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Editorial 592: Estudiantes de la vida

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 7 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 16 sept 2025

Buenos días hermanos, que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amén.

En México ha iniciado la época escolar, en la que los millones de estudiantes de los niveles básicos se preparan y atienden a esta necesidad personal, social y económica a través de la cual obtendrán los conocimientos básicos de cara a su futuro inmediato, tan pronto como alcancen su mayoría de edad.

Desde el maternal hasta la secundaria, estos pupilos en mayor o menor medida aprovechan las bondades que su entorno familiar les provee para asistir, aprender y socializar. Es la escuela donde estos seres humanos en formación adoptan una personalidad, un pensamiento y un deseo de querer ser alguien en la vida.

Quienes no tienen posibilidades de acudir a estos centros de estudio, enfrentan sendos problemas de progreso al adolecer de conocimientos académicos, técnicos y científicos para establecerse, debiendo invertir mucho mayor esfuerzo para siquiera tener algo digno en muchos casos.

Algo similar es la congregación. Somos estudiantes y nuestro Maestro es Jesucristo, Hijo de Dios a quien proclamamos solemnemente Señor y Salvador. Cristo es quien nos enseña la perfección de la obra de Dios. Nos ilustra con sabiduría eterna que nos ayuda a sobrevivir y vivir con plenitud. Con su práctica nos otorga la técnica de obediencia en humildad a Quien nos dio el hálito de vida. Y con la total confianza en él, toda lección aprendida no se olvidará.

Obviamente, durante nuestra estancia en la congregación mientras se celebran las reuniones conforme al Espíritu ocurre un proceso llamado edificación, esto es, la acumulación de pequeños datos de información espiritual que los creyentes utilizan para construir el templo de Dios en su corazón. Son una especie de insumos caídos del cielo que el ser espiritual utiliza para levantar el edificio y el altar en su corazón para adorar, servir y obedecer los designios del Señor.

Y con el tiempo los estudiantes crecen y se desarrollan, con la gracia del Padre y la venida del Hijo, inspirados por el Espíritu deciden qué quieren ser de grandes: apóstoles, evangelistas, pastores, maestros, profetas o diáconos. Logran la titulación y ejercen el ministerio con pundonor hasta que el llamamiento a jubilarse para que alguien joven ya listo en la siguiente generación siga con la misión hasta que nuestro Señor venga.

No debemos avergonzarnos por ser estudiantes espirituales. Al contrario, ser agradecidos con nuestro Padre por habernos matriculado en su escuela que nos lleva a la sabiduría de ser salvos.

Y si ya ejercemos el ministerio, a enseñar a los jóvenes a amar a Cristo por sobre todas las cosas, a mostrarles que el ejercicio de la fe nos lleva a grandes victorias y que el conocimiento espiritual tiene el valor cuando se hace con amor.

Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu amados hermanos, amén.

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