Editorial 281
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- 1 sept 2019
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Si mi país no fuese tan idólatra… ¡pero aun así Dios nos da gracia!
Amados hermanos en la fe del Señor Jesucristo dispersos en toda la tierra, desde Alaska hasta la Tierra de Fuego, desde Anchorage hasta Río de Janeiro; desde Lisboa hasta Vladivostok. Desde San Petersburgo hasta Ciudad del Cabo, Singapur y Nagercoil y a toda isla o archipiélago y el continente austral y sur, desiertos y polos a los extremos, donde haya al menos un creyente: Paz, amor, conocimiento y gracia del Señor Jesucristo a todos ustedes. Que nunca les falte la comunión con nuestro poderoso Señor, el Rey de Reyes y Señor de Señores: Jesucristo el Hijo de Dios, amén.
Creyentes y ovejas: todos hemos tenido anhelos y deseos que todos los miembros de nuestra familia, todos nuestros conciudadanos y paisanos sean arrebatados para Dios y Cristo en más de una ocasión.
Vemos con mucha tristeza cómo muchos pierden su tiempo en placeres, costumbres, idolatrías, pecaminosidades, cuando deberían presurosos ver el único camino hacia Dios que es Cristo. Creyendo genuinamente en él, tiempo fuera nuestras naciones no sufrieran el justo embate del castigo por su necedad e idolatría, quitando a Dios para adorar a otras cosas creadas.
Dios es amor, por ese amor, mientras haya creyentes en cada nación Dios no las exterminará por amor a nosotros y por nuestra continua oración por los nuestros. Eso es lo que impide que los últimos tiempos lleguen aún.
El hombre en su torpeza pretende adelantarse a los hechos vociferando acerca de los alcances de la contaminación, el calentamiento global, los annunakis, las teorías de conspiración, el planeta X con el asteroide Ajenjo, la tercera guerra mundial, el mega terremoto que habrá de venir, el despertar de volcanes como Krakatoa, Vesubio, Santa Elena y Popocatépetl con sus debidos temblores como señales del fin.
Pero tengamos paz. El hombre jamás destruirá la tierra por más que se empeñe. Primero porque estamos nosotros aquí como testimonio de Jesucristo y mientras esto pase, almas por salvarse serán salvas hasta completar el número de los redimidos. Cuando eso pase entonces sí seremos arrebatados para reinar con Jesucristo MIL AÑOS, luego, los eventos apocalípticos. De manera que, todavía falta y los fatalistas dicen que no duraremos más allá del 2050 o 2100.
Los cálculos no salen. El hombre es mentiroso, es idólatra. Adora lo que sea y a quien sea y eso será su perdición: no reconocer a Jesucristo como el enviado de Dios. Por eso debemos rogar haya hermanos predicando en todas las naciones para salvaguardar su oportunidad de creer en Jesucristo como el Hijo de Dios. Y debemos tener amor en rogar por la misericordia de Dios pero también por el advenimiento de Cristo, para que no haya duda que tiempo hay y hubo, pero que algunos no quieren aprovechar.
Debemos pues, no dejar en rogar por nuestras naciones y autoridades, que el enemigo no estorbe la obra evangelizadora de Cristo, nuestra carne no nos debilite en ser testimonio y seamos perfeccionados en el Espíritu.
Dios creó a las naciones, pero ahora espera vengan a sus pies y reconozcan que Jesucristo es su Hijo, su Enviado. Nunca ha pedido ritos o costumbres. Solo creer con fe, pero ¡Ah, si mi país no fuese tan idólatra!
Dejamos en manos de nuestro Dios y Padre este asunto, para que no seamos tentados a desfallecer y sí guardemos nuestro corazón en Cristo Jesús, Señor nuestro, amén.

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