Editorial 614 - La Justicia de Dios no es la de los hombres
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Que el amor, gracia y misericordia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, pleno en su Espíritu, amén.
Muchas veces los seres humanos creen que se tiene la sabiduría y conocimiento de todo, cuando se habla de Dios, de Cristo y su evangelio.
He aquí donde el alma, el ego, la ignorancia y la maldad de algunos que adoran el control de multitudes, se creen sabios en su propia opinión, se sienten fascinados porque se hable de ellos y sean famosos y reconocidos y adorados, como si de deidades se tratase.
Pero es también la señal para reconocer e interpretar que el Espíritu no habla por tales seres de engaño y mentira, pues asumen que pueden definir los caminos del Señor en muchos aspectos espirituales tales como el testimonio, la doctrina y el accionar en la vida .
También se creen dignos de hablar de la justicia De Dios, junto con el mundo que también hace su juicio de crítica pertinaz contra Quien creó todas las cosas.
Lo cierto es que nuestro Padre previó todo esto y es por eso que por su mismo Espíritu extendido a nosotros ha concedido plasmar en lenguaje audible y luego escrito de lo que Él habló al principio y ahora por medio de Jesucristo envía mensaje sobre los caminos que llevan a la vida eterna.
Para empezar la esencia de Dios es el amor, por tanto, un camino a seguir. ¿Las personas tienen amor? ¿Creen en el amor? ¿Dan amor? ¿Aman? Y nuestro Señor Jesucristo es aún más preciso y conciso en su evangelio de esto. Pero el mundo tuerce el sentido teórico y usan mal su aplicación y ejercicio. Una consecuencia divina del amor son el perdón y la misericordia, talentos que ni los falsos enviados como tampoco el mundo poseen. En virtud de lo anterior, lo evitan o hablan filosóficamente de esto con si fueran quimeras, cosas que solo Dios debe hacer y el género humano está exento de.
La siguiente es la fe, este camino implica confiar totalmente en Dios, en que Él salvaguardará todo y nada tenemos que hacer que ayude o mejore lo que el Padre hace por nosotros. En Jesucristo, la fe se aplica para conseguir gracia, acción y que las almas sean pasadas de muerte a vida. Pero el mundo y los saboteadores soberbios niegan esto y ponen a Cristo como un iracundo y exigente Señor y así ellos fungen como mediadores.
Y luego llega la justicia. El mundo sintetiza que la justicia es darle a cada quien lo que se merece. Esta frase así sola invita a la libertad de hacer en el criterio de quien la busca lo que le venga en gana, basado en el concepto “lo que se merece”. O sea, cada ente o persona sí puede decidir y juzgar que es o que merece el resto, pero a Dios no se le puede permitir que haga esto. Porque si Dios, decide que lo justo es que todos procedan arrepentimiento a través de nuestro Salvador y Maestro Jesucristo y con eso se logra ser dignos merecedores de todo Su amor, gracia, misericordia y perdón ¿por qué nadie habla de esto?
¿Por qué este ordenamiento y voluntad no es correcto y está mal?
La verdadera justicia De Dios es que todos crean en Cristo y sean guiados por él. Ahora bien, no confundir justicia con venganza. Dar a cada quien lo que merece no es propiciar el mal, como en esto el mundo y los falsos obreros se cansan en predicar.
No son la muerte, la desgracia y la condenación, la salida o solución.
La advertencia del peligro no es deseo de que suceda, ni anhelo a que les pase a quien se cree que lo merece.
La misericordia, el amor y el perdón son los antídotos de esa urgencia de ver al otro caer o desaparecer.
Pero también hay que considerar el favor tiempo. Dios es eterno, pero la gracia no. Así como en la misma existencia física se demuestra que nada puede quedar igual para siempre en lo material, tampoco la paciencia tendría que ser eterna, en virtud de que la vida misma del hombre es efímera.
Así pues, la paciencia es acotada por el tiempo. En nosotros, es la vida de uno y en Dios es el devenir de las generaciones humanas. Conforme pasa el tiempo la Humanidad se aleja más y más de Dios y Él no puede permitir que se sobrepase el límite de transgresión.
Por amor a Su Creación lo hace, y también para que tanto los que hicieron el bien en confiar en Él sean premiados y los que se opusieron a Él paguen por su deslealtad y desconfianza.
Así que la justicia de los hombres debe ser fiel calca de la justicia De Dios, si es que desea tener autoridad de poder. Caso contrario, es una mímica peligrosa y tan mala como él mismo adversario de Dios.
Por último, decir que si se quiere practicar la justicia como debe ser, hay que estar guiados por el Espíritu, y no por algún sentimiento, criterio o deseo. Y es muy fácil dar santo y seña de esto. En el mundo sobran ejemplos de lo mal que se hace.
Que el amor, la Gracia y la paz del Señor Jesucristo sea en ustedes amados hermanos, amén.



