Carta abierta las iglesias de Cristo en Hispanoamérica
- Cuerpo Editorial

- 12 ene 2020
- 4 Min. de lectura

La gracia, amor, misericordia y fe del Señor Jesucristo les sean añadidas en gran manera a todos ustedes hermanos en la fe a nuestro Salvador, el Mesías prometido que vino y cumplió la voluntad del Padre, amén.
Hemos decidido los participantes de este blog escribir una carta, en atención a los asuntos que nos involucra a todos como creyentes de Cristo para dar un buen testimonio que el Padre, como Dios, desea el hombre viva en paz y en búsqueda de una reconciliación con Él para concederle una sanidad y salvación eternas creyendo el evangelio predicado por nuestro Señor Jesucristo.
A los hermanos de Latinoamérica: todos compartimos un inicio similar en cuanto al origen moderno de nuestras naciones. Provenimos de la unión de varios pueblos originarios con la entonces potencia española, puesto que este plan así lo concedió el Padre Celestial y ha concedido sea este castellano la lengua común que nos une, pero lo que además constituye un mejor lazo, es la misma fe profesada hacia nuestro Señor Jesucristo.
Todas las naciones de habla hispana en el orbe americano, además del reino en Europa tenemos muchas asignaturas que como Iglesia debemos cumplir. Uno de los mandamientos dejados por el Señor Jesucristo es que debemos someternos ante toda autoridad puesto que son asignadas a cada nación en todos los niveles por nuestro Dios y Padre, conforme a Tito 3:1.
Sin embargo, la autoridad es un ente manipulado por hombres y éstos a su vez por sus propios deseos, además de las obras destructoras del adversario para estorbar toda buena obra de parte de Dios a la humanidad. Por eso mismo, nosotros como iglesia establecida en cada territorio tenemos una responsabilidad compartida de rogar al Padre por un equilibrio que sirva a los propósitos de evangelización libre, eficaz y basada en la sana doctrina de Cristo.
No es afán de Dios tener una nación favorita aquí en la tierra, porque mejor patria que la suya en los cielos no hay. Aunque, mientras seamos representantes suyos en este mundo, sí podemos pedir las autoridades puestas por Él no caigan presa de los encantos que el poder, la fama e influencia que dan los reinos de este mundo entorpezcan sus intenciones iniciales y básicas: premiar a quien hace el bien y castigar a quien hace el mal. Todo lo anterior en el nombre del Señor Jesucristo.
Desde México hasta Argentina, España, Guinea Ecuatorial, regiones en Sahara, Estados Unidos, Filipinas, islas y territorios como Puerto Rico tenemos muchos desafíos qué afrontar. Unas naciones requieren de una estabilidad social, otras, paz; algunas más, bendición; también libertad; otras más, hermanos apóstoles y evangelistas; algunas, sanidad; población; empleo; educación; alimentación; recursos básicos; por mencionar ciertas cosas que a simple vista pueden percibirse.
La iglesia de Jesucristo en cada nación debe estar consciente qué necesita esa nación para estar en paz con nuestro Dios, porque, aunque Dios ama al hombre porque es creación suya -y por eso sigue vigente el tiempo de la visitación a toda carne humana crea en las palabras de Cristo- también es cierto no tolera el pecado y la afrenta de no creer en Cristo.
A eso nos referimos, somos responsables de cuidar los intereses de nuestro Padre en tales territorios y si las naciones son golpeadas por diferentes desmanes causados por el hombre es porque obedece al cumplimiento de las profecías en algunos casos, por una disciplina por estorbar la obra de Cristo en otros casos y porque la iglesia misma ha perdido el rumbo de ver las cosas de abajo y no persistir en velar y orar.
Sabemos la vorágine ideológica en México que ha tenido repercusiones en dividir en posturas a familias, violencia y pobreza en algunas regiones.
Además, el rezago histórico en todos los aspectos de Centroamérica, donde además lo pequeño de su economía dificulta una bonanza sustancial en los diferentes pueblos congregados aquí.
Las islas como Puerto Rico, República Dominicana, Cuba: olvidadas y confrontadas con los embates de la naturaleza, ignominia de sus autoridades y estar también limitadas de espacio tienen también cosas no pocas por resolver.
Sudamérica: un caldo de diversas corrientes en todos los aspectos que desde siempre activan caídas de gobiernos, levantamiento de otros, enemistades vecinales de tiempo que evitan el perdón sane heridas, injerencias extranjeras etcétera.
España: un reino que ahora sufre división interna, muchos problemas que aquejan y empobrecen a su población, como en general de las otras regiones.
La misericordia de Dios está siempre renovándose a diario. Tenemos que, mediante oración, ruego, ayuno, pedir sea aumentada para que al menos nosotros mantengamos una honesta manera de vivir y no permitamos el nombre de nuestro Dios sea denostado por mal testimonio nuestro.
Así, todos somos encargados de pedir una cobertura de Dios en la conciencia de nuestras autoridades en todos los niveles para que el amor, la fe, la paciencia generen buenas obras, milagros de lo Alto. No dejemos esta gestión poderosa por vanidades. Cristo mismo trabajó por edificar su iglesia y nosotros estamos para mantener este trabajo vigente, hasta que el número de redimidos sea cumplido.
Esperamos y tenemos confianza y fe en el Señor que esta petición hacia ustedes, no menguada sino fortalecida para honra y gloria de nuestro Señor Jesucristo. El amor y gracia del Señor Jesucristo sea en ustedes amados creyentes y lectores, amén.

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