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Editorial 340 - Dedicado a los buscadores de la verdad.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 10 oct 2020
  • 3 Min. de lectura

Dicen que la historia la escriben los ganadores, más ¿Qué es la historia? Mucho más que fragmentos recopilados durante nuestra experiencia vivida, los cuales nos deben de servir para no repetir errores y aun así seguimos repitiéndolos.


Recuerdo que al inicio de mi recorrido por el camino angosto y en busca de la Verdad, me atormentaba el tomar la mejor decisión e ingenuamente tomaba en mis manos el santo libro que es la biblia y al azar lo abría, rogando según yo en una fe genuina encontrar esa respuesta esperada.


Hoy en día me avergüenzo de tal acción, teniendo ya el conocimiento y la experiencia errónea, comprendo ahora que el actuar y ejecutar de Dios no es así, aun cuando tenga la mejor intención de encontrar Su guía y dirección. (El escéptico podrá decir: el método de prueba y error).


El escribir esto es con la intención de reflexionar en un antes y después, por lógica las personas con más días vividos debemos de contar con mayor experiencia y transmitir a los jóvenes, los cuales no toman en cuenta y menosprecian la sabiduría de la práctica y adquirido mediante el estudio.


Recuerdo que motivado por uno de mis mejores amigos de la infancia, comenzamos asistir a un templo católico, los domingos a misa y posteriormente a reuniones de jóvenes, culminando en un “retiro juvenil” el cual era nada menos para reclutar seminaristas, reconozco que en mí causó un sentimiento de frustración y decepción; luego el papá de una tía inició a compartirme de Dios, en mi juventud y rebeldía inicié una competencia de debates “teológicos” con solo 15 años de edad, de los cuales no pude ganar ninguno.


Ya iniciada la búsqueda de la verdad, en mi vida me encontré con un versículo que decía:

1 Juan 2:27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.


Al compartir esto a diferentes “autoridades espirituales” no dieron respuesta para mí satisfactoria, ya que este versículo echa por tierra la formación en institutos bíblicos e instituciones educativas de formación “cristiana” el negocio lucrativo con trasfondo bueno, sin fundamento bíblico.


Es lamentable que la mayoría de los autonombrados “Pastores”, Sacerdotes”, “Ministros”, No enseñen el único requisito para obtener la sabiduría de lo alto: Permanecer en Él.


Te recuerdo las palabras del Maestro y Pastor de nuestras almas:

Juan 15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.


No existe otro más que Jesucristo quien pueda socorrerte, amarte, valorarte, guiarte, cuidarte y proveer todo lo que ocupe tu alma. La cabeza de la Iglesia es Él, el Buen Pastor es Él, El Maestro de maestros es Él.


En estos tiempos de pandemia nos invitan a quedarnos en casa y guardar nuestra distancia, pero no escucho que alguien invite para aprovechar que Jesucristo te guarde como la gallina cuida a sus polluelos, que Dios Padre no es Dios de lejos, sino de cerca.


Por favor, tú que estás dándote el tiempo de leer, no le des a nadie la tarea que te toca a ti; de ser guiado a la verdad, 2 Timoteo 3-7 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.


Con esto no estoy negando los ministerios de maestros o pastores. Lo que sugiero es que con un corazón contrito y humillado busques al Señor Jesucristo y cuando ya estés íntimamente ligado a Él y te llegara hacer falta uno de sus pastores y maestros, le solicites que lo ponga en tu camino.


La paz del Señor Jesucristo es contigo, amén.

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