Editorial 315
- Cuerpo Editorial

- 19 abr 2020
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La Circuncisión
Amados hermanos en Cristo Jesús, Señor nuestro. A él sean toda gloria, poder, magnificencia, alabanza por los siglos de los siglos, amén. Enviamos los hermanos de esta congregación, saludos, bendiciones y oraciones por nuestros lectores, dado que tenemos firme esperanza en Cristo, poderoso Hijo de Dios nos tendrá en buen recaudo. Amén.
Recientemente el hermano en Cristo Jesús quien escribe, escuchó un video en YouTube acerca de un hermano mesiánico quien, conforme a su conocimiento de muchas cosas, habló de la necesidad de circuncidarse para quedar bien, ligados, comprometidos con Jesús.
Mencionó algunas razones sobre las cuales supuestamente Cristo requiere mostremos amor y compromiso a él mutilándonos los varones el prepucio. Sin embargo, amados hermanos, ya quedó firmemente explicado a través de las cartas epistolares que la acción física de la circuncisión obedeció a un pacto que Dios en su tiempo hizo con Abraham. Así lo hizo y fue como su profecía se cumplió para dar lugar al pueblo judío.
Pero como en todas las cosas de la ley, ellos en su soberbia malinterpretaron y tergiversaron el verdadero sentido del hecho. Este mensajero mesiánico comete el mismo error. No es el hecho físico lo que nos acerca ahora a Cristo. No olvidemos el principio básico de nuestra fe: porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. 1ª Juan 5:7.
Aunque al ser uno, cada uno de ellos tiene una muy distinta función en su existencia: un propósito y una acción. El Padre, en su tiempo como Jehová Dios, hizo lo que deseó según Su voluntad con Abraham en la tierra.
Más Cristo, cuando vino a la tierra, dictó sus mandamientos, con la venia y permisión previa del Padre de ajustar los nuevos lineamientos al crear el Camino, mediante la Verdad para dar Vida, la eterna. En los evangelios y en las cartas, NUNCA se nos exige mutilar el prepucio (porque esto es la circuncisión) como mandato de Cristo, ni después de la recepción de la unción del Espíritu Santo.
Solo se mantuvo la orden directa desde la antigüedad: no idolatría, no fornicar, cero comer sangre ni ahogado.
Quien haga el acto físico creyendo es un servicio y sacrificio a Dios, el tal es sacrílego y falto de fe, porque niega la efectividad de la sangre de Cristo derramada. Un prosélito de facto de los que añoran ser sinagogas de satanás y no congregación de Cristo.
Ya el mismo Pablo mencionó en Romanos 4:10 que el acto de fe de Abraham fue cuando todavía él y los suyos eran incircuncisos y a causa de esto Dios le diferenció de esta forma. En verdad, la circuncisión fue una consecuencia, no un antecedente. Es aquí donde yerran todos estos confusos confundidores.
La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios, en concordancia con Romanos 10:17 que, dicho en otras palabras, que antes de circuncisión es fe, y antes de la fe, es creer y oír a Dios. Por tanto, la circuncisión dejó de ser algo importante para Cristo (Gálatas 5:6: porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor).
“¡Pero no! ¡No estoy de acuerdo con esto! Si somos el símil, el olivo silvestre, ¡algo debemos tener de semejanza con el pueblo de Dios!”, me dirán muchos con terrible desencanto.
Ciertamente, debido a la innata resistencia del hombre, por la dureza de su corazón ahora el Señor Jesucristo requiere ¡circuncidar el corazón! Cosa que ahora el hombre por sí mismo en vanagloria, necedad, idolatría, ignorancia ya no puede hacer.
¿Cómo circuncidar el corazón? ¿Está loco usted? Con el filo de la palabra de Dios que entra en el corazón le parte, se cree para justicia y se derrumba el prepucio espiritual que es la vieja criatura. Al oír y creer, simultáneamente se enciende la llama de la fe, el cuchillo con el cual el mismo Padre nos circuncida (Gálatas 3:5, Esto solo quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?) y nos hace no pueblo, sino hijos Suyos, cosa más grande. La espada es el Espíritu y el cuchillo es Jesucristo. Y sabe esto, tú que sigues cavilando esto. Esta circuncisión nueva trasciende al género masculino, ahora las mujeres también entran en este proceso de circuncisión, puesto que ellas, al carecer del miembro viril no podían ser circuncidadas; mas Cristo ahora las dignifica haciéndolas iguales en oportunidad de salvación, esto digo basado en Gálatas 3:28 y Colosenses 3:11 (solamente salvación, porque la mujer sigue siendo sujeta al marido en respeto a la ordenanza inquebrantable de Dios desde el Génesis) que el varón. Ya no hay excusas: cualquier ser humano es sujeto de ser salvado, si quiere creer. En esto también se cumple la libertad a la que Cristo nos llamó: la libertad individual de creer para ser salvos.
En los días actuales, aun la circuncisión física cumple con funciones médicas de tratar fimosis y otras situaciones de salud; filosóficas de dar “estética” y porque “es bueno” porque es “más higiénico”. Andar con el prepucio mutilado es por imposición, gusto, conveniencia o necesidad personal. Pero ya no es un asunto de salvación o muestra de fe a Dios, sino de sumisión a hombres perversos que cortan la libertad de decisión a los incautos, haciéndoles esclavos espirituales… ¡Que el Señor no tenga en cuenta su gran pecado! Y ¡Que sean dignos de arrepentimiento a los que en verdad busquen a Cristo! En cuanto a ciertos hacedores de maldad tengo esto: “NO PIENSES MÁS DE LO QUE ESTÁ ESCRITO”.
Después de esto confronto: ¿todavía desea circuncidarse? ¡Hágalo en el nombre del Señor Jesucristo! Pero hágalo para acallar a su confundida conciencia y no porque el Señor Jesús se lo demande. Hágalo en lo secreto por y para el Señor. No lo divulgue y espere revelación al respecto por el Espíritu Santo. Solo le advierto esto en el Señor Jesucristo por el Espíritu Santo que mora en mí: evite imponer esa carga autoimpuesta suya a otros porque gran pecado es.
Ahora cierro con esta pregunta simple: ¿Qué circuncisión tiene usted: la espiritual (en Cristo) o la física (la judía)?
La paz de nuestro amador Señor, Salvador, Maestro y Libertador Jesucristo, sea sobre todos ustedes amados lectores, amén. Saludos a todos, en la firme esperanza que el Señor Jesús estará siempre con nosotros, amén.




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