Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti
- Cuerpo Editorial

- 9 may 2020
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Amados creyentes de la fe en nuestro Señor Jesucristo: gracia, paz y sabiduría sea en su espíritu, amén.
Comenzamos con un nuevo libro, la segunda carta que el apóstol Pablo escribió por el Espíritu Santo al evangelista, hermano en Cristo, Timoteo. En esta segunda carta se ve precisado en escribirle para confirmar su ministerio con demás consejos y revelaciones importantes para expandir en sus andanzas para promulgar las nuevas.
El primer capítulo será visto en su totalidad, toda vez que el mensaje es dirigido a él y en general, a todo evangelista que se cimienta en la Roca de Salvación, nuestro Señor Jesús, para testimonio.
Luego de la salutación, el apóstol describe el amor que siente por uno de sus muchos hijos en la fe, mediante la oración (ruego y súplica) verse nuevamente para consolación del primero (Timoteo) y gozo del segundo (Pablo).
Define que la fe de Timoteo es una herencia familiar, por tanto, las familias en Cristo es menester sigan procreando más hijos espirituales de Dios para testimonio de amor, fe y esperanza. No podemos privarnos de semejante privilegio: llenar las venideras generaciones de verdaderos representantes de Dios y Cristo que habrán de dar testimonio en los nuevos y cada vez más, últimos tiempos.
Ahora bien, los siervos de Dios y los encargados de ministerios de Jesucristo no pueden amilanarse, esconderse de ser heraldos de la Verdad y testimonio vivos de nuestro Señor Jesucristo, porque escrito está: “Porque no nos ha dado Dios de espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
Tampoco negar a otros hermanos en otros ministerios: apóstoles, pastores, maestros, ancianos, diáconos, etcétera, dado que todos han sido llamados por el mismo Cristo Jesús, y uno a otros a refrendar el amor fraternal. Esto porque como el apóstol Pablo bien refiere, los de ministerio no están ahí por obras propias, sino porque es el propósito expreso de Cristo conceder tal gracia.
Lo anterior, amados hermanos, es porque en las pruebas -tentaciones, en el día malo- la fe es probada, el amor es sometido a fuego, la esperanza es refinada y la ayuda mutua más que necesaria. LAMENTABLEMENTE, muchos quienes se dicen ser de Cristo se apartan, alejan, esconden, niegan, en estas situaciones y solo queda rogar al Señor por su pronto auxilio.
Por causa del testimonio y en verdad, el hermano que escribe y que es fervoroso seguidor de Jesucristo, Señor nuestro, de fe que esta palabra es verdad, y declara para que ustedes, quienes leen, no desmayen, sino que con gozo aceptemos que a veces debemos ser dignos de vituperio para crecimiento:
Los padres (del hermano en Cristo quien escribe) que tuvieron a bien creer en Jesucristo como el Hijo de Dios, fueron alcanzados por su gracia en un pequeño pueblo. Al poco tiempo, por causa del denuedo con el cual el padre de esta familia quería compartir el amor de Cristo y la dádiva de la salvación se vio confrontado con el poder católico de este pueblo y sus autoridades. Fue él asediado y perseguido hasta su casa, apedreándolo, donde su esposa por el poder del Espíritu Santo se llenó de valor y con fuerza descomunal entre ella y su marido cerraron la puerta. Por este mismo poder, reprendió en el nombre de Jesucristo a esta turba que, así como llegó se fue, arrastrada como aves por el viento fuerte. El hermano quien escribe tenía en ese entonces 11 años, creyó con todo su corazón y junto a sus hermanos de edades cercanas doblaron rodillas con abundantes lágrimas implorando por su vida.
Esta escritura se cumplió prácticamente al nacer en la fe, amados hermanos, con gozo -comunica el hermano- que durante el asedio fue privada la familia de toda comunicación con el exterior por teléfono. Solamente por la parte de atrás unos vecinos les proveyeron (como en los tiempos de Elías) de alimentos y bebidas a escondidas.
¿Y la iglesia, se preguntarán? Brillaron por su ausencia. Solamente un par de hermanos se armaron de valor y ofrecieron a esta familia acogimiento. A estos hermanos el Señor les proveyó fortaleza años después y algunos ya disfrutan el gozo del Señor.
¿Esto nos debilitó? ¡De ninguna manera! ¡Muy por el contrario! Nos enseñó a afianzarnos en la Roca de Salvación y no confiar en el hombre, en las denominaciones o en sistemas religiosos, nos enseñó a esperar los tiempos de Dios para testificar y anunciar las buenas nuevas.
Fue esta familia, toda, arrebatada de la misma muerte por el poder del Señor Jesucristo y con el paso del tiempo nos ha dado funciones dentro de la congregación que forma esta familia en Cristo Jesús.
Y podrán preguntar con mórbida curiosidad ¿y qué fue de la congregación que se escondió, negó y no auxilió a los recién nacidos? El Señor, en su múltiple gracia y sabiduría, en su amor, misericordia y justicia, determinó una disciplina por demás muy justa, la cual nosotros nunca pedimos, y con temor y temblor nunca nos aventuramos en proferir palabras de desánimo a ellos. Los amamos y pues rogamos sean liberados de esta dura disciplina. A unos, durmió; a otros le permitió enfermedades duras; al resto, los lleva por el desierto. Esto porque el amor de muchos se enfrió y están adoctrinados en las corrientes del mundo arrastrados por cualquier viento de doctrina por no haber superado la prueba de fuego en el tiempo de su visitación.
En cuanto a esta familia, el Señor concedió cumplir la palabra que escrita está: “Por lo cual asimismo padezco esto, pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. Y continúa la bendición Suya: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús”.
Así le plació al Padre afianzarnos y glorificamos Su santo nombre todos los días de nuestra existencia. A pesar de padecer a Figelo y Hermógenes, nos concedió con los vecinos y estos hermanos valerosos, la figura de Onesíforo, quienes vieron testimonio y bueno delante de Dios, de Cristo y de nosotros, sepan ustedes de ellos, porque así hay salvación en nuestro Padre. SIEMPRE.
Rogamos misericordia para con ellos y les fue concedida. El Señor es con ellos. Esto que se cuenta amados hermanos, son los verdaderos Hechos que debemos narrar porque la escritura se sigue escribiendo en los anales de nuestro Padre, seguimos viviendo y dando testimonio. El nuevo pacto se sigue redactando. El Señor Jesús sigue estando en nosotros y, hasta que él venga, continuará el relato de estos hechos, porque esto no se acaba con Apocalipsis, sino que la revelación es progresiva y más misterios hay que revelar, por todos los hijos de Dios espirituales por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Hasta aquí el relato, el testimonio y la interpretación del hermano en Cristo quien escribe. Amados nuestros: nunca dejen que las pruebas los debiliten, sino con más fuerza, fe amor y ahínco afiáncense en el Señor. Nunca nos dejará. Queda para referencia escritural, el primer capítulo de la segunda carta escrita por Pablo al amado hermano Timoteo.
La paz, gracia y amor de Jesucristo es en ustedes como en nosotros, en nuestro espíritu, amén.
2 Timoteo 1
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2 a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. 3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, 9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. 12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 13 Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. 15 Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. 16 Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, 17 sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. 18 Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.

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