Mirad que no desechéis al que habla
- Cuerpo Editorial

- 19 oct 2020
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Por la gracia que nos confirió el Padre eterno, dueño de toda alma y Aquel quien nos hizo salvos por medio de nuestro Señor Jesucristo, deseamos en ustedes quienes nos leen semana a semana que la paz, el amor, la gracia y el entendimiento del Señor Jesucristo sea en su espíritu, aumentando en amor fraternal, fe, esperanza y testimonio para llegar a ser de los vencedores de nuestra época.
Comenzamos ahora la segunda parte del capítulo 12 de la carta escrita a los hermanos hebreos, es decir creyentes y seguidores de Jesucristo cuyo origen fue el judaísmo. Esta porción es una nueva advertencia hacia este pueblo, por segunda y última vez redimido a no caer en la tentación de renunciar a la salvación ofrecida por el Dios Vivo por regresar para hacer rancio al vino nuevo con el viejo mezclandolos.
El Señor es consciente del daño que se ha causado en su pueblo por haber sido tan rebelde y necio es desatender en sus últimos mandatos del mismo Dios de Israel. En el versículo 12 se comienza diciendo el estado actual de Israel como nación de Dios: 12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; un país de manos caídas y arrodillado. Ruin, pero necesario estado para que en más de dos milenios se den cuenta cuál era la voluntad de su Dios: creer en su Mesías, el Cristo.
Sin embargo, en tal torpeza, millones van y viajan rindiendo tonta pleitesía y rogativas a un trozo de muro, el de las lamentaciones. Fatuos en su accionar no oran a Dios, sino a ellos mismos, haciéndose víctimas cuando siguen siendo victimarios. Sobre ellos sigue pesando el precio de la sangre del Hijo de Dios y no se dan cuenta que con frutos de arrepentimiento pueden ser restaurados: siguen esperando a un falso rey David. Y aunque el Rey de Reyes vendrá, será por su remanente, no por lo que ahora vemos. Hasta el día de hoy en el desfile de las naciones, Israel ocupa el oprobioso último lugar en la memoria de Dios. Y si no los extermina el Poderoso Jehová es por la promesa hecha a sus siervos Abraham, Isaac y Jacob.
De hecho, el Padre celestial demanda en el 13 y 14: y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Ser santos ya sabemos es apartarse del mundo y del mal y buscar por fe el bien, que en este caso es seguir el bien través del Señor Jesús en su camino hacia Dios. Esto porque es donde viene la advertencia antes mencionada porque no serían más ellos descendencia espiritual de Jacob, sino de Esaú: un montón de seres frívolos y malagradecidos que por despreciar la primogenitura a través de Cristo con el pan y agua de vida se quedan con nada: desechados, vacíos, muertos, malditos llenos de lágrimas estériles con su comida roja que es la sangre de Cristo en sus manos.
Por eso, quien en su torpeza ponga en su corazón ir a tal muro a llorar, llora y llorará como Esaú lloró al ser notificado de la pérdida de su bendición divina. Jamás habrá consolación para tales amargos, contaminados, fornicarios y profanos. Incluso, para quienes lloraron en Babilonia, hubo para ellos consuelo en esta Tierra, más para quienes lloran en tal dios pagano llamado muro, el menor de sus castigos es nunca ser consolados por llorar sobre los muros de la ciudad que vio morir al Hijo de Dios desperdiciando el tiempo que Dios en su misericordia le da para que se arrepientan.
Por esto mismo amados hermanos gentiles, hago un paréntesis para decir: ¡Gracias Padre quien nos libraste de tal carga! Porque entre los gentiles la palabra se extendió mucho más rápido y se creyó más a Cristo que en el seno de Israel. Pero no es para nuestra vanagloria, sino para Tu soberana honra, Padre Eterno, Dios de toda misericordia. Así te plació y así te agradecemos. Y también para decir: ¡Ay de ti casa de Israel! Porque hasta el día de hoy no entiendes que la sangre del Hijo clama contra ti, y el Hijo te tiene como extraña usurpadora y ladrona de los tesoros del Padre. Mientras no te arrepientas, la maldición sobre la higuera sigue vigente y eres reo de muerte. Sigues, oh casa de Israel contaminándote de Jezabel, de tu mismo vino viejo hecho vinagre creyendo es vino nuevo. Tienes por inmunda la sangre de Cristo y entre ti hay mucha profanidad y fornicación cuando pretendes reinstaurar el sacrificio de machos cabríos.
Regresando al texto, amados hermanos nacidos bajo el yugo de la ley, deben ser celosos y juiciosos de no perder el heraldo que es dar testimonio de Jesucristo, como el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios quien está sentado en la diestra del Padre y que es la promesa cumplida al resucitarlo de entre los muertos, teniendo cualquier otro fundamento diferente a éste como basura y tirándolo fuera de su corazón, alma y mente.
¿Les parece demasiado duro esto? ¡Pues nada es! Porque como se dice en los versículos 18 al 21, donde el monte donde estuvo el Gran Yo Soy, aquél que estuvo prohibidísimo acercarse so pena de muerte y las palabras dichas de Dios mismo fueron insoportables debido al tremendo poder que emana de ellas, tanto que ni el mismo Moisés pudo con tal carga en sí mismo les tocó estar ni ser testigos presenciales. Así que, benditos son del mismo Gran Dios quien ahora es Padre por amor a Jesucristo, nuestro Señor, les ha puesto cerca, muy cerca del monte Sión, la ciudad venidera sobre la cual ustedes, si permanecen fieles será parte de ella mas no como israelitas, que ahora y nada es eso: sino como hermanos de Jesucristo y coherederos de su gracia. Ser parte de la familia espiritual de Dios. ¿Es que no contemplan semejante gloria de dejar de ser criados, labradores y mayordomos para ahora ser hijos con herencia eterna, según en los versículos 22 y 23? Esa sangre de Cristo que, de conformidad con el versículo 24, habla mejor que la de Abel, porque ahora, bañados y limpios por ella, son redimidos y enviados a seguir convenciendo a sus congéneres nacionales que salgan al encuentro de Cristo: dejen de llorar estérilmente y vengan a la consolación eterna por él.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.
Esta palabra seguirá todos los días sobre ustedes, amados hermanos israelitas, como recordatorio en su vida que está la asechanza del diablo de quererlos hacer regresar a Egipto, a la falsa Jerusalén, a beber del vinagre que es el viejo pacto y sobre todo, maldecirse al pisotear la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Si al Espíritu le ha placido decirlo en no pocas veces es porque ya no hay más y en la eternidad vendrá la venganza del Dios Vivo airado contra los enemigos de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. De modo que, estando fieles y ahora sí siempre sujetos en la Roca de Salvación, DESECHANDO TODO LO JUDÍO es como están en buen recaudo.
Si sobre ustedes, amados hermanos, hay tanto aviso por parte del Espíritu, es porque hasta el día de hoy hay muy pocos creyentes de nuestro Señor Jesucristo. Es necesario se fortalezcan mucho y no les importe ser injuriados, porque en el seno de esta casa terrenal de Israel la idolatría, la muerte espiritual hiede ante el trono de nuestro Dios y Padre, la mies es mucha, los obreros pocos y el tiempo es cada vez menor. Deben rogar ustedes, amados hermanos israelitas, que el Señor Jesucristo les de poder y avivamiento dentro de su nación y busquen todas las almas posibles. Sacarlas del engaño satánico y volverlas al verdadero redil, el de Cristo.
¿Qué evangelio predicar? Pues muy sencillo, el de la restauración a través de Cristo y en los versículos 26 al 28 puede darse una forma de cómo estructurar mensajes de vida, esperanza y amor a través de Cristo. Nuestro Señor Jesucristo poderoso Hijo de Dios tiene potestad total.
Y cierra el autor para ustedes hermanos, para que no se duerman con esta nueva exhortación:
29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Para quienes no creen, se devuelven y son rebeldes.
Hacemos rogativa por todos los creyentes, los de origen gentil y los de origen judío, seamos fortalecidos de Jesucristo, Señor y Salvador. No olvidemos que Dios debe ser respetado y con temor obedecerle, no temor de terror y miedo, sino temor de obediencia y fidelidad, es decir, temor a fallarle, no de ser condenados.
Dejamos la evidencia en Hebreos 12: 12-29. La paz, consolación genuina, amor y fortaleza espiritual sea para todos ustedes amados hermanos, amén.
12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. 17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. 18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, 19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, 20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; 21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; 22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. 25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. 26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. 27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

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