Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan
- Cuerpo Editorial

- 13 ene 2020
- 4 Min. de lectura

Amados de Cristo y nuestro Padre Celestial: amor, paz y misericordia sean a ustedes que nos leen desde su lugar de origen: paz y salud en Cristo, Señor nuestro amén.
Iniciamos el tercer centenar de ejemplares dando una sincera y humilde alabanza a nuestro Dios y sobre todo Padre Espiritual: el Creador de los cielos y la tierra nos haya concedido caer a los pies de nuestro Señor Jesucristo para servirle de esta manera: escribir letras que profesen su fe, su doctrina, su evangelio a quienes saben y quienes no y desean saber.
Es el Señor Jesucristo, a través del Espíritu Santo, quien ha dado su permisión hagamos esto, mediante la recopilación de experiencia, renunciación, fe, amor, paciencia y esperanza ser útiles a sus propósitos, todo esto en el marco del tiempo; sabedores que las sazones de los tiempos que les fueron negados a los entonces discípulos, después apóstoles, han sido dadas a todos los creyentes en esta época porque así le pareció prudente a él, nuestro Salvador.
Y aprovechamos esta introducción como creyentes bajo un mismo señorío, una misma fe, una misma hermandad en torno a Jesucristo, porque así es menester que la iglesia sea unificada en torno a Cristo para permanecer fuerte ante los embates de la maldad al final de los tiempos.
La segunda carta que el hermano Pablo escribió a los hermanos residentes en Tesalónica abre con un mensaje fuerte, poderoso, esperanzador, directo a su corazón, mente y alma.
El hermano Pablo agradeció a Dios en sus primeras líneas porque le fue concedido ver cómo esta iglesia crecía en ciertos indicadores espirituales (fe, amor y paciencia) a pesar de los momentos tumultuosos en ese entonces, tal como ahora nosotros también padecemos en estos albores del 2020 y seguramente muchos congéneres en la fe harán lo propio más adelante mientras haya iglesia de Cristo en la tierra.
De modo que, atentos a lo que dice el versículo 4: “tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”, entendemos que todas las iglesias, congregaciones y hermanos dispersos o residentes habremos de padecer por retener el testimonio de nuestro Señor. No por eso, sino porque el enemigo y el mundo no quieren que el nombre de Cristo sea revelado y la gente sepa la verdad de Dios: su amor sigue vigente y anhela la reconciliación espiritual con la humanidad a través de Cristo.
Pero en el versículo 5 se lee: “Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis”. Como somos representantes de Dios y Cristo en este planeta, menester es no congeniemos con las prácticas diabólicas, humanas, mentirosas y perversas. Fieles a nuestro Padre y nuestro Señor, anunciar en dicho y en hecho las buenas nuevas, aunque esto conlleve padecimientos.
Porque promesa hay según los versos 6 y 7: “porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, ya vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder”.
Por eso nuestra fe difiere de las religiones muchas. Mientras las demás hablan de futuros inciertos, recompensas en un futuro lejano, extraño; promesas que no están escritas sino solo habladas, la nuestra tiene base escritural, hechos y recompensas perfectamente descritos, con un Ser poderoso que firma de responsable: Cristo Jesús, el Hijo de Dios.
Luego, el ocho y nueve describen el cruel y fatal destino de la decisión de quienes osan ir contra Dios, Cristo, su iglesia y su labor de propagar las buenas nuevas: “en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,”. Por esto mismo, en los evangelios el Señor Jesús nos exhortaba a no reñir con el adversario, a dejarlos ser, a aceptar el agravio, por esta promesa suya: “Mía es la venganza, yo pagaré dice el Señor”.
En el lado opuesto de este escenario, estaremos nosotros admirándole y glorificándole por su venida junto con todos los santos que conformamos la nación espiritual de Dios. Mas es necesario continuemos con la oración conjunta unos por otros para que seamos dignos de esta honra (disfrutar este privilegio con galardón asegurado) y cumplir de una vez por todas su promesa de bondad y por eso demos gracias a Cristo por esta dicha de parte de nuestro Padre y del mismo Señor Jesús.
Como bien comentamos, basamos este texto en el primer capítulo de la segunda carta a los tesalonicenses en su totalidad. La paz y gracia del Señor Jesús esté en ustedes amados, amén.
1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3 Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; 4 tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. 5 Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. 6 Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, 7 y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros). 11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12 para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Comentarios