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Los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 12 jul 2020
  • 5 Min. de lectura

Hermanos de Cristo, hijos e hijas espirituales de Dios, templos del Espíritu Santo dispuestos en toda la tierra: Paz, amor, gracia y fortaleza de Cristo, Señor y Salvador nuestro, sea en ustedes, amén.


El apóstol Pablo, a través de Tito, y por inspiración del Espíritu Santo, manda decir a los hermanos cretenses (y todos en general) actos importantes que proyectan nuestro testimonio ante los incrédulos. Esta carta constituye un perfil laboral nuestro, por el cual habremos de ser leídos por las masas de almas en probabilidad de ser salvas. Realmente la única doctrina en esta misiva corta pero muy necesaria es entender el siguiente proceso: calla, oye, aprende, medita y haz.


Iniciamos el capítulo tres, pero culminamos dicha carta en este número.


Nuestro testimonio en sí ¿qué es? Buenas obras. ¿Cuáles son? Todo lo que se ha escrito a nosotros según rol, estado civil, ministerio, género, edad, estatus social y de educación. Pero ¿Y los portentos, milagros de antes? Esos están reservados para los que realmente tienen un corazón puro, están llenos de fe y reservados en renunciación y entrega total a Cristo. Sus siervos y colaboradores. Nosotros, los que vamos en camino, es difícil, mas no imposible. Conforme vayamos creciendo en el amor, fe, conocimiento y testimonio ya podremos comenzar a practicar este asunto.


Mientras tanto, con los principios básicos de los primeros dos versículos tenemos mucho por perfeccionar:


Luego el apóstol nos refresca la memoria y conciencia de dónde venimos en el versículo 3 para no dar pie a soberbia destructora, sino más bien alentar el temor y temblor propio de los creyentes y seguidores de Cristo como consecuencia de lo especificado en el versículo cuatro cuyo resultado es el versículo quinto por efecto del versículo sexto con la finalidad del versículo séptimo. ¡Aleluya!


A continuación, un diagrama de este proceso precioso y perfecto de Dios, donde esperamos en el Espíritu le sea de extrema comprensión y gozo en cuanto a la importancia de observar un buen testimonio:

Ofrecemos una versión completa del esquema anterior, con la cual la claridad debería ser completa:

Tras lo cual comprendemos ahora por qué en Cristo somos hechos diferentes. La razón de nuestro asombro es que todo este proceso Dios lo hace para cada alma, desde el primer salvo por Jesucristo hasta el último.


Por eso el tema de este número lo da el versículo 8:


Palabra fiel es esta y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse de las buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.


En otras palabras, lejos de jugar a ser judíos, rebeldes, soberbios etcétera, practicar las buenas obras como las anteriores por el Espíritu proyecta la bondad de Dios descrita en el versículo 4 los todavía condenados, constituye la luz del mundo que declaró Cristo que iluminará a quienes hayan de ser salvos, su implementación al prójimo sea creyente o no les comunica ese sabor de sal que el mismo Señor Jesús parafrasease con el fin de definir el amor fraternal y poder de fe. ¿Cómo saber si una comida tiene sal si no se hace el efecto físico y motriz de probarla primero? Así las buenas obras.


El versículo nueve son los “big-no” es decir, prohibiciones expresas, puesto que son la antítesis de una buena obra en Cristo, al llamarlas como vanas y sin provecho. Éstos hechos negativos son:

  1. Cuestiones necias: Filosofía, ecumenismo, religión, ateísmo, evolucionismo, misticismo, ocultismo, romantización del pecado, moralismo, fatalismo, poner en entredicho el nuevo pacto, etcétera.

  2. Genealogías: especialmente para los falsos científicos del tiempo, quienes a fuerzas y mediante las ciencias naturales o sociales como geología, historia, arqueología, química, física, astronomía, matemática, tratan de acomodar el tiempo para ya sea comprobar o denostar la existencia, poder, influencia de Dios en la creación o profecías, apartándose de la verdad quien es Cristo. Su corazón está en tener una exclusiva, no predicar el evangelio.

  3. Contenciones: Escrito hace casi dos milenios para prevenir los foros y sitios reales o virtuales de debates con el fin de generar competencias de conocimientos y no sabiduría. La sabiduría está en la experimentación, nunca en la argumentación basada en egos.

  4. Discusiones acerca de la ley: Obvio señalar que siempre ha sido un talón de debilidad en la iglesia: incitación a sacar el evangelio de Cristo para sustituirlo por los caducos mandatos antiguos. En fin.


La paciencia de Dios en cuanto a la consistente actuación de contiendas y divisiones generadas por estas acciones réprobas de la fe tiene un límite. El apóstol concede la libertad al cuerpo de ancianos y pastores expulsar de las congregaciones a los contumaces que gustan de esto.


El Señor Jesucristo nunca debatió con el sanedrín ni los fariseos. Siempre fue una sesión de preguntas arteras y estratagemas peligrosas de ellos contra una apabullante y poderosa respuesta de parte suya. En cuanto a Nicodemo, fue sesión de preguntas y respuestas. En su trato con los discípulos, fueron mandatos, consejos y reprensiones. Nunca jamás puso en tela de juicio su predicación A NADIE. Incluso, durante su tentación en el desierto, no permitió la propia palabra de su Dios y Padre (en ese expreso momento de tiempo hablo) fuese usada como mercadería barata de dimes y diretes. A las intrigas y preguntas necias del diablo contestó simple y llanamente con una promesa, una solución y una palabra tan contundente que no permitiese réplica alguna.


Así nosotros, por esto existe esta cláusula de rescisión de contrato en la comunión en la iglesia, aplicada exclusivamente para quien, según el Espíritu, se ha pervertido y solamente Dios y Cristo tendrán la última palabra del porvenir de esta alma contaminada, al declarar: “peca y está condenado por su propio juicio”. Así la voluntad del Señor, así habremos de obedecer. Amén.


Respecto a los últimos versículos destacar que, en su plena autonomía, Pablo solicita algunas cosas seculares pues contaba con la presencia física de Tito y pasar juntos el invierno en Nicópolis. Esto para dar cumplimiento en dar seguimiento al testimonio cretense, algo que a todas luces no era provechoso.


Con esto pues, damos por concluido el tema, el capítulo y la carta de Tito. Bendiciones sean ustedes hermanos en el amor y por gracia de Cristo. Alabanzas a nuestro Padre por concedernos terminar una carta más. Dejamos el fundamento escrito del capítulo tres.


Paz, amor y gracia del Señor Jesucristo amados hermanos sea en ustedes, amén.


3 Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. 2 Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. 3 Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. 4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. 8 Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. 9 Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. 10 Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, 11 sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio. 12 Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno. 13 A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada les falte. 14 Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto. 15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amén.



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