Editorial 612: Carta a la Iglesia del Señor Jesucristo asentada en la República Bolivariana de Venezuela
- Cuerpo Editorial

- 24 ene
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Paz y gracia sea en todos ustedes, amados hermanos, en su espíritu rebosante, amén.
Amados hermanos en Cristo e hijos de Dios por la gracia redentora del Cordero Inmolado, Salvador nuestro:
La iglesia de nuestro Señor Jesucristo en aquella nación debe ser unánime en lo que deben atar y desatar para que tenga reposo aquella tierra. Recordemos que en los tiempos inmediatos antes de Jesús hubo tiempos tempestuosos, luego cuando nace surge la tropelía herodiana y después de su ascensión, otra vez eventos políticos sucedieron con un propósito: la palabra de juicio viniese a esa nación rebelde y contumaz.
Así pues, amados, no olviden orar por sus autoridades. No dejen de rogar porque el gobierno esté en manos del Padre y no de partidos, alianzas o intereses, cualquiera que estos sean. La iglesia no está sujeta a preferencias ideológicas, sino a lo que el nuevo pacto manda y comanda:
No aceptar cohecho
No sobornos
No castigar a quien hace el bien
No premiar a quien hace el mal
No a la traición o rebeldía
Y sobre todo lo demás
No al estorbo absoluto o parcial de la predicación del evangelio.
Recuerden amados que ustedes son la sal y la semilla en esa tierra tan hambrienta de sosiego. No tenemos pormenores, pero ustedes sí. Amados, los más ricos apoyen a los más pobres, los jóvenes a los ancianos. Los fuertes no se cansen de apoyar a los débiles, los sanos a los enfermos y los que tienen un techo a quienes no lo tienen. No dejen de visitar a los presos por causa de la fe y la injusticia, rogar por sus enemigos y perdonar a todos los que los ofendan.
Hermanos preciosos, todas las iglesias en el planeta Tierra tienen más de un motivo de doblar rodilla. La maldad crece y el tiempo de nuestra redención y que la ira de Dios se manifieste contra el mundo cada vez más cerca.
Por esto es que no podemos perder tiempo en asegunes terrenales, dado que nuestro poder no es emanado de lo físico, sino de los cielos. Así, los asuntos espirituales del reino: esto es: amor, justicia, paz, conversión de almas, sanación de enfermos y reprensión de espíritus del mal que aquejan países e individuos es lo que prima.
Y es por dicha razón que en esta manada pequeña rogamos por amor con fe y en plena esperanza que millones de hispanoparlantes y demás que hablen nuestro idioma sean reconfortados y dispuestos a venir a los brazos de aquel que dejó todo por amor y obediencia al Padre celestial.
Su nación y las demás, la nuestra y las que nos pidan algún motivo más concreto.
Todo hombre es mentiroso, toda nación es rebelde a Cristo, toda sociedad es hipócrita y todo gobierno carece de la justicia de lo Alto y en virtud de lo anterior que no nos cansamos de ser reiterantes en el apoyo mutuo de la oración continuada por disposición de mente, alma y cuerpo y no por conveniencia, obligación o quehacer religioso. Amémonos los unos a los otros por las necesidades ajenas y luego propias. Luego nuestro Señor Jesucristo nos consolará y satisfará, conforme a su voluntad, amén.
Que el amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu amados hermanos, amén.




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