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Editorial 291

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 10 nov 2019
  • 2 Min. de lectura

¿Juzgar o criticar?

Amados hermanos en la fe, creyentes y colegas de profesión espiritual, la paz y el amor de nuestro Señor Jesucristo sean plenos en ustedes, guardados ustedes y nosotros por la gracia de nuestro Padre Celestial en su gloria, y que nos sella aparte de la fe con su Espíritu Santo, amén.


Como ya se habló en un tema anterior, como individuos tenemos un testimonio qué dar y cuidar ante los hombres para Cristo. No tanto porque ellos sean importantes, sino porque es parte de una predicación efectiva: con el ejemplo que Cristo realmente se forma en nosotros y no una pantomima, como el resto de las religiones y sectas hacen.


Pero el hecho de guardar el testimonio de estar con todos en paz, no implica que permanezcamos callados ante situaciones en las que el Espíritu nos hace intervenir, a saber:

-Cuando alguien comienza a hablar desordenadamente, hay que callarlo

-Cuando alguien hace una pregunta y uno es llevado a responder

-Cuando alguien toma partido en una situación espiritual y se hace división, hay que ordenar

-Cuando el Espíritu motiva a uno a declarar o afirmar cosas con propósitos espirituales


Si bien no nos es concedido el poder de salvar o condenar, está claro que sí podremos juzgar las acciones del mundo, entes u organizaciones, además el accionar de las personas en general, como buenas o malas; en contra o a favor de Dios y Cristo; acercarse o alejarse; creer o no creer en tal o cual situación; etcétera, en virtud que estos acontecimientos hacen la diferencia entre seguir firmes o bien caer en desviaciones.


Por eso debemos ser astutos como serpientes, para no ser presas ingenuas de vientos de doctrinas, movimientos humanos o filosofías estériles para lo que a Dios compete. Además, mansos como ovejas, dado que sencillos, humildes y discretos apartarnos de todo lo malo para no llamar la atención del mundo y ser sujetos a escrutinio debilitador.


Amados, usemos el poder conferido por nuestro Señor Jesucristo como individuos, pero también como iglesia para salir adelante en estos tiempos de cambios, seguir firmes y procurar nuestro crecimiento espiritual.


Amor, fe y gracia de nuestro Señor Jesucristo sean plenos, crezcan en ustedes y así como nosotros amados hermanos, hijos todos por la salvación de Cristo, amén.

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