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Los ejes en la gráfica de Dios gracias a Cristo.  Parte cuatro: Eje y.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 21 jun 2020
  • 5 Min. de lectura

Que la paz, el conocimiento y el amor de Cristo estén vigentes en ustedes, amados hermanos en Cristo Jesús Señor nuestro, amén.


Ofrecemos una disculpa antes de iniciar, si hubo una confusión respecto hacia una probable, pero entendible confusión cuando mencionaríamos al eje y, pero terminamos hablando del eje d. Bueno, es que hermanos, como dijimos en ese número, la perspectiva de nuestro Dios y Padre no son las mismas que del hombre perverso quien pretende encajonarlo en argumentos simples filosóficos como “una cosa más de la naturaleza y el destino”.


El eje y para Dios es la altura, es decir el crecimiento en Cristo. Cuando tú hermano(a) que nos lees y sabes ya no eres la misma criatura que antes. Tú, que amas y le sirves mediante la obediencia a Cristo y sus mandamientos, te dejas guiar más por el Espíritu que por tus impulsos y pensamientos humanos. Cuando efectivamente ya te bautizaste en el nombre del Señor Jesucristo y no en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo y obviamente, si celebras la cena del Señor Jesucristo conforme al nuevo pacto y no conforme a blasfemias humanas. ¡En fin!


En la escritura se leen varios versículos que hablan de crecimiento como, por ejemplo:

1ª Corintios 3:6-7: Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

Colosenses 2:19… y no asiéndose de la Cabeza (Cristo), en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

Efesios 4:16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.


Tras los cuales podemos discernir -en el Señor por medio de su Espíritu- que crecer es ir hacia arriba, desde la faz de la tierra hacia las alturas. No podemos decir hacia el cielo porque esto es un error dogmático romano. Es tener la vista sobre las cosas simples de la tierra que nos permitan observar más allá de lo que usualmente vemos.


Las riquezas espirituales de Cristo nos dan las herramientas y la manera de estar encima de todo conocimiento, doctrina, razón, inferencia, teología humana y diabólica y así, desde una altura dada por Dios, nuestra comunicación y comunión con Él esté más libre de intermitencias e interrupciones del mundo y del malo.


Hablar de altura, hermanos, es hablar de una renunciación palpable, innegable; de amor inconmensurable; de poder de fe y esperanza. Es un testimonio positivo hacia nuestra fe, de manera que aun muchos den gracias a Dios. Es ir en dirección recta, en 90 grados hacia arriba, como el eje d que es andar en Cristo, y representa aumentar la estatura para ver las cuestiones espirituales sobre las terrenales: es decir: gestión sabia de la sana doctrina; visualización de lobos, falsos maestros, apóstatas, mujercillas revoltosas en las congregaciones; fe de atar y desatar aspectos locales y nacionales, orar para sanidad y restauración; operar en la economía de Dios, esto es, ver almas dispuestas e ir por ellas. Por si fuera poco, gestionar la política de Dios mediante la obediencia y aplicación de los mandamientos del Señor Jesús en los aspectos de su vida.


No podemos hablar de altura si nos preocupa: el qué dirán, cuánto dinero voy a obtener, si no salgo en las redes sociales, si hay pocas personas o muchas, si salgo o no en las menciones o créditos, si los arreglos musicales no son como ya ensayamos, si hay o no templo o lugar santísimo, si habrá suficiente diezmo, si procuramos galletitas en lugar de pan sin levadura o jugo de uva en lugar de vino de uva, si al pastor le pueda ofender o no, si habrá gente pobre mandarlos a la segunda hora, si hay ricos a la primera hora; si hay modo de lucrar o no política o económicamente con entes mundanos, si se asocia o no con sectas y religiones del diablo “por la paz común”, si se injerta o no el modelo judaico en el mover de la iglesia; etcétera, etcétera, etcétera…


Ir tras estos argumentos es precisamente ir en dirección opuesta, hacia abajo, hacia la tierra. Implica un deseo voluntario de esconderse ante Dios, así como Adán; negarse a disfrutar de la libertad a la que Dios nos llama, así como la generación israelita muerta en el desierto por dudar de la promesa de la nueva tierra; ir a la muerte así como Judas cuando cambió a su Maestro por 30 piezas de plata; extraviarse en el error como Ananías y Safira, cuando creyeron lucrar de una acción por medio de mentir al Espíritu Santo; ser desechados como colaboradores en activo como el mago quien creyó podría comprar al Espíritu Santo, entre otros hechos. Esto es ir en dirección opuesta hacia las cosas de arriba, las espirituales.


Por eso, amados hermanos, ya una vez entendiendo lo básico de Dios (eje x), creer en Jesucristo (eje d) y prepararse fundamentándose en la sana doctrina (eje z), sigue ahora la obra majestuosa de Dios: llevarnos por el eje y, exclusivo de Él y Su Voluntad.


A partir de aquí el hombre ni tiene más injerencia, porque lo último donde el Señor concede al hombre participar es en los primeros tres ejes del conocimiento pleno de Él. El eje y es el primero donde Dios nos mueve por donde a Él le plazca, aunque ya los primeros tres (x, d, z) deben tener una magnitud mínima mayor a cero.


¿Y cuál es este punto mínimo del cual refiero? ¡La pregunta del millón! La respuesta es -amado, lector y creyente- dada por Dios. Sólo Él sabe a partir de cuál magnitud crecemos en la cuarta dimensión espiritual. Como sólo Él da el crecimiento, uno sabría porque uno ya está consciente que es el Espíritu Santo quien rige nuestras vidas. Mientras esto no pase, aquellos autonombrados “alguien” son impostores y bufones

Ahora bien, podrá alguien intentar justificar y confundir diciendo: “pero entonces en esta cuarta dimensión (x, d, z, y) puedo yo estar fluctuando entre positivos y negativos, como el cálculo permite tener en diferentes estudios y tratados ¿verdad?”. No, no funciona así. Para Dios todo es perfecto, empiezas desde cero y de ahí se forma, eje por eje en ese orden, tu ubicación en el plano dimensional de Dios, mas siempre hacia lo de Él, lo positivo. Una vez que andes en Cristo no hay marcha atrás y la misión es siempre ir hacia adelante, de otro modo: ¿para qué preocuparse? Por eso para nosotros la advertencia es “el que tenga oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” porque nuestro andar es por el oír en fe a Cristo Jesús.


La paz, el entendimiento y el crecimiento de Dios, a través de amar y obedecer al Señor Jesús, estén vigentes en ustedes amados lectores, amén. Amor y salud en Cristo hermanos, amén.




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