, no nos faltarán obras espirituales, ni testimonio, pruebas y la vida eterna.


Nuestro amado Pastor, el Señor Jesucristo tiene poder, influencia y preferencia en todo por todo y para todo. Así que ¿por qué tememos? ¡Prosigamos confiados, valerosos y seguros! Pues mientras nos afiancemos en Cristo, nos renunciamos a la banalidad de la carne y lo fatuo del mundo, nuestro poder aumentará y seremos eso vasos de gloria que él espera.


Si nuestra base es él, no hay nada que temer. Si no lo es, entonces hay un grave problema, pero la solución es sencilla: corregir el rumbo y voltear sin mirar a atrás hacia donde está Cristo, que a nadie discrimina.


Hermanos: mensajes esperanzadores, vivificantes como estos no los da nadie, más que Cristo. Todas las recompensas que las religiones dan son terrenales y ninguna asegura la eternidad. Solo Cristo promete y cumple aquí en esta vida y en la venidera, así que estamos en el camino correcto y no dejemos nadie robe nuestro galardón.


La paz, gracia y esperanza de nuestro Señor Jesucristo no mermen nunca, amén. Dejamos como fundamento Efesios 1: 15 al 23.


15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

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