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Editorial 297

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 29 dic 2019
  • 2 Min. de lectura

Un hermano hace mucho tiempo nos compartió una analogía de la oración. Un padre de familia parte al extranjero dejando a cuatros hijos a quienes pidió que no dejaran de escribirle para conocer sus necesidades y saber cómo les iba en sus actividades.


Pasado algún tiempo, el mayor de sus hijos próximo a graduarse de estudios superiores, le envió una misiva explicándole sus planes para cuando terminara su carrera y los diferentes conocimientos adquiridos. El padre se mostró contento de los avances de su hijo mayor.


Casi al mismo tiempo el segundo hijo le escribió una carta comunicando la elección de su carrera, sus dudas e incertidumbres, el atisbo a la vida universitaria en la cual esperaba salir adelante y le quedaba claro la importancia de seguir su ejemplo. El padre satisfecho vio los progresos de su hijo.


Un día después recibió un sobre que contenía una hoja de su hijo adolescente que le expresaba sus temores y a la vez dejaba ver el gusto de las actividades propias de su edad. El padre no podía más que admirarse de su valor para enfrentarse a la vida.


Junto a esa comunicación había otra hoja que le pertenecía a su hijo pequeño de kínder con borrones y mal escrito, con algunos garabatos y la palabra PAPA seguido de la frase: “te quiero mucho”. El padre no pudo contener las lágrimas de ver como su pequeño hijo obedecía su mandato y con su inocencia le hacía conocer su profundo amor.


La enseñanza hermanos, consiste en que no importa cómo intentes hablar con Dios por medio del Señor Jesucristo. El Padre valora en demasía que te acerques con el amor de un hijo, él sabe nuestras necesidades y está pronto a resolverlas, solo espera que le reconozcas y te acerques como un hijo por la fe en Jesucristo. En la etapa inicial de nuestra vida hay una sobre protección espiritual donde nadie podrá ofenderte o dañarte, ya que el Padre está en el cuidado y protección de tu vida espiritual.


Hay hermanos maduros que con el conocimiento más profundo del Señor Jesucristo ya tienen formado su estructura y pueden realizar obras para el Señor Jesucristo, el conocimiento es progresivo y solo hay que esperar en que fluctúe el amor entre los hermanos para poder crecer en la obra del Señor Jesús.








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