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Editorial 289

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 24 oct 2019
  • 2 Min. de lectura

Los cuervos de Dios.

Que la paz y gracia del Señor Jesucristo esté en ustedes amados hermanos en Cristo. A través de los tiempos, nuestro amado Padre siempre ha tenido cuidado de sus siervos en los tiempos antiguos y ahora, en los tiempos de la dispensación por Cristo no es para menos.


Al fin y al cabo, siendo el Creador de los cielos y la tierra y el dueño de toda alma y carne viviente demuestra su misericordia a todos proveyendo acciones inesperadas con las cuales se traduce su ayuda celestial a los que le invocan y guardan sus mandamientos.


A saber, cuando los judíos iban a conquistar Jericó, una ramera y su familia fueron los ayudadores de los espías y por esta acción pudieron tomar dicha ciudad. En los tiempos de Cristo, fueron enviados por él los setenta a realizar una acción de testimonio y fe y por su obediencia la misma gente a la que fueron enviados se encargó de proveerles lo necesario. Del mismo modo, cuando los discípulos fueron enviados a conseguir el salón para celebrar la Cena del Señor Jesucristo, obedeciendo solo aseguraron el lugar dispuesto.


Y así, los colaboradores de Dios en la actualidad nos vemos precisados en recibir ayuda de extraños, personas comisionadas para realizar una obra específicamente de auxilio para permitirnos salir de una situación embarazosa, difícil o desconocida.


A estos seres se les conoce como los cuervos de Dios. Dios, a través de los tiempos tiene personas diseñadas para el auxilio en el mundo de nosotros, sus hijos. Dado que el mismo Dios nos pide que salgamos, que renunciemos, que no nos contaminemos por medio de seguir los pasos y el evangelio de Cristo, a cambio de obedecerle con fe, existen estos seres que luego el Señor, si así lo desea los salva y prepara a otros que los sustituyan en estar en el mundo para solventar nuestras necesidades dentro del sistema mundial (gobierno, burocracia, medicina, asesoría, educación, cultura, etcétera).


De esta manera, continuamos estando sin mancha porque otros hacen el trabajo para y por nosotros; mientras nosotros glorificamos a Dios por sus misericordias de enviar a alguien en nuestra necesidad. Este tipo de maravillas de nuestro Padre nadie se la reconoce, lamentablemente muchos se llenan de soberbia pensando que son algo para merecer trato preferencial. Es la misericordia de nuestro Dios y Padre del Señor Jesucristo quien nos da la mano para cumplir su palabra.


Él siempre es fiel. Él nunca nos dejará solos, en la noche oscura o en día de prueba. Ni Dios ni Cristo nos desampararán. Por eso amados hermanos, la renunciación no es vacía ni tampoco es imposible, debemos aprender a confiar más en él, en nuestro Señor Jesús.


Que la paz y gracia de nuestro Señor Jesús estén rebosantes en ustedes amados hermanos, amén.

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