Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos
- Cuerpo Editorial

- 20 sept 2020
- 7 Min. de lectura

Amados creyentes, hermanos y lectores, esperamos en el Señor tengan abundante paz, gracia y sabiduría en estos asuntos pertenecientes más a los herederos sanguíneos de Jacob que a nosotros, los descendientes de Cam. Salud y Fortaleza en Cristo Jesús, Señor y Salvador nuestro, a todos: amén.
Glorificado sea el Señor y Dios Todopoderoso, nuestro Padre, que en estos capítulos sea éste contenido para su pueblo mucho más extenso que los océanos juntos; más profundos que la profundidad misma y más poderoso que la potencia energética de toda la naturaleza existente.
Ahora continuamos con lo referente a lo sacrificado a Dios, es decir Cristo en la cruz, como pago único, exitoso y eterno. Veremos lo escrito en Hebreos 9: 23-28 y Hebreos 10: 1-25 para completar el propósito del Señor de informar por el Espíritu en cuanto a este asunto.
Podemos concluir del tema anterior que Jesucristo, es el único y verdadero Sumo Sacerdote de Dios ante Israel. Los demás eran siervos como Moisés. De hecho, lo que ahora vemos en las sinagogas, lo relatado en el antiguo testamento fueron solamente una figura, una representación terrenal de lo verdadero. De hecho, nada de lo que es aquí vale para Dios. Lo que Dios instituyó a los antiguos mediante Moisés fue solo una parcialidad de lo que ocurre en los cielos, donde está el mismísimo templo de Dios cuya majestad es imposible reflejar aquí en la tierra.
Con la muerte de Cristo, no solamente se abrió la puerta para la salvación de las almas; se cumplió la profecía; al adversario le fue negado el acceso al trono de Dios; se ofreció a sí mismo por pago y purificación de la creación: además, purificó al templo mismo de Dios, todo lo celestial fue renovado por él. Recordemos que antes el diablo tenía acceso a Dios, fue lanzado y expulsado por Jesucristo, su némesis, pues Dios, como Su Creador le concedió ciertos derechos, pero Jesucristo es la Justicia y Poder de Dios no hallándose más lugar para nada que impurifique el templo del Altísimo.
De manera que gran cosa fue darse a sí mismo en la forma más baja (siendo humano y poniendo sobre sí mismo todo pecado e inmundicia de la creación). Al morir, descendió a los muertos para llevar la promesa de su venida a todos sus fieles y pasarlos del seno de Abraham a su paraíso donde ahora éstos moran gozosos hasta la venida del Señor. Les dejó al tercer día para resucitar, donde se cumplió la profecía donde el templo (él purificado, ajeno y libre de su carne original) ascendió posteriormente cuarenta días después para entrar al verdadero Lugar Santísimo y con su sangre vertida previamente, ahora como Sacerdote ministra al Altísimo Dios Vivo, nuestro Padre.
Esto porque conforme al versículo 26 debía ser su propia sangre y no otra, para no ser sacrificado infinitamente, sino una sola vez, así como para nosotros la muerte física ocurre una sola vez (podrán decir los necios “¿y qué acerca de lo que han resucitado o han regresado de la muerte?”, estos no han muerto todavía, pero lo harán). Y como dice el versículo 28, un solo sacrificio de Cristo basta y sobra para asegurar redención, perdón y limpieza perpetuas.
Así mismo, entrando en el capítulo 10, se explica por el Espíritu Santo que la sangre de las bestias no tiene la capacidad de limpiar pecados completamente, pues es figura de la sangre del Cordero, quien en ese entonces aún no había sido derramada, pero siendo ya derramada el valor simbólico deja de tener efecto. Es la contrición del corazón lo que dio valor a esa sangre física, no la sangre misma. Y como esta sangre no limpia del todo, lo obligado era continuar con el rito.
Y en los versículos 5 al 9 se parafrasea la profecía que habla sobre el valor del sacrificio del Mesías, cuando de él se dice: “He aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último”. Por esto mismo, amados hermanos de Cristo, todo sacrificio de animales es ahora una blasfemia artera y grosera ante el Señor Jesucristo, porque él ahora ministrará desde el santo Templo del Dios Altísimo con su sangre y esas blasfemias son ahora olor a muerte, soberbia y desobediencia. He aquí que lo escrito en Apocalipsis es consecuencia de esto que se explica hoy: esta necedad de ofrecer víctimas terrenales. Por esto, toda nación, pueblo y tribu que hacía sacrificios de sangre fue raída, destruida, porque solamente la sangre del Señor Jesús huele a vida y aroma grato a Dios. Quien se limpie con ella, obtendrá un aroma agradable.
Pero esto no sucederá hasta que ponga Dios a sus enemigos por estrado de sus pies. Esta profecía está en proceso de ser cumplida. La profecía de entrar confiados al trono de la Gracia es por medio de Cristo, quien abrió el camino ya se cumplió, la referida en los versículos 16 y 17.
Como el sacrificio es total, único y completo, ya no hay necesidad de más sacrificios: en Jesucristo se cumple con el rito y se culmina para no realizarse más.
El autor se refiere a los hermanos cuyo origen es Israel diciendo cuando la lanza atravesó el costado del Señor Jesús y sacó agua y sangre, significó la rasgadura del velo, dando vista y paso a su interior. Por eso el Señor Jesús quiere que caminen a través de él, porque él como Sumo Sacerdote tiene el poder de dar acceso al Lugar Santísimo espiritual, donde podrán convivir con Dios como Padre suyo, solicitando tan solo:
corazón sincero
plena certidumbre de fe
purificados los corazones de mala conciencia (celebrar la Cena del Señor Jesús)
lavados los cuerpos con agua pura (bautizados)
El autor, además, exhorta por el Espíritu a los hermanos israelitas:
mantenerse firmes (caer de nuevo en la blasfemia de sacrificios y judaísmo)
sin fluctuar (dar entrada a dogmas que no son de Cristo)
la profesión de nuestra esperanza (la futura restauración de Israel por Jesucristo)
Porque fiel es el que prometió. También pide no dejen de congregarse, pues muchos tenían esa costumbre de ser fluctuantes, estimularse al amor, es decir apoyarse y animarse mutuamente, las buenas obras que el Padre pide, dado que cada día que pasa es más cerca su venida.
Ponemos a su disposición el contenido hallado en Hebreos 9: 23-28 y Hebreos 10: 1-25 para su comparación y meditación en Cristo de estos misterios. La paz, el amor y la gracia de nuestro amado Señor Jesucristo sea en ustedes, amén.
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
10 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. 3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; 4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.
6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. 11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. 15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, m
17 añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. 19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Comentarios