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Editorial 594: El clamor popular

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, en su espíritu, amén.

Apreciables hermanos: que la gracia de nuestro SEÑOR JESUCRISTO siempre esté con todos los que profesamos su santo nombre y que el Padre, en virtud de lo anterior, no nos abandone ante los embates de la carne, la maldad del mundo y los ataques del enemigo.

Muchas de las calamidades ocurren en el mundo porque principados y potestades operan contra la sociedad del mundo alejada de Dios: por voluntad propia unos y otros por ignorancia. Sea cual fuera el caso, estar fuera de la gracia y protección del Señor Dios Todopoderoso dura, y muy dolorosa cosa es.

Hace poco parte del cuerpo editorial de este blog tuvo conocimiento de un hecho trágico acaecido en la capital del país y cuyo impacto fue chocante y devastador. Muchos heridos y víctimas fatales ocurridas por un error humano. Ante tales situaciones, la carne se conduele, el espíritu se conmueve y la mente se asombra, con el corazón compungido, más el Espíritu es sabio y proporciona luz en esta situación.

Dice el Salmo 42:1, en su mensaje principal: como el ciervo brama por las aguas, así clama por tí, oh Dios, el alma mía. Y esta frase derrite el corazón de quien quiera que lea con fe estas palabras de poder. El salmista inspirado por el Espíritu Santo declama esta frase porque siente dolor, siente desfallecer, siente que ya todo terminó para mal y el pesar le consume. Sufre de abandono, traición, soledad, enfermedad, debilidad y miedo.

Consideremos la parte literal del texto. Un ciervo, como muchos animales con voz, cuando se ven precisados a buscar y encontrar el mínimo para sobrevivir y no lo halla, en este caso, agua en tiempos de sequía extrema, clama bramando. Recurre en su desesperación al alzamiento de voz, gritando por auxilio, si alguien quizá, le provee de esa agua. El ciervo no tiene conciencia ni inteligencia desarrolladas, no tiene ética ni moral, aunque sí pueda desarrollar maldad. Sea como sea, su instinto le exige clamar, alzar la voz. Desahogar la pena emitiendo un sonido que transmite a todo oído que le pueda oír de lo que siente y hace que su mente y corazón sufren. Ese instinto, por la misericordia de Quien lo creó puede salvarle.

La especie humana es eso. Un ciervo QUE CLAMA por las aguas que satisfagan la sed de amor, justicia, dirección, consuelo, comida, libertad, confianza, valentía, fortaleza, salud, etcétera. Pero ¿clama al Verdadero? ¿Por quién clama ese ciervo? ¿A Dios? No lo sabemos en primera instancia, quiera pensarse que sí. Pero, tristemente, al ver imágenes diversas de reportajes, nadie clamaba a Dios. Lloros, lamentos, quejidos, peticiones, exigencias, clamores y mucho sufrimiento. Y esto parte el corazón.

Aun en su dolor, algunos no pensaban en Dios. Sufrían tanto que su mente solo atinaba a gritar como el ciervo. Y es difícil escribir esto, muy difícil, porque las lágrimas quieren salir de la impotencia de que Dios no es solamente Dios de amor, Dios de gozo y Dios de salud. También Dios es Dios en la pobreza, en la injusticia, en el dolor, en la maldad y en todo momento oscuro y doloroso. Pero la gente no lo sabe. En esos momentos es cuando Dios está más que solícito, tan solo que alguien se acuerde de Él. Por su misericordia salva a unos, pero la realidad es que si hay necesidad de clamar, escrito está, es a Quien nos pueda dar el agua que calme la sed. Esperar y tener fe y confianza.

Muchos pueden, en cambio, reclamar y criticar, pero ¿por qué -si se tiene confianza en lo material- no es mejor confiar en lo espiritual? Por la falta de fe, y mientras la falta de fe sea la verdadera enfermedad del alma de muchos, no serán oídos sus clamores. Porque hay que creer que hay un Dios que cuida y protege, pero hay que tener la humildad de reconocerlo y la valentía de conocerle.

Porque dice el versículo 2: mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de mi Dios? Es decir, el alma angustiada reconoce que hay un Dios cercano y que Él puede contestar y auxiliar: solamente hay que clamar a Él. Sin embargo, alguien astuto querrá reñir diciendo: pero si Dios sabe todo y es tan bueno, ¿por qué no se adelanta a los hechos y evita el mal? A lo que el Espíritu responde: por la dureza del corazón y la falta de fe del hombre, eso es lo que detiene a Dios de actuar. El hombre fatuo espera todo a cambio de nada: y eso es principio de maldad e injusticia. Además, el alma fuera de Dios anda fuera de los caminos de Dios y por tanto, en sus propios caminos no está Dios y las chanzas que la maldad aceche impunemente. Fuera de Dios, nada bueno hay.

Por tanto, hay que reconocer de venir a la presencia de Dios, SIN IMPORTAR LA CONDICIÓN. El Padre a nadie rechaza y mientras clamen con fe y fuerza de corazón, con su conciencia y su razón de ser inmerecedores de misericordia Dios restaura todo. Porque a Dios no le gusta que sus criaturas sufran, pero deben reconocer tales criaturas que Él existe y Él solamente pueda salir al rescate.

Si el ciervo, cualquier ciervo, sabe eso y desde la sequía clama y es escuchado y Dios tiene cuidado de los ciervos y toda la fauna silvestre, ¿por qué el humano se autoexcluye? ¿Por qué quienes viven, respiran, sienten y piensan no se acuerdan de Dios ni de Jesucristo, Su Hijo amado?

Es la ironía de esta dimensión. Y eso es lo que conduele que la oración de los justos a veces no alcanza por esta dureza de corazón, la ignorancia y la maldad de los desdichados.

Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu amados hermanos, amén.

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