Editorial 277
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- 30 jul 2019
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La terquedad de Jonás
Amados de Dios y Cristo, el Cordero Inmolado: paz y gracia del Señor Jesús sea en todos ustedes, pequeños y grandes en el Señor.
Cuando éramos niños (en la fe y los que nacieron dentro de ella, también de infantes) se estilaba -y creo aún se estila- que las famosas (y no escriturales, por cierto) escuelitas bíblicas dominicales para niños, adolescentes y jóvenes nos relataban asombrosas historias de los antiguos israelitas a modo de cuento, leyendas o historias de súper héroes.
Incluso cantos y coritos referentes a éstos y más: Abraham, Jacob, José, Moisés, los jueces, Samuel, David, Isaías, etcétera, lo cotidiano era rezarlos religiosamente (debiendo creerse con fe), declamar versículos como si fuera un concurso de oratoria -que dejaremos esta crítica para próxima ocasión- eran solo algunas actividades.
Uno de estos personajes antiguos es Jonás con su casi inverosímil relato de estar dentro de una ballena (cuando la escritura menciona es un gran pez, pero no dice cuál) por tres días y tres noches para ser enviado a predicar a Nínive.
Nos enfocamos en lo “fantástico” y milagroso del relato, pero no echamos de ver en su desempeño respecto a Jehová. Por principio de cuentas, Dios le tuvo extrema paciencia a un ser por demás codependiente, holgazán, terco, soberbio, condenador, prejuicioso, envidioso, impaciente, desobediente, contestón, tan solo por mencionar algunas actitudes mostradas hacia Dios.
¿No le parecen conocidas dichas actitudes? ¿Las haya recibido de alguien que se dice ser cristiano o hermano? Mejor aún ¿recuerda usted las mostró fulgurosas ante su prójimo y más ante los de la fe? ¿Verdad que no es para nada placentero?
La misión de Jonás fue muy sencilla. Obedecer la Voluntad de Dios dispuesta para él: Dar un acicate al cada vez más pecador pueblo de Israel. La obra de Dios era muy sencilla: mostrar su poder a su pueblo para convencerlos una vez más de su misericordia.
El medio: Nínive, una ciudad fastuosa, importante e influyente en la región durante esos días, competencia de Egipto, Jerusalén y Atenas. La acción: predicar ahí para que la ciudad se arrepintiese de sus pecados (¡vaya milagro de nuestro Dios y Padre!) y llamar la atención de Israel. Dios tiene pueblo en todos lados y eligió Nínive para tomar esas almas para sí.
Pero no: surgieron las malas acciones de Jonás desfilando como modelos en pasarela, oponiéndose a Dios (y podremos ver que muchos creyentes son exactamente iguales ahora con Cristo) y a su obra de salvación.
Tiene que trabajar de más el Señor para que Jonás al fin obedezca y una vez haciéndolo, Dios le provee una calabaza para ver dónde estaba el corazón de Jonás. Dado que puso todo su corazón y contentamiento en la planta en lugar de Dios, la destruyó provocando de nuevo la ira y el reclamo de este personaje hacia Dios, que es testimonio y advertencia de cómo realmente somos para Él cuando no nos dejamos llevar por el Espíritu.
Dios, aun en su inmensa piedad, le contesta que cómo puede reclamar algo que no sembró, labró y cosechó, sino que le fue dado por Dios. La calabaza en nosotros ahora es el poder del Espíritu Santo, regalo ahora de parte de Cristo por voluntad de Dios y que es menester, cuidar, cosechar y obtener frutos de éste. Caso contrario, al contristarse dura cosa es regresar al estado anterior.
El punto amados hermanos, es que debemos aprender a no ser como Jonás. Debemos ser obedientes en todo, por amor a Cristo. Mas ahora que sabemos, informados somos que esto es parte de cuidar nuestra salvación (por enésima vez, no se pierde, pero se desperdicia).
Lo opuesto a Jonás es Jesucristo. Por tanto, cualquiera que se diga mensajero o enviado de Cristo o Dios, deberá observar el testimonio de Jesucristo en él; caso contrario, un Jonás más que será desenmascarado, por no ser obediente de corazón, sino un interesado mal obrero.
Servidos en este aspecto están, amados hermanos. Ahora bien, la razón por la cual Jonás es vuelto a nombrarse en los evangelios, es para convencer al pueblo que Dios ya era y son evidencia en contra de ellos por su rebeldía, porque Nínive halló la gracia que ellos despreciaron y juzgará al pueblo rebelde.
Para nosotros es solamente cuidar nuestra acción. No podemos engañar a Dios así debemos guardarnos y ser fieles, obedientes y honestos con él.
Paz y gracia del Señor Jesucristo y, además, mucha obediencia les sean añadidas creyentes y hermanos en la fe, amén.

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