Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre
- Cuerpo Editorial

- 23 dic 2019
- 4 Min. de lectura

Amados de Dios, de Cristo y nuestros por el amor que Dios nos ha dado así los hacemos copartícipes de este sentimiento celestial ustedes del mismo, sabedores, que nosotros somos sus hijos por la gracia concedida mediante el sacrificio en la cruz del calvario: gracia y paz a ustedes desde donde estén en el nombre precioso de nuestro Señor Jesucristo, amén.
En esta ocasión, continuamos con la oda de amor entre hermanos gestado por Pablo y sus colaboradores a los ejemplares hermanos en Tesalónica y éstos corresponden de la misma manera a ellos, siendo esta carta un acicate en nuestros días que debemos prevalecer en el amor, así como ellos lo hicieron.
Hermanos, muchas veces cometemos el error esperado, pero no aceptable de querernos llenar de doctrina, misterios, conocimientos, milagros, etcétera y olvidamos el mejor testimonio de todos: el amor fraternal. No por nada el Espíritu tuvo a bien dejar esta carta plasmada, porque no hay más doctrina que aplicar el amor con hechos, sustentarlo con la fe y remachar la fe con la esperanza, para luego confirmarla de nuevo con el amor. Este círculo perfecto que Dios ha dispuesto para nosotros, a través del evangelio de Jesucristo es lo que debe ocuparnos.
No es llenar el ojo, el vientre, el alma. Es saciar a nuestra nueva criatura espiritual del agua y pan de vida en Cristo para que ésta haga las buenas obras que el Padre ya puso de antemano; mientras la vieja criatura egoísta fenezca en la cruz.
Entrando en materia, el apóstol nos relata cómo tuvo el gran deseo de saber del estado anímico, pero sobre eso, la estatura espiritual y el testimonio de Cristo en ellos, además claro que confirmarles estaban saliendo de las penurias de sus tribulaciones, mediante el envío de Timoteo a Tesalónica.
Grata fue la noticia que los hermanos dieron mucho testimonio agradable al Señor, al Espíritu y a Timoteo, y ellos tuvieron la certeza que Pablo, a pesar de todo lo padecido, estaba con vida y más convencido del camino de Cristo.
En ambos sentidos, amados hermanos, era sumo gozo saber los unos de los otros. No vemos cosas banales o terrenales sino la riqueza del conocimiento y práctica de los mandamientos de Cristo.
El temor del apóstol Pablo no era su prueba, ni los azotes, ni siquiera perder su propia vida: era que el trabajo hecho en predicar y dar testimonio a los tesalonicenses fuese en vano, cosa que no sucedió y retomó bríos para ansiar volver a verlos una vez más cara a cara.
La prueba de fe de los tesalonicenses no era dejar la idolatría ni el paganismo, como tampoco renunciar a su vana manera de vivir, sino más bien enterarse que alguna cosa aconteciese a Pablo y sus colaboradores y partiesen de este mundo sin despedirse, cosa que no ocurrió y ellos se fortalecieron todavía más en Cristo para volverle a ver.
Amados hermanos, este capítulo 3 no es más doctrina que el mismísimo Espíritu Santo nos dicta cómo es el verdadero amor entre hermanos. No fingido, no interesado, no de un rato. Y es que el fin de todo colaborador de Dios en promulgar las buenas nuevas dichas por nuestro amado Señor Jesús es precisamente el título de este tema.
Pero antes de presumir credenciales y talentos espirituales, el mejor referente es el amor abundante para todos los creyentes de ida y vuelta. Si no hay amor, como ya se vio, lo demás es en vano.
Jesucristo en esencia predica el amor de Dios que ahora busca ser el Padre del Hombre. Cristo también desea expresar su amor a los que Dios le envía para que nos enseñe. ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo: amarnos los unos a los otros?
Estando firmes en el amor fraternal, seremos irreprensibles, nuestro corazón estará afirmado en Cristo y tendremos galardón en la segunda venida de nuestro amado Señor Jesús. ¡Amén!
Dejamos el capítulo tres de la primera carta a los tesalonicenses a su consideración como sustento de este tema. Que la paz y gracia, más una vez más, el sincero amor de Cristo en ustedes y nosotros, estén plenos y seamos hallados obedientes y en gracia de lo Alto, amén.
Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. 4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. 5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano. 6 Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, 7 por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe; 8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, 10 orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe? 11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. 12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, 13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.




Comentarios