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Editorial 279

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 18 ago 2019
  • 2 Min. de lectura

¿Por qué Dios valora la obediencia?

Amados hermanos en Jesucristo, gracia y paz en Jesucristo les sean añadidas en extremo, amén.


Desde pequeños, hemos siempre sido avisados que tenemos que guardar un hábito, valor costumbre, obligación o acción denominada: obediencia.


Obedecer a nuestros padres, obedecer a los maestros y tutores, obedecer a los adultos, obedecer a los mayores, obedecer a los hermanos mayores, obedecer a los jefes y dueños, obedecer al marido, obedecer a las autoridades políticas, gubernamentales, policíacas, militares, obedecer a los ancianos, a quienes ejercen el pastorado, etcétera.


Todo este cúmulo de acciones encaminadas para obedecer a Dios, a Cristo (hablo a los de la fe, no al mundo). ¿Pero para qué sujetarnos, para qué rendir la voluntad, el orgullo, el ser, el intelecto, la conciencia y el ánimo hacia otra persona, para luego hacer lo mismo para con Dios?


Porque obedecer no es un acto de humillación, imposición, obligación o conquista como el diablo quiere hacer ver o aparentar (luego viene la rebeldía como antítesis de la obediencia que ya describió en un post anterior), sino es un estado temporal de enseñanza y aprendizaje preestablecido por Dios para toda criatura. Luego vemos al mundo animal, incluido el vegetal también dentro de este concepto.


La obediencia es un estado crítico, vital precioso en el cual toda criatura debe y tiene que prestar atención a lo que el sujeto a quien obedece hace, dice, enseña, demuestra, muestra, ejemplifica, capacita. Es menester -e incluso el mismo Señor cataloga esta noble acción como justa- obedecer cuando sea el tiempo de hacerlo. No tenemos poder de alterar ni el tiempo ni el espacio para tal cosa.


Por eso, quienes cumplen cabalmente con esta ordenanza para con los hombres, automáticamente lo hacen para Dios y Cristo, puesto que la misma escritura nos hace razonar con la siguiente cuestión: si no amamos lo que vemos ¿cómo amaremos a quien no vemos? Aquí la fe y el amor facilitan la tarea de obedecer a las autoridades físicas.


Amados de Dios y de Cristo: Obedezcamos en todo. Debemos ser humildes, tener fe suficiente y amor en abundancia para que el enemigo no trastorne nuestras estrategias de victoria al obedecer los mandamientos de Cristo en nuestras vidas. En querer hacer la voluntad de Dios en este tiempo actual.


La recompensa es grande: larga vida, irnos bien y obviamente ser justos delante de Dios lo que nos catapulta como hijos de amplia gracia para con el Padre y tener las mejores chanzas de lograr nuestro galardón de vencedores.

La paz y gracia del Señor Jesucristo sea plena en ustedes hermandad espiritual de Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro esparcida en toda la tierra, amén.





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