Editorial 286
- Cuerpo Editorial

- 29 sept 2019
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La templanza como medio eficaz de resistir
Amados de Dios y Cristo, glorificado sea el Santo nombre del Señor en su vida. Bendiciones de amor, fe y esperanza que nuestra vida sigue después de esta por dádiva de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, saludos.
Dentro del cúmulo de códigos conductuales que el Espíritu nos pone como medio de supervivencia mientras transitamos por este mundo, existe uno que es una herramienta muy útil para lograr esto, mientras recorremos el Camino llamado Cristo y Cristo se forma en nosotros.
Es la templanza. Como recién vimos en la carta escrita a los gálatas en el capítulo 5 y versículo 23 describe que contra el dúo de mansedumbre y templanza -entre otras cosas- “no hay ley”.
¿Qué quiere decir esto? Que su ejecución no depende del hombre ni está sometida o condicionada a algo. Es una de las características de los que andamos en el Espíritu que nos diferencia de los que andan en la carne o distraídos.
De acuerdo con la etimología de la palabra, que viene del latín, se relaciona con la sobriedad o moderación de la manifestación del carácter. Es decir, autocontrol de las emociones ante los eventos externos, dando a cada situación la cantidad adecuada de sentimiento sin perder el estribo de los dichos, conductas o manifestaciones propias ante dichas situaciones.
El propósito de su práctica es evitar daños, dificultades e inconvenientes. Además, concede controlar todo tipo de pasión, vicio e impulsos frente a seducciones de los deseos, placeres o instintos, sea de la clase que fueren. Para ejecutarla es requerido poseer buen juicio, prudencia, discernimiento, precaución y sabiduría.
De manera que, amados hermanos, para no ser presa constante de nuestros pecados, el viejo hombre y las tentaciones propias de la vida, es necesario nos perfeccionemos en esta característica que, reforzada por el poder del Espíritu Santo, nos evitará muchos yerros.
Pero claro, también debemos tener presente que las experiencias que tengamos son todas para aprendizaje, aún los yerros y caídas. Si habremos de caer, en el Señor pediremos fortaleza y con fe la próxima vez cuidaremos no volver a caer en lo mismo. Es un proceso en el cual con obediencia, amor y fe se logrará salir adelante amados hermanos.
Tenemos el ejemplo de nuestro Señor Jesús aquí en la tierra. Supo controlar sus instintos humanos, supo hacer rendir su carne ante nuestro Padre, sojuzgándola y entregándola al sacrifico perfecto. Por el Espíritu, supo evitar las tentaciones en el desierto y los dichos tentadores acerca de ver por su propia vida. Y amados del Señor, para la carne es imposible no velar por sus intereses.
Por eso es que no podemos hacer nada en la carne ni por la carne, sino la templanza debe ser forjada y mejorada por el Espíritu Santo con fe para que la obra sea perfecta. De otro modo seríamos unos simples ascetas soberbios.
Que la paz y gracia del Señor Jesucristo y su conocimiento sean plenos en ustedes amados hermanos, el cuerpo editorial del blog les externa un ósculo santo, un amoroso saludo hasta donde llegue a ser leído este mensaje de esperanza en la fe que es en Cristo Jesús, Señor nuestro, amén.

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