Cristo toma a los trabajadores serios.
- Cuerpo Editorial

- 21 nov 2025
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Amados hermanos nuestros: que la paz, gracia y amor del Señor Jesucristo sea con ustedes, en su espíritu, amén.
Muchas veces en grupos de redes sociales, en reuniones y grupos de hermanos se da la discusión sobre quienes sí pueden y quienes no pueden ser salvos. Se llenan algunos entusiastas opinadores de teologías, moralismos y credos que cada vez tienen que ver con el conocimiento de Cristo, el amor de Dios o la revelación del Espíritu Santo, como si los pensamientos humanos tuvieran valor y poder de sostenerse por sí mismos.
Quieren ver atributos físicos, cognitivos, de alcurnia, etnia, fenotipo y conocimiento, cuando, según está escrito: “no es del que quiere ni del que corre, sino de quien Dios tiene misericordia”.
Olvidan estos personajes poco serios que los que son llamados a ser colaboradores y salvos son quienes ya están ordenados para la salvación y es por obras dignas de arrepentimiento. Así como Jesús mismo fue a Juan para ser bautizado, pues el mismo Señor en Mateo 3:15 le dice: “deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces, le dejó”, es como también nosotros somos llamados al ministerio, trabajando.
En este caso, leamos el corto pasaje de Marcos 2:13-14:
13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. 14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
El Señor Jesús, así como busca a los señalados por el Padre desde antes de la fundación del mundo, así también busca de entre los salvos a quienes son dignos de trabajar para él. El llamamiento de Leví, hijo de Alfeo, se da en el contexto del quehacer del hombre: útil, honesto y sin contratiempos de quien Dios tiene misericordia.
Conforme a los atributos que el Rey de Reyes y Señor de Señores halla -de entre los muchos talentos que el Creador le ha provisto- es como solicita voluntad de servirle a él como es debido a los intereses del reino.
El caso de Leví es ser llamado mientras está trabajando diligentemente en la recolección de tributos. Su trabajo es recolectar talentos de la gente, y acá fue contratado espiritualmente para recolectar talentos en forma de almas para nuestro Padre Celestial.
“Sígueme” la orden y la obediencia total y plena a continuación.
¿Así somos capaces de obedecer a Cristo en todo? Merece el tiempo invertido esta autorreflexión. ¿Sí dejamos lo material, físico y vano para mejor buscar el premio que no se puede ver con estos ojos terrestres?
Amados, aprendamos a ser de oído ultraligero a lo que el Espíritu nos dicta y de oído sordo a lo que el mundo y sus religiones exhiben.
El Señor desde su trono nos ve, a lo lejos y procuremos ser de limpio corazón para verlo nosotros a él. Solo eso necesita de nosotros, hallarnos trabajando, pues no basta solo con ser salvos, sino que el corazón arda de deseo sincero de servir más activamente a los designios del Padre y del Hijo, Dios nuestro por el Espíritu en gracia salvadora.
Ser hallados trabajadores integrales, honestos, honrados y humildes es lo que el Señor toma en cuenta: nada es la piel en su tono, el dinero en la cuenta bancaria, el acervo de saberes colectados, lo fastuoso de la vestimenta y la hermosura a la vista.
Que la paz, gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo sea en todos ustedes amados lectores, amén.




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