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Editorial 292

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 24 nov 2019
  • 5 Min. de lectura

Las cinco idolatrías ¡Dentro de la iglesia de Cristo!

Amados hermanos en Jesucristo, la paz y gracia, pero, además, sabiduría de lo Alto les sean colmadas en estos tiempos, amén. Que el amor del Padre sea pleno y que se afiancen en seguir las indicaciones del Espíritu Santo para guardarnos del mundo.


En estos tiempos a finales de la década del 2011-2020 notamos hay mucho libertinaje en todos los aspectos. Cosas que nunca pensaríamos fuesen ya son en realidad. Actitudes, leyes, maneras, pensamientos, etcétera. Incluso ufanos muchos se burlan de la fallida babilonia con sus imágenes labradas, otras religiones con figurines se les desprecia emotivamente.


Piensan muchos que idolatría es solamente un fetiche de adoración hacia una figura alusiva a un “ser divino” y la iglesia de Cristo es inmune a eso. Pero la realidad hermanos, no es así. Muchos creyentes en verdad superaron una primera fase, mas la idolatría está inmersa en las venas de la carne y ahora es más difícil detectarla y erradicarla porque sutilmente se ha adentrado y engaña todavía a muchos hermanos y por eso espiritualmente no crecen.


Sin darse cuenta, adoran objetos como si ellos mismos fuesen la fuente misma de la revelación, el poder, el respaldo de Dios para nosotros. Y no seremos condescendientes, sino mansos, pero sinceros en este tema. Como a adultos hablamos para no herir sensibilidades y sí despertar conciencias. Como a hermanos menores hablamos, porque hasta este punto es necesario dejemos ser niños para ser adultos en Cristo en cuanto a la observancia de sus mandamientos. En este número los expondremos. En los siguientes el Espíritu Santo nos revelará palabra para explicar el cómo salir de esas trampas espirituales.


El primer objeto idolátrico detectado dentro de las congregaciones es la figura del “Pastor” o “Pastora”. Muchos creen que ellos son seres inmaculados, sin pecado, puros, expiadores de pecado en clara rebeldía y confrontación al mismísimo Señor Jesucristo. Los verdaderos pastores son un grupo (nunca un solo individuo varón) que atiende las necesidades de la congregación en cuanto a vigilancia, supervisión y cuidado doctrinal de la aplicación en la vida de los creyentes de la sana doctrina de Jesucristo en su interior. Pero entre que ellos se llenan de soberbia y usurpan e inventan funciones de nuestro Poderoso Salvador, arrastran congregaciones enteras a un error grave. Es totalmente incorrecto llamar “pastor en singular” ya no lo hagas. Los pastores no enseñan ese ministerio lo realizan los maestros.


El segundo objeto idolátrico es la necedad de tener un lugar físico al cual llamar “Iglesia” o “Templo de Dios”. Iglesia es el cuerpo de Cristo, por definición espiritual es algo invisible que se hace visible cuando nos congregamos en torno a Cristo para ser edificados. Cuando los hermanos nos juntamos en unidad para cumplir este mandamiento. La casa de Dios somos todos y cada uno los que creemos, confesamos y damos testimonio que Jesucristo es el Hijo de Dios. Es decir, el corazón de cada creyente es por definición espiritual el templo de Dios. De manera que, la edificación es absolutamente nada, simplemente un lugar de reunión.


El tercer objeto idolátrico es al libro impreso con agregados. Seremos muy puntuales aquí. Bendito sea el Padre nos haya concedido tener un manual de referencia físico donde podamos leer su palabra, pero muchos adoran al libro forrándolo, cuidándolo, pero lo dejan cerrado, lo abren y tratan de leerlo, pero no entienden y lo traen cargando como si eso fuera una obra para Dios. La revelación se da con la lectura en humildad y dentro del marco del Espíritu Santo. Pero los que prefieren leer al antiguo pacto que al nuevo son los que prefieren comer alimentos viejos congelados e insípidos en lugar de alimentos frescos y recién preparados. Lo nuevo es Cristo, lo necesario para ser salvos es Jesucristo en nuestras vidas. Lo demás sale sobrando. El nuevo testamento es la biblia verdadera, sin demeritar la otra, pero es historia pasada y ajena: un fundamento que no nos pertenece ni en tiempo ni en forma.


El cuarto objeto idolátrico es convivir humanamente como amigos, como miembros de un club social. Adorar ser conocidos y unos a otros mostrarse sus galas, sus virtudes demeritando al prójimo cual pasarela de modas y actitudes. La congregación de hermanos es profesarnos amor, profesarnos las bendiciones de Dios en Cristo dados en la semana o a diario, es ver los unos por los otros solícitos en ayudarnos mutuamente en humildad y sencillez: Dar testimonio del crecimiento de Dios en nuestras vidas. No ser adoradores de sí mismos y usar el tiempo de Cristo para tal efecto de exhibir soberbia. La congregación está definida por el Padre como sigue: “Mirad cuán bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”. Y, además, Cristo manda decir: “¿Qué hay pues hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” entre otras cosas que ya se han hablado.


El quinto, pero no menos importante y tampoco último objeto idolátrico es aplicar el modelo judaico, maldecido y rechazado por Jesucristo mismo al interior de su iglesia. Sobran ejemplos de personas que, cegadas por su afán de agradar al hombre más que a Dios, devoran casas de viudas, dejan en miseria a los pobres, haciendo creer a la grey que tener un lugar de adoración, la procuración de diezmos que no son diezmos sino extorsiones, guardar costumbres ajenas a nuestra cultura gentil y modo de vida espiritual. Jesucristo rompió (una vez más lo escribimos) todo lazo con la religión judaica y con el estado político de gobierno israelita al maldecir a la higuera llamándola estéril. A partir de ahí Jesucristo mismo moldea a su iglesia, la nueva forma de agradarle a él, la nueva manera de agradar al Padre, la nueva y única manera en ser salvos. Leyendo, veremos que nada de los mandamientos de Jesucristo están relacionados a la religión y política de ese pueblo rebelde. Jesucristo no tiene reino en este mundo. Vendrá a reinar en su segunda venida por mil años, pero hasta entonces no tiene una nación física que diga alguien “esto es el reino de Cristo”.

Hay más, pero con estos cinco son más que suficientes por ahora. Hay doctrinas que también están aferradas, mas es necesario leer todos los números anteriores para que puedan ilustrarse en el Señor en cuanto a éstos tópicos. Por lo pronto, terminamos este extenso pero necesario editorial para abarcar cada objeto religioso por separado. A partir de aquí, quien quiera vencer en Jesucristo deberá renunciarse a adorar estos nuevos tipos de Baal.


La paz, amor y conocimiento de Jesucristo sea plenos en ustedes amados, hermanos, amén.

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