Editorial 278
- Cuerpo Editorial

- 9 ago 2019
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La tristeza
Amados y pequeños en Jesucristo, el poderoso Hijo de Dios y Señor nuestro sea enormemente en ustedes, una de las muchas manadas pequeñas asentadas en este planeta les saluda. Paz, amor y gracia de Jesucristo sean amplios en ustedes, amén.
Dentro del extenso menú de sentimientos y emociones tenemos algunos tan sonados como el amor, la ira, el odio, la indiferencia, etcétera, dentro de los cuales tenemos ahora un pequeño espacio para la tristeza.
Ese sentir fue también experimentado por nuestro amado Pastor cuando estuvo viviendo en esta tierra, siendo versículos poderosos: “laméntese el hombre de su pecado” y “bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados” los cuales dan referencia a su permisividad de parte de Dios.
Estar en la fe no es siempre exclusivo el reír, sino también de vez en cuando llorar, estar tristes sin que esto tampoco sea algo común. Algunas pruebas pueden orillarnos a eso, pero sepamos que el Señor es consciente y si alguien de sus hijos se quiebra o sufre, Él restaura y consuela y cura porque si no se llora, ¿cómo se puede consolar?
No es que el Señor quiera lloremos, sino que a veces la carne es débil, aunque el Espíritu es fuerte. Como humanos frágiles una pérdida, una renunciación, un hasta aquí, un ya no más, un adiós, etcétera duelen en extremo. Esto es parte de la construcción de la fortaleza: la perfección y resistencia a momentos dolorosos para soportar y ayudar a los que están en proceso de ser fortalecidos.
El proceso del templado del acero no es algo grato. Fundir (romper el estado sólido metálico para hacerlo un líquido viscoso y fulgurante) y hacer aleaciones (unir dos sustancias para que el resultado sea una materia mucho más durable, resistente y poderosa) es necesario para que podamos admirar rascacielos, grúas, estructuras de navíos, presas, aviones, entre otros objetos visibles.
El Señor y Dios, como Herrero supremo, amolda nuestras vidas a través de pruebas y sufrimientos, para que la escoria inmersa en nosotros (pecado, vieja criatura, tentaciones) se separe de nuestra alma y esta alma purificada pueda Dios paulatinamente asociarla con los frutos del Espíritu, las bienaventuranzas, los ministerios de Cristo o bien su testimonio ante el mundo para que, a su debido tiempo una vez solidificados seamos capaces de realizar Sus obras hechas para nosotros: Unos los lingotes, otros martillos, otros clavos, otros cadenas, otros poleas, otros vías, otros sujetadores, por decir tan solo algunos artículos tan útiles para construir.
Entonces amados hermanos, sabemos que si nos vemos precisados en estar tristes, tengamos el poder de sentirla, meditarla, asimilarla, aceptarla, superarla y dejarla atrás porque Cristo es gozo, paz y victoria. La tristeza es algo transitoria y a algunos les toma más tiempo que a otros, pero a todos el Señor Jesús enjugará nuestras lágrimas, silenciará nuestro llanto, sacará nuestra añoranza, eliminará nuestra melancolía cuando terminen las pruebas y sobre todo, cuando seamos bienvenidos al paraíso que nos espera al terminar nuestra jornada laboral de testimonio, poder, amor y fe en esta tierra. Amén
Que el gozo, el consuelo, el mensaje de paz y amor de nuestro Señor Jesús nunca les falte amados lectores, amén.

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