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Primera carta escrita a los hermanos establecidos en la República de Colombia

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 14 jun 2020
  • 3 Min. de lectura

Que el amor, la gracia, misericordia y consuelo estén en todos ustedes amados hermanos colombianos. Hemos sido notificados con sumo gozo han leído nuestras publicaciones y, honramos a nuestro Padre en el nombre que es sobre todo nombre, es decir, Señor Jesucristo. Bendiciones y ósculo santo enviamos desde nuestro aposento en el noreste de México. Salud y amor.


Amados hermanos, damos gracias a Cristo que en donde quiera se confiesa su santo nombre y por medio de ustedes es glorificado en aquellas latitudes tan lejanas en la tierra, pero cercanas en el Espíritu.


Sabemos que actualmente pasan por muchas vicisitudes, como en todo el globo, debido a las cuestiones de salud pública, como por las cuestiones políticas; empero es menester sepan, hermanos, que ustedes están bajo la cobertura del Padre Celestial.


Dado que ustedes son embajadores de Dios y de Cristo en aquella hermosa nación, no pueden ni deben darse el lujo de desanimarse por los entornos caóticos y raros, porque poderoso es nuestro Dios y Padre, quien da delegado todo poder, dominio y majestad a nuestro Salvador, Jesucristo, también nuestro Señor y Maestro.


Debemos advertirles en el amor de Cristo, que no se dejen llevar por vientos de doctrinas ajenas a Jesucristo, porque esto conlleva a derrota segura y a que padezcan de más. Ciertamente este mundo no es nuestro y nos aborrece, más lo anterior no es excusa para desairar al Espíritu Santo en nuestro interior.


Las hechicerías de los pueblos precolombinos, los dogmas católicos, las fábulas judaicas deben ser erradicadas de sus congregaciones para que el poder de Dios se manifieste grandemente en ustedes. Amados de Dios y Cristo, les rogamos humildemente compren del oro refinado de Cristo, ese puro e invaluable que no puede ser robado por el adversario.


No olviden primeramente establecer su fe que Jesucristo es la Roca de Salvación, el Hijo de Dios quien murió y resucitó al tercer día. No olviden que él viene pronto y debemos estar más que listos, manteniendo nuestra casa. No olviden dar amor al extranjero, apoyo al que sufre en la fe, rogar por sus vecinos hermanos en Cristo.


Asimismo, no olviden hermanos que tenemos plena autoridad de Dios que, en el nombre de Jesucristo tengamos fe y nos armemos de valor para atar toda obra impura de sus autoridades en todos los niveles. Hemos llevado nosotros años rogando por esto y por fin Dios ha escuchado nuestras oraciones, pero como el diablo no descansa tenemos que seguir rogando dado que, al fin humanos, son tentados algunos y caen.


Pero estas actividades son las que debemos hacer como congregación, todos en el mismo sentir.


Por si fuera poco, hay que practicar la Cena en el Señor Jesucristo hermanos, porque es mandamiento del Señor. Desoírlo implica rebeldía, no hacerlo como conviene conlleva a disciplina y no hacerlo es un pecado por omisión.


No dejen de orar por sus vecinos, hermanos, las rencillas del mundo no son nuestras. A nosotros nos toca dar testimonio de amor, soporte, paciencia, resiliencia. Hemos escrito a los hermanos en Venezuela previamente y pronto lo haremos con nuestros congéneres en Ecuador, pero mientras eso pase, apoyémonos unos a otros en oración, porque escrito está que la oración del justo puede mucho y, además, también dice que: habitad los hermanos juntos.


Si no lo hacemos aquí ¿Cuándo será? ¿No deseamos ser liberados ya de esta pesada carga que es la pandemia? Pero si no damos fruto como conviene a los asuntos del Señor ¿Cómo abusar de su misericordia? Si no hay obediencia, ¿cómo exigir respuesta pronta? No olvidemos que estas cosas son para el mundo y no para nosotros. Es examen de fe, dominio propio, paciencia, esperanza, amor fraternal, ayuda mutua. Muchas asignaturas las cuales este tiempo es perfecto para sacar las mejores notas espirituales.


Amados, su nación necesita de ustedes: su oración con fe para atar las obras perversas, desatar las buenas decisiones, atar las injusticias y rencillas, desatar el deseo genuino de conocer a Dios a través de Cristo y un avivamiento real en su territorio.


No pierdan más tiempo adormecidos, hermanos, sino oren sin cesar con fervor en el nombre del Señor Jesucristo y nosotros seremos testigos de este cambio. ALABADO SEA NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, AMÉN.


No acepten leuda judía, no crean falsos mensajes de fin del mundo, pidan por la paz en su territorio y no dejen que la mancilla del adversario los arrastre a luchas innecesarias.


La paz, el amor y la fortaleza del Señor Jesús esté con ustedes, amén.

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