Editorial 604 - Problemas y más problemas
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Que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, en su espíritu, amén
Como esencia material, mortal e imperfecta, siempre estamos acechados por la moralidad, la propaganda, la cultura, la tradición y las leyes de todo tipo a pensar que siempre estamos en un error.
La mente humana en toda ocasión se plantea que “no todo está mal” y “nadie es perfecto” y por tanto, al tampoco ser esta perfecta, “no está tan mal” como cualquier otra, y así se auto justifica, se autocomplace y se autoengaña, dando paso a establecer un problema.
¿Y qué es un problema, pues? Un problema es una situación particular inherente a un ser pensante en el cual le impide andar en perfección: un escollo, impedimento, una limitante, un desconocimiento, desdén, una actitud, una falencia, un exceso, una percepción, etc. La perfección es la capacidad de iniciar: un plan, un proceso, un método, una acción, una meditación, un sentimiento, esfuerzo, etc. de principio a fin sin interrupciones, sin retrasos, conflictos, carencias, imprevistos, doble ánimo y adversidades.
En consecuencia, es imposible andar en perfección porque, digamos, de 345 asuntos por atender en un día, algunos de estos tendrán fallos u obstáculos diversos que impedirán cumplir con la anterior afirmación en mayor o menor medida y según sus circunstancias tomará mayor o menor energía y dedicación en cumplirlos, retrasando otros que de otra manera serían de ejecución perfecta, sino fuera por la reprogramación o cancelación de planes ya agendados.
Pero este no es el mayor problema. El problema que hay es que Dios es perfecto y puede enseñar al hombre a andar en rectitud y por ello, victoria, que implica perfección en sus caminos. A través de creer y confesar a Jesucristo tras oírle con todo el corazón, las fuerzas y la mente y eventualmente después bautizarse, se verá que ese problema ya no existe y la solución a nuestros conflictos es precisamente Jesucristo.
¿Por qué decimos esto?
Porque Jesucristo fue obediente hasta la muerte. En él no se halló maldad, ni sesgos, dudas o inseguridades. Él, siempre llenó del Espíritu, supo conducirse con rectitud y, aunque él no pecó, en cambio cargó con todos los pecados de la Humanidad sobre sí y pagó con su vida, para resucitar con gran poder al tercer día.
Entonces, siguiendo sus pasos y andando como él anduvo, es como también con renunciación, fe y obediencia por amor, podemos llegar a esa perfección que nos libera de todo problema.
Y es que el mundo busca justificarse para no reconocer que su problema es juicio condenatorio si se resiste a oír el evangelio y en su propio entendimiento “resolver” el problema del vacío interno.
Y ESE ES EL PROBLEMA que da lugar a más problemas. No creer en Jesucristo como el Hijo de Dios resucitado al tercer día y Todopoderoso Señor de Señores y Rey de Reyes. Solo tenemos la capacidad de resolver un problema a la vez y este es el problema de vida a resolver.
Tarde o temprano, las personas no creyentes se darán cuenta del problema que tienen y, dándole tiempo o desafío se ven precisadas a decidirse por sí mismas. El problema es si las personas no dan ese voto de confianza al Gran Creador y Padre nuestro por la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
Ayudemos con oración, testimonio, fe, amor y santidad que eso nos da.
Resolviendo este problema, muchos más por añadidura serán solucionados.
Pero si no, pues el gran problema no se resuelve y es de tinte eterno.
Más práctico no puede ser un evento.
Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu amados hermanos, amén.




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