Así que el que desecha esto, no desecha al hombre sino a Dios.
- Cuerpo Editorial

- 29 dic 2019
- 3 Min. de lectura

Amados en el Señor Jesucristo, hijos e hijas de Dios por misericordia del Padre Celestial: paz, gracia conocimiento y el amor fraternal se les añada enormemente, lo pedimos desde esta pequeña congregación en el noreste de México, amén.
Iniciamos este número en la primera parte del capítulo 4 de la primera carta escrita por nuestro hermano Pablo a los hermanos establecidos en la ciudad estado griega de Tesalónica, en la actual Europa. Se inicia de esta manera -haciendo énfasis en la posición geográfica de esta congregación- porque el apóstol Pablo, por medio del Espíritu Santo en él escribe palabras específicas a ellos, propias de esta carta.
Esta sección primera del capítulo cuarto más que doctrina, es una explicación y además provee el por qué son necesarios ciertos sacrificios para enriquecer nuestra experiencia en CRISTO a cambio de lo anterior. A saber, a cambio de la santificación dada por Dios pide en canje apartarse de:

Luego, como sello espiritual el apóstol advierte (a pesar del amor entrañable que se tienen, debe ser franco y sincero en esto, pues asunto vital delante de Dios es) que “quien desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
Y, de hecho, inmediatamente, como un halago espiritual hacia ellos, les recuerda él está consciente del amor fraternal profesado.
Sin embargo, también les pide no dormirse en sus laureles y procurar más el amor fraternal, pero además, atender sus propios trabajos, empresas y asuntos (es decir, guardar un equilibrio espiritual, de dar al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios), dado que el apóstol Pablo infiere que por ser desprendidos y desapegados del mundo luego se desatiendan las cuestiones del trabajo secular, para generar el pan de cada día, otro mandamiento divino que debemos observar.
En Cristo Jesús, amados hermanos, mientras no tengamos un llamamiento especial de Jesucristo para dejar todo e ir en pos de él en apostolado o evangelismo, es menester trabajemos con los dones dados por Dios en cuanto a oficio o profesión, como se establece en el versículo 12 “a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada”. A trabajar hermanos, por testimonio. No podemos ser carga a nadie, mientras dependa de nosotros “por Cristo”, sabiendo que podemos arreglárnoslas.
Dejamos los versículos 1 al 12, como base de lo expuesto anteriormente. La paz, gracia y prudencia en Cristo Jesús, Señor nuestro les sean colmados amados hermanos, amén.
4 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 2 Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; 3 pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; 5 no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; 6 que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. 7 Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. 8 Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo. 9 Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; 10 y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más; 11 y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, 12 a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.

Comentarios