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Porque ¿Cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona que me gloríe? ¿No lo sois vosotros delante de n

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 dic 2019
  • 2 Min. de lectura

Amados hermanos, paz, gracia y conocimiento en Cristo sean a ustedes en total magnitud, conforme a su necesidad, por la venia y misericordia de nuestro amado Padre Celestial a nosotros en este tiempo, casi fin de la segunda década de este siglo.


Gloria damos a Dios, porque nos ha concedido ser parte de sus atalayas donde promulgamos el evangelio de nuestro Señor Jesucristo a todo ojo que tenga acceso a la red, tenga conocimientos de nuestro idioma castellano suficiente y, además, busque afanosamente ser saciado(a) de esa sed que solo Jesucristo puede satisfacer con agua de vida eterna.


Hermanos, estos últimos versículos del capítulo 2 de la primera carta a los Tesalonicenses constituye a nosotros un bálsamo que refleja el fin de nuestra tarea al predicar, anunciar, escribir las verdades de Dios por medio de Cristo a todos: ver a todos los alcanzados en la eternidad con Jesucristo, todos a una alabando a nuestro Padre Celestial en un futuro próximo.


Este es el verdadero fin, ayudar a completar el número de los redimidos por medio del testimonio a todos los escuchas en nuestro radio de acción mientras estemos aquí. Para nada es engrosar estadísticas personales como fama, dinero, imagen, cantidad de seguidores, aduladores, recursos materiales, riqueza, presencia mediática.


Si uno realmente quiere tener una gloria, una honra como colaborador de Dios aquí en la tierra es esta: No estorbes la obra salvadora de nuestro Padre con tu ego; déjate tú, quien dices ser apóstol, predicador, evangelista guiar por el Espíritu Santo, si es que mora dentro de ti para que éste hable y convenza de la verdad a tus oyentes. No olvides que somos polvo al servicio de Cristo. Somos siervos inútiles que solo hacemos lo que nos toca hacer en tiempo y forma. Somos soldados defensores de la fe; reyes que dominan con el poder del Espíritu Santo; embajadores de la patria celestial, representantes de Cristo en esta tierra; sacerdotes que mostramos a otros a cómo purificarse ante nuestro Padre y nuestro Señor Jesucristo.


Esa es nuestra gloria: ayudar a completar el número de los conciudadanos que estaremos en la Patria Celestial. Dejamos el fundamento escritural en el capítulo 2 de los versículos 17 al 20. Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sean en ustedes, sabiendo que nada de lo tocante a nuestra fe es en vano. Amén.


17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó. 19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.

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