Y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y a esperar de l
- Cuerpo Editorial

- 24 nov 2019
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Amados hermanos y creyentes en la fe. Saludamos con alegría y esperanza a ustedes, esperamos en el Señor fervorosamente sean edificados en amor como edificio grato a los ojos de nuestro Creador, ahora Padre espiritual a través de la salvación dada por Cristo Jesús, Señor nuestro.
Comenzamos este número en la primera carta que el apóstol Pablo escribió a los hermanos en Cristo que radicaban en Tesalónica, ciudad griega que hasta hoy permanece. Además, un fraternal saludo a la manada del Señor Jesús que todavía guarda su testimonio ahí en nuestros tiempos.
Pues bien, como en toda carta, el Espíritu nos reafirma que los autores de todo escrito que hable la sana doctrina, sí o sí deben confesar escriben de parte del Señor para edificación de la grey. Otra entrada fuera de esta es vanidad y debe ser desechada. Además confesar el poderío, la gracia, el poder, la majestad de nuestro Padre.
El Espíritu en su primer capítulo relata el buen testimonio, la adultez espiritual en cuanto a ser solícitos, amorosos unos con otros. Concede a Pablo especificar la iglesia en esta localidad las virtudes espirituales de: “… la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo”. Fe, esperanza y amor. Eso amados hermanos es el verdadero propósito de nuestra existencia en este mundo.
Esto es lo que el Señor Jesús querrá expresar cuando estemos en su tribunal en los postreros días, exaltar la obediencia, el ejercicio de sus mandamientos y el cumplimiento de sus vencedores en todas las épocas de la iglesia, desde la primera hasta la séptima.
Continúa el apóstol diciendo: “pues nuestro evangelio no llegó en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros”. Algunos hermanos creyeron por el poder del mensaje dado, otros caen por el poder de un milagro de sanación y otros fuimos elegidos por el milagro de salvación de la vida en esta tierra. Aunque todos creemos, hay unos que son más activos y otros que son para el Señor más reservados. Lo importantes es que, mientras no neguemos al Señor y desechemos su salvación estamos seguros.
Luego el apóstol refiere que según el modo en que somos salvados es nuestra naturaleza, los que en paz son salvados así reflejan su testimonio, los que por valor arrebatan el reino, así de esa manera lucharán en la propagación del evangelio, y los que fuimos salvados por mano de Dios de la muerte, lo haremos sin miedo a nada. Este es el ejemplo de los tesalonicenses de aquella época. Con gallardía y valor no escatimaron en mostrar el poder, el amor y la fe en Cristo que en las regiones aledañas y aun rivales como Macedonia y Acaya fuesen informados como punta de lanza que debemos ser entes activos en el testimonio de Jesucristo.
Y como comentamos en los editoriales uno de los pilares de engaño más fuerte en la humanidad es la idolatría, la cual ellos no temieron en dejar atrás sus vanas maneras de vivir, sino que, además, convinieron en testificar a Jesucristo como el Hijo de Dios, el Salvador de la Humanidad quien nos libra de la ira venidera y es por eso que tampoco el Espíritu Santo escatimó en asegurarnos que así como ellos honraron el Santo Nombre de Jesucristo, Señor Nuestro en sus días, ahora hasta el fin de la iglesia el testimonio de ellos sea recordado como ejemplo a todos los espíritus de la iglesia de cómo debemos ser como cuerpo de Cristo.
Tanto es el amor por Cristo por nosotros, su iglesia, sus pequeñitos, que cuando damos testimonio se asegura sepamos le complacemos. Si un jefe, un patrón, un líder, un mandatario nos reconoce algo y con eso nos sentimos en la gloria ¿Qué no podríamos sentir cuando el Señor Jesús mismo nos reconozca algo bien hecho como halago? Dejamos como fundamento, el primer capítulo de la primera carta escrita a estos admirables hermanos que ya gozan de las mieles del Señor en su paraíso, amén. La paz y gracia del Señor Jesús, sea plena en ustedes, amén.
1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
2 Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones,
3 acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
4 Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección;
5 pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.
6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,
7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.
8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;
9 porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,
10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

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