Las mascotas
- Cuerpo Editorial

- 15 sept 2020
- 4 Min. de lectura

Lectores, creyentes y hermanos: la paz del Señor Jesús es con todos ustedes. Dios dio dones a los hombres, proveyó de numerosas habilidades las cuales sirven para aplicar su energía de vida al servicio de otros seres vivos.
Dentro de estos rubros, tenemos a las mascotas y ¿por qué no? A las plantas. Estos seres vivos son creados para complementar la existencia del hombre, para la alabanza exclusiva a Dios y proveer el equilibrio de la naturaleza creada por Él y para Él. Como Creador, le plació crear muchos tipos de seres, incluso las rocas y la tierra son entes vivos que, aunque nosotros digamos no están vivos (porque no se ajustan a nuestro estándar de “vivo”) sí lo están para Él, pues vio la extensión vacía y decidió llenarla con reflejos de su poder.
Pues bien, a pesar que en la escritura, el nuevo pacto, no hay referencia precisa de cómo actuar respecto a ellos, el Espíritu Santo nos revela y nos enseña en este tópico. Como el Espíritu es eterno, estuvo cuando Dios determinó las instrucciones del cuidado, ordenanzas y manutención de ellos. De manera que, en Jesucristo también tenemos qué ser congruentes con estas ordenanzas.
Muchos (creyentes y no creyentes) se cuestionan de la sobreexplotación de recursos animales y vegetales; del maltrato animal y forestal; de la extinción de especies; su esclavitud; su manipulación genética y aberraciones hacia éstos; su idolatría y fetichismo, entre otras cosas. La presunta pasividad de Dios al respecto es criticada por éstos y deciden tomar acciones.
En Génesis 1:11-13 la Ley de la Hierba Verde, su creación. Por su parte, en Génesis 1:20-23 manifiesta la Ley de las Criaturas de las Aguas, sobre la cual todo ser marino y aves fueron creados; mientras que en los versículos 24 y 25, determinó la Ley de los Seres Vivientes de la Tierra. Posteriormente el hombre fue creado (varón y hembra) y bendecido por el Creador, nuestro Padre.
La ordenanza hacia este con respecto a la anterior creación están escritas en los versículos 28 al 31.
Uso, manutención, señorío, cuidado y alimentación podemos ver. Además, en el capítulo dos, se amplia un poco más esto.
De manera que, amados hermanos, si procuramos tener mascotas y plantas en nuestro ambiente, necesario es que cuidemos de ellos tanto como a nuestra carne, porque están a nuestro servicio y como señores de la creación, sirven para nuestra compañía y gozo. Plantófilos y amantes de los seres del reino animal, en el amor de Cristo no podemos maltratarlos, humillarlos, vejarlos, desesperarlos, abusarlos, porque esto es malo delante de nuestro Padre, Creador de ellos y nosotros.
Pero, al mismo tiempo, ninguna criatura debajo del sol podrá tener más alabanza, honra y dignidad que nuestro Padre, Creador de ella y nosotros; o que nuestro Señor Jesucristo, Salvador nuestro solamente. La idolatría es severamente castigada. Somos superiores a ellos en todo y por lo mismo no podemos albergar más amor del necesario, más cuidado y mas tiempo que el estipulado. Si una mascota querida parte, es bueno tener tristeza, pero un Señor tenemos quien nos consuela, y una porción del Espíritu Santo quien nos mostrará qué hacer, a dónde ir y qué decir respecto a esta.
Por igual las plantas, alguien quien sienta afecto por ellas, tiene nuestro Padre cuidado de ellas, así como nosotros; ellas perciben nuestros sentimientos y corresponden de igual forma en su expresión de verdor, belleza, flor, aroma o fruto. Pero tampoco es correcto endiosarse de ellas, dado que son servidoras nuestras y no al revés.
Dios permite que en el corazón de ciertas personas tengan a bien ser defensores de su existencia. Dejarles ser, pero no podemos tampoco ser copartícipes con ellos en exceso, dado que nuestra misión es rescatar almas: de nuevo tenemos un Creador que vela por ellos y por nosotros. Pero los hombres, al ser libres, están sin la gracia de Cristo y es nuestro deber anunciar el evangelio de salvación a ellos quienes están fuera de la libertad, vida eterna y salvación.
Al final, Dios restaurará a estas criaturas en el cielo nuevo y tierra nuevas, porque como hemos dicho, tenemos un Creador que tiene cuidado de ellos, pero también y ahora solo de sus hijos. Las rocas, tierra, plantas y animales tienen asegurada su restauración por cuanto no tienen alma y son servidores nuestros (o víctimas de hombres perversos), más el género humano no, porque comió del árbol del bien y el mal. En ese preciso momento, dejó nuestra especie de tener tal virtud que nuestros servidores vivientes sí gozan en la actualidad.
Así que, en cuanto a este asunto, tengamos paz. Baste con cuidar y administrar lo que el Señor nos provee a nuestro alrededor y con esto daremos cumplimiento cabal a lo que le fue demandado a Adán, enfocándonos pues a lo que Cristo nos pide hagamos en cuanto a nuestro nivel de espiritualidad para llevar esa palabra de vida eterna a los vivos que hoy están.
La paz, gracia, sabiduría del Señor Jesús esté en todos ustedes amados hermanos, amén.

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