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Editorial 616: Propaganda por todos lados

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • hace 20 horas
  • 3 Min. de lectura

Que el amor, gracia y misericordia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, pleno en su Espíritu, amén.

La verdad, como esencia de todo lo que es conforme a lo que se puede ver, discernir y explicar, es un elemento vital en la existencia del hombre. La verdad es el argumento total, perfecto, único y completo que define cualquier concepto objetivamente. Carece de adjetivos innecesarios, adverbios con sesgos y emociones efímeras. Innegable e intachable es la verdad.

Y la verdad es Cristo Jesús hecho carne, amados hermanos. Si tratamos nosotros, quienes creemos en Él como el Hijo de Dios y que Él lo levantó de entre los muertos, de entender todo conforme a la verdad, es decir, conforme a Cristo, llegaremos a experimentar  la única versión reconocida por Dios. Estaremos pues, del lado de la verdad y por tanto, lejos y opuestos de la mentira.

No solo Jesucristo en su existencia, sino también su palabra, testimonio y poder.

Si el género humano quisiese ver y entender esto, entonces no habría calamidades, ni lazo roto con el Altísimo, el Creador.

Pero no; en lugar de esto, prefieren el mundo, el alma natural, el corazón humano y la mente homo sapiens la mentira, la calumnia y la propaganda.

Ocultar la verdad su deporte nacional; calumniar la realidad de las cosas en sus propias y retorcidas percepciones y anunciar sus deseos, perversiones y malicia en forma de manifiestos signados con palabras soeces e infumables.

¿Cómo lo hacen? Sencillo: con el desarrollo de la falsa ciencia, la creación de artilugios técnicos, mecánicos, electrónicos e incluso virtuales; un sistema de pensamiento crítico que ningunea a Dios, sustituyéndolo por una filosofía que navega por las aguas de ignorancia, petulancia y terquedad. También, organismos “educativos” que entrenan a las mentes pueriles a seguir un rol del cual no deberían salir.

Propaganda por aquí: nacionalismo, religión, doctrina política y corrientes impuestas lúdicas y modas; propaganda por allá: la vanidad, la autoexploración para alcanzar el grado máximo de autoplacer, junto con el amor a la posesión y autopercepción; propaganda acullá: ser como Dios, los decretos, la justificación de vivir entrópicamente, vivir sin reglas y vivir hasta el límite, esas decisiones de vida de crear un “yo soy” que se opone 180 grados al Gran Yo Soy Eterno, por siempre y para siempre; y propagan más allá: lo que la mente quiere: conocimiento, reconocimiento, recuerdo y legado eterno, y lo que el corazón añora: salud, dinero, amor, libertinaje y eternidad.

 

Por eso nuestro Padre y nuestro amado Señor Jesucristo nos piden SANTIDAD, RENUNCIACIÓN y OBEDIENCIA. Porque ¿a qué compararemos a la santidad, renunciación y obediencia?

 

La santidad es la estrategia de decidir encontrar la verdad sin apoyos externos que en realidad son distractores dilatadores del tiempo. Es el pensamiento verdadero de reconocer que somos faltos de la verdad y reconocemos que no es vanidad, sino esperanza de trascender en la eternidad sin lastres y por tanto, el procedimiento de alcanzar la verdad.

 

La renunciación es el plan de acción de detectar la ruta de viaje hacia la verdad. Dejar el origen atrás para siempre. Buscar al destino y esta es la verdad: Jesucristo. Entender que hay que salir a su encuentro y forjar la voluntad para mover el cuerpo en línea recta, de manera gradual. Partir del reposo con aceleración constante.

 

La obediencia es la ruta de tránsito, el camino por el cual se llega a la verdad. El espacio-tiempo en el que cuando se disfruta del movimiento se observa que lo pasado es remembranza, el presente es el viaje eficiente y constante y el futuro es la realidad imperecedera en espera del caminante.

 

Por esto nuestro amado Señor Jesucristo nos ama: porque él forjó todo esto hace casi 2,000 años y tras caminar este camino, desde el otro lado nos llama diciendo que nos espera ya en la perfección. De esta manera, se comprueba que Jesucristo es la verdad que el hombre necesita porque él ya comprobó que el método de salvación de Dios existe y al día de hoy sigue vigente aun para aquellos quienes todavía no se definen.

 

El evangelio no es propaganda: es la verdadera ciencia; la palabra no es religión, sino el manifiesto de liberación; la vida en Cristo no es moda, es el único estilo de vida que agrada a Dios; el conocimiento de Dios no es una quimera o un sueño guajiro: es una realidad posible para quien quiera tenerla; tener al Espíritu Santo no es una moda o capricho: es un sello de vida eterna y testimonio.

 

Así pues, alejaos de toda propaganda y permaneced siempre añorando y trabajando diligentemente en ser como nuestro Señor, Salvador, Maestro, Obispo y Abogado Jesucristo es.

 

Que el amor, la Gracia y la paz del Señor Jesucristo sea en ustedes amados hermanos, amén.

 


 

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