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Vestíos pues como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia de benignidad, de h

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 24 nov 2019
  • 3 Min. de lectura

Amados hermanos en Jesucristo: Gracia, amor y paz sean extendidas en gran manera a ustedes, amén.


Comenzamos el tercer capítulo de la carta a los Colosenses con una recomendación escrita por el apóstol a nosotros los creyentes: “buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios”. En estos tiempos, la iglesia y los creyentes hemos sido absorbidos en ocasiones por asuntos seculares. Lo cual es permisible, en cuanto a nuestro testimonio y cumplimiento de los deberes sociales. Pero en la congregación no debe ser así.


Debemos entender que, de todo, demos a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios. Esto incluye nuestro tiempo de meditación y práctica, siendo que entre más crezcamos más renunciemos al mundo y sus placeres y distracciones.


El apóstol nos recuerda que cuando Cristo se manifieste nosotros lo haremos también, pero antes debemos dejar lo de abajo y describe algunos ejemplos de cosas que debemos dejar de hacer: Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia, comparadas con idolatría. Las anteriores fueron practicadas en el pasado, pero ahora tenemos revelación y no forman más parte de nosotros. También hay que dejar de lado la ira, el enojo, la malicia, la blasfema y palabras deshonestas de nuestra boca, así como también el evitar mentirnos.


El Espíritu nos declara que el nuevo hombre tiene otras características que se van renovando desde una imagen del que lo creó hasta el conocimiento pleno en un entorno de libertad y soberanía de lo terrenal y mundano.


Por eso está escrito el título. Despojarnos de los harapos mugrosos de la carne y vestirnos apropiadamente como los elegidos de Dios (esto lo digo espiritualmente hablando) cuyos atuendos son: santidad, misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportarnos y perdonarnos unos a otros. Mas el mejor atuendo de lo anterior es el amor, como el vínculo perfecto.


Y no solo vestirnos, sino también guardarnos en la paz de Dios en el corazón, siendo agradecidos. La forma de hacerlo es mediante guardar la palabra de Cristo en nosotros a través de la mutua enseñanza y exhortación en sabiduría. También recomienda el apóstol, cantar con gracia salmos, himnos y cánticos espirituales con el corazón antes que instrumentos que hemos visto con suma decepción cómo se pelean por falsos ministerios de alabanza. Pero se hablará con más detalle en los editoriales próximos.


Cierra esta primera parte con una frase poderosa que debemos practicar a cada instante de ser posible: “y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”. ¡AMÉN! Haciendo esto amados hermanos, viviremos mucho más apegados a lo que Cristo quiere en nosotros.


Dejamos como evidencia y fundamento lo redactado en Colosenses 3: 1-17.


La paz y gracia del Señor Jesús sobreabunde en ustedes amados hermanos, amén.


Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. La vida antigua y la nueva 5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; 6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, 7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. 8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. 12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

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