Porque en él habita toda la plenitud de la Deidad.
- Cuerpo Editorial

- 10 nov 2019
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Pequeños y santos del Señor congregados en cada rincón del planeta conforme a su voluntad, en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro, amén: amor y paz, conocimiento sean agregados a su haber para que fortalecidos seamos más agradables y tendamos a la perfección que nuestro Padre desea ver en nosotros por medio de Cristo, amén.
En este segundo capítulo de la carta a los colosenses, a partir del octavo versículo hasta el final del mismo, el apóstol Pablo nos convence de la verdad, en cuanto a la supremacía de Cristo sobre toda la creación y sobre todo lo creado, siendo nuestro Padre lo único sobre él.
Ya en el número anterior lo predefinió, mas ahora se vuelca en lo específico, porque tanto el hombre como el adversario, la serpiente antigua, tratan de tergiversar el mensaje de vida con torpes mandamientos. Comenzamos:
Ya en el versículo 8 define por el Espíritu lo que no es sana doctrina de Jesucristo como filosofías y huecas sutilezas, y todo esto fuera de Cristo no es ni existe y no debe ser en nuestro comportamiento como hijos espirituales de Dios. CRISTO ES LA ESENCIA MISMA DE LA DEIDAD: Es decir que cualquier cosa que Jesucristo diga o determine Dios estará de acuerdo sin objeción. Solamente la obediencia y sujeción a Cristo permite que conozcamos este misterio, porque él es el único que puede circuncidarnos con la circuncisión espiritual con la que Dios espera quitemos todo lazo con lo terrenal para enfocarnos en lo espiritual.
En cuanto lo actual, también habla de un bautismo, la sumersión total en agua en el pleno uso de las facultades mentales de quien se sumerge y no impuesto, cuyo significado como ya sabemos es nuestra muerte al mundo y la resurrección pronta a una nueva vida espiritual para el Padre. Esto representa un simbolismo de lo que sucederá en el día postrero cuando después de morir la carne físicamente, resucitaremos en nuestra corporeidad espiritual.
Por si lo anterior fuera poco, especifica que el perdón de los pecados es total, automático y simultáneo: desde el primero hasta el último clavando el acta acusatoria nuestra que los enumera en la cruz por medio de la carne, su carne en aquel día en el Calvario. Arrancó de su poder estas actas y los dejó exhibidos como buscadores del mal de la humanidad ante Dios, ante los propios hombres y entre ellos mismos.
Así que, nosotros, ya libres de toda sentencia de muerte, exonerados, exculpados y reinsertados en la sociedad como hijos espirituales no debemos de nuevo caer presos en las mismas cadenas que el mundo nos tuvo antes: las religiosidades, estatutos, tradiciones, mandamientos humanos y demoníacos que buscan meternos en la cárcel de leudas, derrota, debilidad y amargura.
Nuestro mejor premio de parte de Cristo (aparte de obviamente la salvación y vida eterna) es la libertad. El apóstol Pablo nos ordena no perderla por dedicarnos a guardar y observar cosas vanas (menciona él aspectos de comida y bebida, pero en este siglo y el venidero hay más cosas que el hombre complica y usa para tratar de debilitar a los creyentes) que no se someten a la cabeza, es decir, Cristo y evitar crezcamos conforme a nuestro Dios.
Finaliza este poderoso e instructivo mensaje con una serie de cuestionamientos retóricos, en los que el apóstol nos hace reflexionar acerca de que si sabemos que el mundo es opuesto a Dios por qué voluntaria o ingenuamente regresamos a lo que nos tenía apresados. No que todos lo hagamos, sino que alguna vez lo hicimos y todos eventualmente lo haremos puesto que es una enseñanza de vida para probar la fortaleza de nuestra fe.
Privarse de cosas humanamente, mediante la negación constante con el cerebro, el corazón y las fuerzas corporales, podrá ser encomiable, plausible, admirable; más para Dios es un vano intento. Porque Dios sabe que el hombre es débil, y el hombre en sus propias fuerzas, por más que pregone, diga, asegure, alegue puede y quiere, Dios lo prende en su mentira, autoengaño e hipocresía. Si no es pronto será luego, pero la caída del hombre de sus propios rudimentos está asegurada.
Solamente la fe en Jesucristo puede sortear esto, porque como el mismo Señor Jesucristo declaró, pidió y le fue concedido mientras todavía estaba en la carne: “Señor, de los que me des, no pierda yo ninguno”. De modo que así, nuestro amado Salvador en plena prueba de soportar el dolor y pena de estar en la carne, sabiamente se aseguró que nosotros no pudiéramos perdernos en esa misma lucha que ahora sostenemos. ¡Amén!
Dejamos el fundamento expuesto a continuación, la segunda parte del capítulo dos de Colosenses, versículos ocho al veintitrés.
El amor, la fe, la obediencia a Cristo nos sea a todos aumentada, para que aspiremos a comprender y aplicar bien estos preceptos, para ser santos de Dios en este andar por este mundo en esta tierra. Paz y gracia de Cristo Jesús, Señor nuestro, esté en su espíritu, amén.
8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. 11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. 13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. 16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, 19 y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. 20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

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