Editorial 280
- Cuerpo Editorial

- 18 ago 2019
- 3 Min. de lectura

La paz como elemento básico en el evangelio de Cristo
Amados hermanos y lectores unidos, ustedes y nosotros en torno al amor de Jesucristo Señor nuestro y Salvador de nuestras almas: que su paz y gracia nunca falten sino por el contrario prevalezcan abundantes en torno a Cristo, la manada pequeña asentada en valle del noreste mexicano les saluda y ama, amén.
Siempre que hablamos de Dios decimos que es de amor, misericordia, justicia, poder, etcétera, pero otra es que es un Dios de paz. La paz, amados, es un estado divino, establecido por Dios donde alma, cuerpo y mente están unidos, fluyendo y siendo uno solo.
La paz para Dios es un momento sublime, supremo porque permite toda célula en toda criatura creada sanar, alimentarse, crecer y fortalecerse en desarrollo consistente. No por nada dormimos y descansamos en paz. La paz es vida, es equilibrio, restauración. La paz es el mejor momento donde el cuerpo ejecuta, el corazón es pleno en sinceridad y ánimo y la mente se encuentra su máximo nivel de uso.
Por eso amados hermanos, el evangelio de Cristo es paz, (¡Claro! Los necios podrán decir que Jesús dijo que vendría a traer espada y división) pero esta consigna se refiere a la división y pugna que tiene Cristo mismo con su adversario y con el mundo ¡No nosotros! Nosotros somos seres a convencer al mundo de la paz que da Cristo.
Dios no es Dios de guerra -y de nuevo los indoctos dirán ¿Y Jehová de los Ejércitos es mentira? ¡No! Sino que en aquellos tiempos Dios debía tratar con un pueblo rebelde y necio y mediante la dura disciplina bélica era como ellos regresaban, son un pueblo insatisfecho de venganza, un pueblo que mató la paz y amó la guerra- porque el Padre aún tuvo que enviar a su Hijo a la muerte en rescate de muchos.
Si Dios fuese un ente espiritual de guerra, a partir del momento de padecer y atestiguar muerte de Cristo en un abrir y cerrar de ojos hubiese raído todo de un tajo… Y no sucedió así. Dios mismo detuvo su justicia y poder con tal de rescatarnos a nosotros, la cúspide de su creación.
Hablando en términos ahora económicos, si un gobierno estimula el bajar las tasas de interés para evitar recesiones cuando su actividad comercial sufre un déficit, ¿por qué Dios hizo lo mismo al poner a su Hijo Amado como un simple mortal desprovisto de todo poder? Precisamente para estimular la gestión de vida entre su tesoro devaluado por el pecado, muerte y rebeldía, es decir, revaluar al género humano.
Y la ejecución de la paz en nuestra vida es precisamente el valor nuestro como acciones de Dios en esta tierra. No es correcto seamos contenciosos, discriminadores, agresivos, petulantes, contestones ni nada de eso porque nos devalúa, nos hace ser inversiones que pierden valor y corremos el riesgo de no ser más considerados que invierta el Señor en nosotros, antes bien, retirarnos del mercado cambiario con más pena que gloria.
De modo que hermanos, en tiempos de recesión mundial, debemos ser el oro que active los mercados, la paz de Jesucristo es ese oro que reactiva a todo creyente, a toda oveja que oyendo su voz destella y hace la diferencia al ir en contra del mundo y sus opiniones erróneas y locas.
La paz de Cristo hermanos es lo que debemos intercambiarnos de corazón en cada saludo o visita porque esto es bueno y apreciado delante del Padre, no el falso y hueco “Dios te bendiga” o peor aun, el DTB.
Terminamos este editorial señalando que entre más paz tengamos, más protección de parte del Padre tendremos, porque así quiere el que estemos siempre, felices en Cristo, gozosos por el Espíritu y promotores de la paz.
Que la paz y entendimiento de Cristo sean abundantes en ustedes hermanos, Cristo viene pronto por su iglesia, amén.




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