Para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten bien atención a fábulas y
- Cuerpo Editorial

- 16 feb 2020
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Que la paz, el amor y la gracia del Señor Jesucristo esté en ustedes, amados hermanos, en donde quiera que se encuentren, el amor del Padre y sus infinitas misericordias sean inacabables y sean motivo de gozo diario en el Señor, amén.
En esta ocasión daremos inicio a la carta que el apóstol Pablo, quien por inspiración del Espíritu Santo y en conformidad con la necesidad de comunicarse con las iglesias decidió escribir una carta personal a uno de sus muchos colaboradores, el amado hermano Timoteo, voz y representante de Pablo antes las iglesias cuando el apóstol originario de Tarso no podía estar presente viajando y enunciando sus mensajes.
En la salutación, el hermano Pablo alaba y honra a la Deidad -a nuestro Padre Celestial y a nuestro Señor Jesucristo, deber ser nuestro de igual manera- y un reconocimiento de las virtudes de Timoteo, para su consolación, gozo y ánimo de seguir adelante. Dicho sea de paso, cuando entre hermanos nos halaguemos las buenas obras hechas, debemos gustosos aceptarlas y de inmediato entregarlas a nuestro Padre celestial, mediante una sincera acción de gracias y respondiendo con humildad no fingida, dado que el Señor concede demos testimonio y sea visto por muchos ojos. Aquí la soberbia y egolatría no existen.
Sin más preámbulos inicia fuerte, sincero y directo el apóstol al atender los asuntos en Éfeso, dado que, en uno de sus viajes a Macedonia fue informado del proceder de ciertas personas al interior de la congregación.
Por el Espíritu señala que, dentro de las congregaciones, está prohibido enseñar cualquier doctrina cuyo origen o fin no sea Jesucristo. Punto final. El motivo es que generan discusiones estériles y divisiones que para nada agradan a Dios. La consecuencia, son interminables estas disputas y los daños son en algunos casos irreparables por el odio que termina carcomiendo los corazones de quienes en su carne contienden.
Caso contrario en el versículo 5, donde establece su propósito: “…es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,…”. Estando sujetos al Espíritu Santo, evitaremos esto. Pero los que no, se continúa leyendo: “… de las cuales cosas, desviándose algunos, se apartaron a dicha palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman”.
Debemos ser muy cautos en observar el desempeño de estas personas que sin sujeción alguna tratan de imponer su palabra, su criterio, un estilo extraño de apropiarse de la congregación con falsos llamamientos, mentirosas profecías e ingeniosos pero fatuos engaños de ministerios; además de dichos polémicos y mediáticos que buscan sacar destajo de las divisiones. Hay que separarlos, reconvenirlos seriamente y si prosiguen, expulsarlos.
El hermano Pablo nos explica cuál es el verdadero y único sentido que debemos darle a la ley judaica, quienes somos gentiles y en general los convertidos nativos del país de Israel: “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo,…” de modo que, siendo justificados ya ante el Padre por medio del sacrificio de Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, la ley deja de ser usada sobre nosotros como referencia directa de acuse, permaneciendo aun para los que aún no creen en Cristo como Hijo de Dios.
Luego pueden cuestionar con toda lógica: “¿Luego la ley puede usarse ilegítimamente? ¿Por qué Pablo dice eso?” Precisamente por los falsos judíos, los miembros de las sinagogas de satanás y los pro judaizantes. Todos usan la ley (su espíritu, propósito, referencia, esencia) para desvirtuar, sustituir, eliminar el evangelio del Señor Jesús ¡dentro de la misma iglesia!
Ahora bien, de una buena vez por todas y de aquí nadie más moleste en este asunto, la ley existe, es vigente, regente, continua y recurrente para quienes NO CREEN en Jesucristo y el hermano Pablo resumen algunas características como sigue:
Transgresores
Desobedientes
impíos
pecadores
irreverentes
Profanos
parricidas
matricidas
Homicidas
fornicarios
sodomitas
Secuestradores
mentirosos
perjuros
Todo lo que se oponga a la sana doctrina
“…, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí ha sido encomendado.” Termina diciendo el apóstol la base de lo anterior.
Por tanto, amados lectores y hermanos, debemos escuchar este mensaje, debemos ser como Timoteo y aplicar esto en nuestras vidas. Nosotros tampoco venimos a condenar, sino a ser testimonios. No venimos a hablar de extrañas palabrerías, sino solo el nuevo pacto. No venimos a promulgar la ley, sino los mandamientos del Señor Jesucristo. No venimos a contender, sino a convencer que el único camino, quien nos justifica ante el Padre es Cristo Jesús, nuestro Señor en nuestras vidas.
La paz, el amor y el conocimiento del Señor Jesús esté en su espíritu hermanos, amén.
1 Timoteo 1:1-11
Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. Advertencia contra falsas doctrinas 3 Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 5 Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, 6 de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, 7 queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. 8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

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