Editorial 327
- Cuerpo Editorial

- 12 jul 2020
- 6 Min. de lectura

Los ejes en la gráfica de Dios gracias a Cristo. Explicación de los seis ejes simultáneamente en la dimensión de Dios
La paz, gracia, misericordia y amor del Señor Jesucristo sobreabunde en ustedes amados hermanos. Desde México externamos nuestro profundo amor fraternal en la rogativa por todos los que confiesan el nombre del Señor Jesús en toda la tierra sean guardados en su fundamento y sana doctrina, pero sobre todo en su amor perfecto, amén.
Con este tema culminamos la saga (por ahora, y en espera que el Señor perfeccione más este conocimiento a su tiempo, ya sea por nosotros o a otro hermano en Cristo quiera el Espíritu Santo revelar) respecto a los tiempos y etapas del conocimiento de Dios en la vida del hombre a través de Jesucristo, y mediante la inspiración por el Espíritu Santo.
Resulta que en el tema anterior tratamos al tiempo como una variable única y estática en el espacio, así como solemos conceptualizarlo en la física terrenal. Científicos y teóricos de tópicos diversos se ven impelidos a realizar marcos teóricos despreciando variables para probar un punto, ya sea para análisis, enseñanza académica o bien crear hipótesis para explicar la complejidad de la naturaleza.
Tomemos, por ejemplo, la Ley Universal de los Gases Ideales. Esta ley tiene su fundamento en tres principios individuales en las relaciones físico-matemáticas entre la temperatura, la presión y el volumen de cierto gas. Se le denomina “ideal” porque es necesario cumplir con ciertos requisitos que otorgar perfección al marco de estudio. Es decir, en la naturaleza no existe tal propuesta. Sin embargo, para nuestra comprensión es necesario simular es verdad y ahí comprender la relación entre razones matemáticas.
Una vez estudiado por separado estas tres perspectivas, se llega a la ley misma: PV=nRT, la cual trata de cubrir ahora sí, lo que ocurre en la naturaleza, agregando más variables, con la salvedad que seguiremos requiriendo un marco perfecto teórico para que matemáticamente así sea el resultado en la naturaleza o realidad tridimensional nuestra.
Así mismo trabaja Dios con nosotros cuando creemos en que Jesucristo es el Hijo de Dios, Salvador de los hombres, confesándole de labios es nuestro Señor y reconocemos que es nuestro Maestro.
Nos lleva de la mano cuando comenzamos, el mismo apóstol nos compara con bebés de pecho; luego como niños, después como adultos y al final como veteranos y ancianos. La cronología física no va de la mano de la espiritual. Conocemos hermanos que toda su vida, desde jóvenes hasta su ahora vejez, muestran un nulo crecimiento, siendo viejos de edad, pero niños en el evangelio. Tenemos testimonio en Hechos de Esteban, joven consagrado para la obra de testimonio de Dios, quien alcanzó veteranía en su corta edad al ser capaz de ver a la Deidad y expresarlo, costándole su vida.
De manera que, tenemos dos tiempos corriendo simultáneamente. El tiempo uno, que es el de la vida terrenal y el tiempo dos, el que da magnitud al crecimiento en Dios por Cristo a través del Espíritu Santo.
Por eso el Señor Jesús siempre habló de administrar, en los evangelios en sus parábolas habló de minas, monedas y propiedades para que entendamos estos tesoros debemos darle máxima rentabilidad posible. Por eso al galardón lo pone como una herencia, nos pone la vida eterna como recompensa: para que entendamos lógicamente primero, espiritualmente después, que la fe en Cristo tiene sentido, no es algo en vano y vale toda la pena tomarla.
Luego, se nos menciona como hijos coherederos, no como mayordomos, puesto que toda la riqueza acumulada nos pertenece; sin embargo, para tener acceso a ella debemos demostrar adultez y perfección espiritual primero.
Regresando al punto concluyente, cada eje visto corre en cierto cuadrante de la dimensión que Dios tiene. Ese suceso pasa en un tiempo, los tiempos t1 a t5 que vimos ocurren a su vez en un tiempo y un espacio predeterminado por Dios. Cuando se cumple este requisito, pasamos a otro tiempo y otro espacio para seguir creciendo. Así hasta que, cuando termina el tiempo quinto, somos recogidos y somos guardados en el paraíso prometido a esperar la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. A partir de ahí, comienza el tiempo séptimo, justo en su venida.
Si han notado, amados, no estamos hablando de Padre, sino solo Dios. Esto porque, Dios como tal ya lo diseñó y predispuso de esta manera. Él es fiel y a cada alma que nace le concede un tiempo y espacio de vida y nadie tiene privilegios al respecto. PERO, ya con el Señor Jesucristo, sin dejar de ser Dios, ahora juega el Creador el rol de Padre, en la cual, confiando plenamente en Él, nos permite atravesar y nos ayuda en este proceso de crecer. Pasar entre dimensiones cumpliendo los requisitos que Él pone como Voluntad. Haciendo Su Voluntad obtenemos el paso a la siguiente dimensión del conocimiento, gracia y poder. Por esta específica causa el apóstol Pablo declara: “Yo sembré, Apolos regó, pero el crecimiento lo da el Señor”.
Podrán algunos incomodarse cavilando: “este hermano, quien escribe, habla muy místico, muy filosófico o misterioso”. Pues, en mi defensa tengo:
1ª Corintios 4:1: “Así pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios”.
Parafraseo este versículo en Efesios 3:3-4 “que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”.
También Colosenses 1:26 apoya lo anterior: “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora mismo ha sido manifestado a sus santos”.
El mismo Señor Jesucristo acotó esta gracia de conocer la gracia del misterio de los conocimientos puros de Dios a quienes él enseñe mediante lo dicho en Mateo 13:11: “él respondiendo les dijo: porque a vosotros os es dado saber el misterio del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado”.
De manera que, en concordancia con lo que hemos escrito y habremos de escribir al respecto de la sana doctrina de Cristo refiere 1ª Corintios 2:7: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual predestinó Dios; pues nadie la entiende, aunque por el Espíritu habla misterios”. Y son misterios, sabiduría oculta, porque el Señor Jesús muestra dónde excavemos (como busca tesoros y el Espíritu Santo es nuestro detector de metales) mientras andamos en el camino para encontrarla: en forma de preciosas e invaluables revelaciones progresivas.
Y el Padre sostiene esto mediante Efesios 1:8-10: “…Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra”.
De manera que: Cristo es la puerta por la que pocos pueden pasar (Eje D). Dios está velado al hombre natural, solo a través de Cristo podremos conocer al Padre (es decir, Dios jugando este rol con nosotros).
Y como Padre, nos revela la tabla de crecimiento en el conocimiento de Él. Cada tiempo que avancemos el Padre nos revela más cosas de Sí mismo. Entre más le conozcamos más querremos estar cerca de Él (por eso viene luego una renunciación no impuesta, más bien voluntaria). A continuación, un diagrama ilustrador:

Podemos ver que nuestra estancia en la dimensión principal de Dios es movimiento, en concordancia con el andar del Espíritu. Crecer implica cambiar de posición y ubicación para la eternidad. El peor estado, claro está es el eje x, destacado con el gris, fuera de Dios y Cristo, en dirección opuesta a Él. Por eso el Señor Jesucristo quiere que no nos estanquemos con los primeros rudimentos, sino que pidamos sabiduría (Santiago 1:5). Los mandamientos y las bienaventuranzas de Jesucristo son tan solo los primeros pasos (leer estos blogs, cuyos accesos directos están en el índice). Tenemos mucho camino por recorrer hacia la perfección dada por Dios, a través del Espíritu dentro de Cristo. Y ahora sí, hermanos, después de lo anterior, concluimos donde empezamos:
17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Sin Jesucristo, no solamente no hay Dios, tampoco el Padre, ni el Espíritu, una herencia con Él, salvación, reconciliación, vida eterna, poder, paz y amor genuino.
Poe esto mismo, dejemos que el Señor nos permita dejarnos avanzar en nuestra espiritualidad. Debemos dejar de escuchar y seguir la vieja y blasfema escuela judaizante. ¿A qué compararé a este demoniaco acto de entretenerse en leudas, fábulas o prédicas del antiguo testamento? A no una, sino muchas anclas de plomo y tungsteno que sujetan a una barcaza de madera frágil en altamar, sabiendo que es temporada de huracanes.
La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo sean en todos ustedes amados creyentes de Dios y Cristo, amén.

Comentarios