Testimonio a observar por los hermanos hebreos en Cristo
- Cuerpo Editorial

- 25 oct 2020
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Amados creyentes del Señor Jesucristo, bendiciones de lo Alto les sean concedidas para gozo, consuelo y restauración: paz, amor, sabiduría y obediencia esté en su espíritu. Alabanzas sean dadas a nuestro Padre por concedernos estar en este ministerio, sirviendo fielmente a nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador y poderoso Rey de Reyes y Señor de Señores.
En este tema culminamos la lectura del libro dedicado a los hermanos creyentes del Señor Jesucristo cuyo origen es Israel, es decir, los hermanos hebreos. Esta carta está llena de exhortaciones y amonestaciones serias debido al gran pecado de la rebeldía que les caracterizó desde que entraron a Egipto y hasta el final de los tiempos, con la venida de nuestro amado Señor y Salvador, será restaurado con el remanente elegido de Dios, nuestro Padre.
Pero no debe a los hermanos hebreos hacerles sentir carga, pena o dolor esta situación, sino más bien gozo; ya que de buena gana nos motiva ser tenidos dignos de vituperio por amor a Cristo, puesto que, si Cristo fue vituperado sin duda nosotros también lo seremos. Sin embargo, para el día postrero seremos restaurados, consolados y vengados por nuestro Dios y Padre. Así que nada de pesares sino tomar nuestra función debajo del sol y aceptar el reto de evangelizar a sus congéneres israelitas en su nación, religión, costumbres e idioma naturales para honra y gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Es difícil, más no imposible un hermano gentil convenza de esto a un judío por la soberbia natural del segundo. Además, no tenemos los mismos fundamentos. De la misma forma que un judío no podría enseñar a un gentil porque tenemos diferente fundamento de vida. Así, ustedes amados hermanos hebreos, convenzan a otros israelitas vengan a Cristo y salgan del engaño diabólico en que están metidos.
El autor pone a su consideración para meditación y ejercicio diversas actividades en la Tierra donde el testimonio es aplicado ante los ojos que los miran.

En la tabla no se incluyen dos promesas expresas para los hermanos hebreos:
El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre; y:
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
Las cuales deben ser grabadas en las tablas de su corazón, hermanos liberados de la ley. Cuando surjan momentos de apremio, angustia, desazón y duda, estas promesas dadas a ustedes les vendrán como anillo al dedo; siendo nuestro Señor Jesucristo el libertador de tales situaciones en su vida.
Además, la tabla tampoco incluye el contenido textual de los versículos 10 al 15, que se explica a continuación.
Este contenido es una paráfrasis y explica a los hermanos hebreos que la muerte de nuestro Señor Jesucristo es la última celebración de la pascua en torno al rito mosaico que Dios aceptaría en la Tierra. Jesucristo era y es el macho cabrío, el Cordero de Dios quita el pecado del mundo dispuesto a ser preparado dentro de la ciudad, dentro del templo. El Señor Jesús, al ser abofeteado, azotado dentro del templo implicó comenzase a derramar sangre. Ahí empezó, desde la primera gota que cayó en tierra el proceso de expiación de pecados. Conforme seguía avanzando en su salida, era el mismo proceso que la sangre de los otros animales se derramaba al salir fuera del templo y la ciudad.
Todo era exactamente como Dios siglos antes lo dispuso a Moisés. Porque nuestro Padre es tan veraz, justo y fiel a su propia palabra que no incumplió ni un punto o jota de su propia ley ¡NI SIQUIERA POR SU PROPIO HIJO! Cristo murió fuera de esa ciudad, porque era necesario que Cristo fuese exhibido al mundo y también, a partir de ese momento, la Jerusalén terrenal dejó de tener valor alguno para Dios.
Por eso el mismo Cristo profetizó la caída y destrucción de Jerusalén con el templo, que ya era figura idolátrica que rivalizó y sacó a Dios de su propio pueblo. Por tanto, Dios salió para jamás volver y salir al mundo por sus hijos, dispersos a lo largo y ancho de la Tierra, en las diferentes épocas, pueblos y naciones donde CRISTO es predicado y creído, incluso los israelitas ordenados para salvación han creído fuera de ella. Esa ciudad que todos adoran y tienen como santa, para Dios es nada ya, pues su verdadera ciudad vendrá del cielo y ahí nosotros tendremos el derecho de entrar en ella, habitarla y jamás tener necesidad de salir de ella.
De manera que, amados hermanos, esta ciudad que ven, la actual capital del Estado de Israel, es foco de idolatría, infección espiritual y fuente de pecado, porque creerán que ahí está Dios y de hecho todo se vendrá al final porque querrán hacer la terrible abominación, esto es, reiniciar sacrificios, terminando de colmar la ira de Dios por negarse a aceptar su nueva voluntad que a través de Cristo es como se expían los pecados.
Pero es la verdad, porque nosotros somos la nación de Dios, nuestra ciudad capital vendrá después que nuestro Señor Jesucristo venza y reine; Dios consuma todo con fuego y además el templo de Dios somos todos y cada uno de nosotros quienes creemos.
Termina la carta el hermano autor, diciendo que solo a través del Señor Jesucristo se agrada al Padre, el Dios de paz que eligió a los descendientes de Abraham como pueblo y luego hijos por Cristo. Ustedes, hermanos hebreos, deben procurar ser aptos para tal cosa, aceptando siempre su señorío total y sea su Pastor.
Adicionalmente, ruega por el Espíritu Santo -quien le inspiró a redactar la carta de esta manera- a que acepten esta palabra de exhortación. Él fue consciente que todo el contenido es duro, pero sincero. Tan grande el riesgo de extraviarse: tan grande la amonestación.
Y es que la nación terrenal de Israel sólo persiste por la inmensa misericordia de Dios, pues la sangre derramada de Cristo clama contra quienes dentro de esa nación la pisotean, siguiendo sus propias obras de maldad. Ciertamente Cristo no juzgó en ese momento, pero él es enemigo acérrimo de quienes practican el antiguo rito, caduco y ahora demoníaco.
Deseamos en el Señor Jesucristo, amados hermanos hebreos, sean compungidos y rueguen ustedes por sus nacionales, pues toda la ira de Dios vendrá por los bastardos que negaron su ley, despreciaron a su Hijo y lucharán contra Él. Dentro del seno de Israel hay muchos en espera de ser salvados por la sangre del Cordero: apúrense porque el tiempo cada vez es menos y el número de los redimidos debe ser alcanzado antes del fin de los tiempos. El Señor Jesucristo viene pronto ¡ALELUYA, AMÉN!
Dejamos la evidencia de lo leído, encontrada en el capítulo 13 en su totalidad de la carta escrita a los Hebreos. La paz, gracia y amor del Señor Jesucristo es en todos ustedes, amén.
13 Permanezca el amor fraternal. 2 No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3 Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. 4 Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. 5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. 8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. 9 No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas. 10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo. 11 Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. 12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; 14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. 15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. 16 Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. 17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. 18 Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo. 19 Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea restituido más pronto. 20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 22 Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. 23 Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. 24 Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. 25 La gracia sea con todos vosotros. Amén.

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