Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra lo
- Cuerpo Editorial

- 18 ago 2019
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Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes
Amados hermanos y creyentes del Señor Jesús en toda la tierra, paz y gracia de Cristo, sea en su vida, amén.
Con este número concluye la muy ilustrativa y ejemplificadora carta que escribió el apóstol Pablo a la iglesia radicada en Éfeso con copia certificada a nosotros por el Espíritu Santo. Hermanos, el apóstol a través de estos mensajes trata de enseñarnos a mejorar nuestra conducta delante del Padre, mediante el testimonio de amor, obediencia, fe y soporte.
De ninguna manera practicar el evangelio resulta ser fácil para el hombre natural. Es el Espíritu con la voluntad dispuesta el dúo dinámico para realizar tal proeza para Dios. Somos débiles por naturaleza en virtud de haber caído de su gracia primera al inicio de los tiempos.
Aunque, a pesar de eso, Dios nos provee de su fuerza y poder para seguir adelante en el camino que es Jesucristo hacia la eternidad. Y lo que justamente aclara el capítulo sexto y último en su segunda parte es que ninguna carne es la autora intelectual de los pleitos, asechanzas, molestias, confrontaciones que tenemos en ciertas situaciones, sino entes espirituales malignas, seguidoras del príncipe de este mundo.
Y nosotros al ser carne, seguido olvidamos esta parte y vemos a la persona o personas que son meramente objetos de deshonra, usados por este enemigo que no vemos, pero existe para ser enjuiciado por su crimen de haber torcido la perfección de Dios, entre otros delitos.
Nuestro fundamento es amor, fe, obediencia, pero ahora es también agregar resistencia y defensa adecuadas para repeler estos ataques descritos como el día malo.

No podemos interpretar el concepto de la armadura de Dios como instrumento de ataque y conquista, dado que ya el Señor Jesús aclaró que su reino no es de este mundo.
De manera que, como ya es necesario ponerlo de forma más visual colocamos como sigue: primero, estar firmes, es decir, que la armadura no sea talla más grande que afloje y talla más chica que no entre, sino en la medida justa, provista por Dios.
Además de vestirla nuestro recital motivador (como los himnos nacionales) debe ser la oración y súplica continuas por el espíritu rogando por nosotros y todos en general, además de los siervos en ministerio Pablo de modo que siga teniendo la gracia de Dios y el poder de Jesucristo de hablar las buenas nuevas a los enviados con denuedo, según lo establecido por Dios.
Ya en la parte final, como en toda carta, el hermano Pablo da instrucciones y consejos (como debe ser nuestro hablar escrito y verbal al despedirnos, aconsejarnos según lo que el Espíritu nos dé) y sella esta carta como nosotros también con una despedida de amor, con anhelos espirituales que se cumplan para el gozo de los destinatarios y la paz de los que los envían. El fundamento es Efesios 6:10 al 23.
Así pues, Que el amor y la fortaleza de Dios Padre en Cristo crezcan en ustedes amados hermanos, amén.
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar. 21 Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor, 22 el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones. 23 Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. 24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.




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