Editorial 581 - ¿El Estado de Israel actual es el pueblo de Dios?
- Cuerpo Editorial

- 21 jun
- 4 Min. de lectura
Que la gracia, paz y amor del Señor Jesucristo sea en todos ustedes, amados hermanos, en su espíritu, amén.
Amados hermanos en Jesucristo, Señor y Salvador nuestro, amén: en estos tiempos tumultuosos donde la paz mundial se va a traste debido al crecimiento de la maldad, nación contra nación y reino contra reino se amenazan y se combaten por circunstancias absurdas a la luz del Espíritu, la Iglesia del Señor Jesucristo en cada nación tiene que luchar para atar y desatar.
Debe cada iglesia poner orden espiritual, tienen que atender los asuntos del reino en su jurisdicción: no por la paz mundial, sino por la oportunidad que todo evangelista, apóstol o enviado presente en su soberanía no tengan estorbo; la meta es que se cumpla el número de los redimidos lo más pronto posible pues es el detonante para que nuestro Señor Jesús venga de nuevo.
Pero pareciera que lo que sucede es que las iglesias ruegan y oran y creen cosas erróneas: tener posturas políticas a favor de cierto Estado, arguyendo que es el pueblo de Dios. Y por lo mismo contra otro Estado, pensando que incluso ya son los tiempos de las pruebas apocalípticas.
¿Es esta nación, la esencia del pueblo de Dios material? La respuesta es simple: NO.
Nada de lo que haga el Estado actual de Israel es señal de que sea el pueblo de Dios. Recordar que el Señor ya tiene pueblo suyo en todas las naciones, al cual se le llama IGLESIA DE JESUCRISTO ESTABLECIDA EN TAL LUGAR (su lugar geográfico donde usted, quien cree en él como el Hijo de Dios y trata de dar testimonio de él ante sus conciudadanos) y esta sociedad es el pueblo de DIOS.
El genuino, único y auténtico pueblo de Dios HOY sigue a Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de Señores, no practica el judaísmo y no tiene ideología política de conquistar tierras o matar enemigos creados. No: muy por el contrario, el pueblo de Dios busca salvar tantas almas como sea posible para poblar el cielo nuevo y la tierra nueva.
El pueblo de Dios no tiene como capital a Jerusalén o alguna otra ciudad, pues los creyentes somos templos móviles y nuestro centro de gobierno, capital del reino espiritual de Dios es cada corazón que late por obra y gracia del Padre, llenos con la medida del Espíritu Santo.
Dicen indoctos, necios y perversos de teorías seductoras, fatuas y sutiles sobre si Israel es el pueblo siendo agredido (confundiendo tiempos según Daniel y la revelación dada a Juan) para el cumplimiento de las profecías, más lo que el Espíritu nos revela es que nunca el pueblo de Dios renovado por Jesucristo tomará algo terrenal como suyo, pues él mismo dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo”.
En segundo lugar, esa nación rechaza tajantemente toda relación con nuestro Salvador, el Hijo de Dios.
En tercer puesto, sigue sobre ellos la maldición de tener sobre sus espaldas el peso de su sangre derramada, pues no fueron raídos todos y solo el remanente de esa nación será salva, los demás, se unirán al pecado de sus padres por no obedecer aquella voz que en tiempos del bautizo de Jesús de Nazaret dijo: “A ÉL OÍD”.
Así que amados hermanos: cierren los ojos, los oídos y su corazón a toda sarta de mentiras que Israel es el pueblo de Dios, que hay que apoyarlo porque está escrito en la biblia y desear el mal y la muerte a otros. No nos toca dar sentencia o condenar. El único modo que esa nación belicosa, pueblo irreverente y rebelde, esa ciudadanía ciega, sorda y soberbia, país entenado a deshacerse de rivales a como dé lugar cuente con la gracia es cuando la iglesia desaparezca: es decir, sea el arrebatamiento y la persecución de los santos para exterminarlos.
Y ojo, no es por ellos en su circuncisión, ideología política, militar o filosófica, legado material histórico o religión, sino porque combatirán a Jesucristo quien vendrá a sentarse sobre el trono de Israel como su único Rey ungido y coronado por Dios. Incluso, está escrito que nuestro Señor Jesús regirá con vara de hierro; es decir, someterá sí o sí a estos necios desobedientes en aquellos tiempos, y junto a él, los vencedores de cada etapa de la Iglesia sobre las naciones.
Por tanto, hoy, 2025, este conflicto es uno más, advertencia a seguir orando para que en nuestras naciones exista paz y el evangelio se mueva sin estorbos, no para que haya armonía de pecadores. El tiempo corre en contra de ellos y la acción misericordiosa de la Iglesia es redimirlo. No perdamos tiempo gastando fe y oración en cosas que no es bueno pedir porque no serán contestadas y si alguien insiste de orar por Israel, entonces ore para que TODOS ELLOS PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO y CREAN que JESUCRISTO ES EL HIJO DE DIOS y que Dios le levantó de entre los muertos dejando atrás su religión y soberbia atrás, tan fervientemente como pueda, si quizá el Señor oiga tal oración.
Que el amor, la gracia y paz del Señor Jesucristo sea en su espíritu, queridos lectores, amén.




Comentarios