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Editorial 339 ¡Felíz Cumpleaños!

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 3 oct 2020
  • 3 Min. de lectura

Amados creyentes quienes son lectores del blog: la paz, gracia, amor y bendición del Señor Jesucristo esté en su espíritu. Salud, fortaleza y fe no les falten nunca, amén.


Con sumo gozo escribimos este editorial, porque siempre hay algo por lo que debemos celebrar en nuestras vidas, con tan solo abrir nuestros ojos: a Cristo en nosotros.


El mundo es un lugar sin esperanza, vida, amor o fe; lleno de banalidades, entretenciones inútiles y espacio-tiempo efímero. De modo que, ante estas características, el hombre (varón y hembra) ansioso y engañado crea situaciones para encontrar razones fuera de Dios y de Cristo para sonreír.


Es por eso que existen las festividades de muchos tipos en todas las sociedades a lo largo de la historia. Ya habíamos hablado al respecto, más a modo general. Hoy nos enfocaremos en los aniversarios personales.


No es que esté mal o sea pecaminoso delante del Padre o de Cristo, dado que es una forma de agradecer se nos conceda un periodo más de vida según nuestros términos de medir el tiempo, pues conciencia tenemos que hoy somos y mañana no, cuáles hierbas del campo. Hasta el día de hoy, la humanidad no tiene (ni tendrá) la potestad de modificar los años de vida, añadiendo por capricho.


Lo que sí está mal es que el adversario, sabiendo la calidad de despojado de cualquier individuo, maquina en éste la necesidad de sentirse más importante el día que nació. Se constituye pues, un día de autoalabanza. Un momento en el cual este individuo se convierte en la temática central de su entorno: Se considera a sí mismo, se observa y dice “Yo soy”, lo cual es flagrante pecado, al anteponerse a Dios, quien quita la vida y la da; concede la salud o permite la enfermedad. Las sutilezas del diablo son tan eficaces que millones compran ese argumento malvado y la soberbia y vanidad exudan un olor pestilente ante la presencia de Dios.


Mientras en la tierra se festeja a ese ídolo de barro, en los cielos el Padre ve con tristeza en cómo se desperdicia tiempo valioso en cosas vanas. El Espíritu Santo lucha contra eso en nosotros, llevándonos al desierto para que veamos, entendamos y seamos libres de esa sutileza perversa: la autoalabanza. El Señor Jesús nos permite realizar esto en su libertad, siempre y cuando demos honra y gloria a nuestro Padre por sobre todas las cosas mediante acción de gracias sincera por el Espíritu, para que, incluida la Deidad, la celebración aquí en la Tierra sea perfecta pues los invitados de lujo están en nuestro corazón. Así evitamos la artimaña del enemigo adorarnos a nosotros mismos como el mundo hasta hoy lo hace.


El hermano en Cristo que escribe, da testimonio de sí mismo. El día que le toca beber esta copa, lo hace junto con su familia festejando a Cristo en su vida. Un día más cerca de estar en su Paraíso, un día menos de sufrir y batallar con este cuerpo. Un año más para dar testimonio de él mientras haya vida, salud y conciencia y una semana más para seguir el maravilloso camino de la renunciación. Un segundo más para dar gracias al Padre en el nombre del Señor Jesús. Cualquier unidad de tiempo aplica, en cualquier orden. Alabado sea nuestro Señor. Nuestra salvación es suficiente motivo de festejar 24/7. ¿No lo creen amados?


Nuestra recomendación es: hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, que cada reunión de alegría y convivencia sea encomendándolo en el nombre del Señor Jesús, ofrecer primero acción de gracias al Padre y ser mesurados, cuerdos y prudentes en nuestro accionar.


De cualquier forma, la verdadera fiesta ya viene. Y somos parte de esta en la figura de la novia. ¡Aleluya!


El amor, la esperanza y gracia del Señor Jesús está en ustedes amados hermanos, amén.

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