Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Parte uno.
- Cuerpo Editorial

- 3 oct 2020
- 7 Min. de lectura

Estamos de plácemes amados hermanos, la paz, amor y fortaleza del Señor Jesucristo sobreabunde en todos ustedes. ¿La razón? Porque en este capítulo se define uno de los tres ángulos en los que se basa el evangelio de Jesucristo: la fe. Ya vimos al amor y la esperanza. Toca ahora analizar por el Espíritu Santo lo que es la fe. Hechos capítulo once, en su totalidad constituye el mejor diccionario espiritual acerca de este valor espiritual. Veremos por lo extensísimo de este tema dos partes del mismo: la primera, versículos 1 al 22; la segunda del 23 al 40. Comenzamos.
Considerando a estos tres elementos como objetos preciosos, el amor podría ser equiparado a un diamante, puesto que siendo tan fuerte y resistente de él depende toda la estructura de Dios, el tema central de Cristo y nuestro fin de atesorar como lo más sagrado entre nuestras pertenencias en esta tierra. La esperanza viene a ser el oro, puesto que maleable y más fácil de encontrar, toma la forma que uno desee en los términos que considere adecuados. Pero la fe es el aire terrestre (no confundir con el concepto viento). Nunca se es suficiente de aire, no mata y siempre vivifica. Sin éste, sencillamente no se puede accionar. Podrán decirme ¿por qué no se compara la fe con el agua? Porque el agua es Jesucristo, la vida es nuestro Padre y el viento es el Espíritu Santo (quien, por cierto, requiere del aire para moverse alrededor de nosotros).
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
El primer versículo explica que “fe” es tener total seguridad de ser atendido, auxiliado, amado por alguien a quien se le solicitó algo previamente. Es saberse digno que tendrá en un futuro la oportunidad de satisfacer su necesidad, incluso desde el tiempo presente, cuando todavía no ocurre, pero ya está dado por sentado es hecho. Y, de hecho, así ocurre. Se tiene confianza que, dicho sea de paso, implica etimológicamente “modo de pago de toda la fianza” o “cualidad de ser fiel en todo”. De manera que, la fe es el instrumento de pago sobre el cual solicitamos favores al Padre, ofrenda espiritual de valor incalculable. Al mismo tiempo, es la acción de mostrar lealtad a Él que recibiremos el servicio por el cual ya se pagó por adelantado mediante la paciencia.
En pocas palabras, lo anterior se asemeja en la actualidad a pagar por adelantado vía online mediante tarjeta de crédito algún bien. La fe es la tarjeta de crédito y el monto que pagamos por el producto o servicio deseado. Jesucristo es la compañía que asegura la transacción y el Padre es el proveedor del servicio distante. El Espíritu Santo es el internet. Dando el pago se tiene certeza que pronto recibiremos el objeto de nuestro anhelo en la puerta de nuestro hogar. Por eso sin fe es imposible agradar a Dios, del mismo modo que sin dinero jamás podremos comprar algo en esta tierra (en estos últimos tiempos y antes de la venida del Señor Jesús).
Esta explicación no solamente es para los que salen del judaísmo, sino para todo quien no sabe qué es o cómo se define a la fe. Mas ahora, retomamos el mensaje del autor, puesto que la fe es un elemento que muchos israelitas no entienden porque están velados debido a su derrotero de ser nación terrenal y no nación de Dios por Jesucristo.
En los versículos dos y tres refiere que los antiguos varones de Dios entendieron lo anterior aun sin saberlo con palabras, pues con su corazón creyeron que Dios cumple sus promesas y no dudaron de Él, sino que esperaron en Él. También la paz y tranquilidad que tenemos respecto a los misterios de la creación, puesto que necios e indecentes pugnan por hallar en la falsa ciencia respecto al origen de la existencia, despreciando el poder de la palabra de Dios de crear todo de lo que antes no existía.
A partir del cuarto versículo, hasta el vigésimo segundo, el autor relata hechos de personajes antiguos y explica las acciones que el Padre por el Espíritu les da testimonio que la fe siempre estuvo a su alcance desde aquella dispensación, empero ellos vieron las cosas de abajo y no las de arriba. A continuación, se muestra una tabla que contiene al personaje, sus acciones y la explicación al respecto:

Debemos puntualizar aquí el contenido intermedio de los versículos 13 al 16, el cual no está incluido en la tabla anterior.
Refiere el autor por el Espíritu que los anteriores a Abraham, inclusive, murieron con la fe puesta en Él, pero sin ver cumplida la promesa de una heredad en la Tierra. Exhalaron su último aliento sin pensar en esto, porque supieron ellos en su interior que Dios en su multiforme gracia y sabiduría habrá de cumplir su promesa. Ellos por fe supieron que Dios los volverá a la vida para entregar el pago por su fe sincera.
Por esto Dios ahora sigue trabajando en la creación de su nuevo cielo y su nueva tierra, sobre la cual está la Nueva Jerusalén, la verdadera santa ciudad donde está su templo con el Señor Jesucristo como Sumo Sacerdote expiando nuestros pecados. Esta es la ciudad que Dios prometió a los antiguos, no la corrupta debajo, esa terrenal donde cayó la sangre de Cristo y clama por justicia contra los adversarios de Dios.
Y, además, hermanos -quienes salieron del Israel antiguo y pecador- el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob es el Padre amado quien no quiere que nadie se pierda. Es el mismo Jehová quien anhela ser Padre de todos los hombres, los que le busquen, le invoquen y le crean, mientras aún pueda ser hallado. Y honra a estos siervos suyos porque le creyeron, le confesaron y vivieron consagrados a Él. Ahora nuestro enfoque es Jesucristo, porque gracias a él la salvación es todavía más extensa, completa y sobre todo, sencilla. Cristo es quien nos revela estas cosas.
Hasta aquí esta revelación hermanos amados. Como pueden ver, la fe atestigua contra esta religión judaica, tan ausente y negligente de ella. Por eso el Señor Jesucristo maldijo la higuera, porque cuando el Señor buscó, tuvo hambre y necesitaba una sola obra de fe de la que él pudiese ser satisfecho en Israel no halló ninguna, debiendo buscar en otro lado tal fruto de fe. Desde entonces el Señor Jesucristo aborrece todo lo ajeno a él. No lo conoce. Por esto todos tenemos que salir en fe hacia su encuentro, como cuando dos discípulos salieron de Emaús de Jerusalén, el Señor Jesús salió a su encuentro. Ustedes, amados hermanos israelitas, son esos dos quienes salieron de Jerusalén y, camino a Emaús, serán revelados por el mismo Señor Jesucristo, si tuvieran fe. Arderá su corazón cuando sean re enseñados en la profundidad de las Escrituras.
Baste por ahora señalar el fundamento escritural en Hechos 11: 1-22.
La paz del Señor Jesucristo está en ustedes amados, amén.
Amén.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. 5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. 8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. 13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. 17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. 20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. 21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. 22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.

Comentarios