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Editorial 621: Paciencia con los débiles por amor a Cristo

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    Cuerpo Editorial
  • hace 4 días
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Actualizado: hace 3 días

Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén. 

Tras leer una pequeña porción de la carta escrita por nuestro hermano amado Pablo hace varios siglos, la esencia del mensaje permanece inalterable a pesar de los años porque ni Dios ni el Espíritu Santo envejecen, así como nuestro Señor Jesucristo lo sigue cumpliendo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mateo 24:35, Marcos 13:31, Lucas 21:33). Esto debido a que el testimonio es atemporal, así como Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8) y así el Padre, desde el inicio de los tiempos hasta la eternidad.

Todo lo emanado de los cielos tiene esta característica y por tanto, el nuevo pacto tiene algo que el antiguo testamento ya no tiene: vigencia en la observación. Si bien es cierto que hay algunas profecías por venir, la ley escrita se perfeccionó en los mandamientos de Jesucristo y la antigua solo es usada para referencia en el día del Juicio del Trono Blanco, destinado para aquellos quienes murieron sin confesar a Cristo, y ese es el pecado que los condenará.

Pero regresando a nosotros, la nueva ley, esta es, el evangelio de Cristo, nos pide muchas cosas que se ha probado pueden y deben ser aplicadas, vividas y enseñadas de generación en generación hasta que él venga.

Una de estas cosas es la paciencia con los débiles en la fe, aquellos que recién convertidos tienen muchas dudas, están recibiendo mucha palabra y apenas comienzan el camino. Al menos aquí en el continente americano, los países tienen bagaje cultural europeo y nativo americano en su mayoría. Este antecedente implica religiosidades, actitudes, pensamientos, creencias, costumbres que son pecaminosas, diabólicas y mundanas, las cuales deberán tirarse para dejar a espacio en la formación del hombre espiritual.

Pero en lo que se llega a este punto, no tienen sus sentidos espirituales activados y al observar, lo hacen con su mente y corazón físicos y pueden llegar a sentirse ofendidos, extrañados e incómodos con el devenir del comportamiento de los que ya son veteranos en la fe, en cuanto a la libertad en Cristo.

En esto radica la paciencia, en volver a caminar la milla con ellos, para que no sientan que los veteranos son libertinos, pecadores o desobedientes en algunas palabras, citas, versículos o actitudes que en su moral incipiente juzgan, como si fueran niños.

Por ejemplo, no está textualmente escrito no fumar, pero algunos pequeñitos creen que es moralmente malo, por tanto puede ser pecado y molesto. De manera que, si un hermano todavía fuma, debe cuidar no hacerlo delante de los pequeñitos y cuidar esos detalles -el olor, la dentadura- aunque por el Espíritu sabemos que hay que cuidar el templo del Espíritu Santo. De cualquier forma, cada creyente deberá ver por cómo mantiene cuidado su propio cuerpo y hay que orar para que dichos pequeñitos comprendan pronto que no todo lo aprendido en la carne tiene fundamento espiritual o es importante para los asuntos del reino y por tanto, ataduras mentales de las que deben desprenderse.

Otro ejemplo es la navidad, Christmas day. Muchos pequeñitos creen que esta es una celebración donde se festeja a Cristo en su nacimiento -de alguna manera se las arreglan para cuadrar todo- y se sienten mal cuando hermanos avanzados rechazan todo lazo con esa celebración de demonios. La paciencia entonces surge para enseñar con amor, sutileza, eficacia y hermandad lo incorrecto de introducirla en la vida individual y de iglesia. Aprender a deshacerse de esta imposición global de ya casi un siglo cuesta mucho esfuerzo, más con dedicación y fervor se logrará.

Y así podemos dar más ejemplos, según el contexto nacional en el que vivamos, por ejemplo, el día del pavo, halloween, el día de muertos, los carnavales y fiestas patronales, deportes, política que no son más que distractores, solo que los recién nacidos están en el proceso de dejar ir el amor a esos eventos, y podrán verse y darse cuenta que cantar, bailar, comer no son pecaminosos en sí, si lo hacemos en el nombre del Señor Jesucristo y para testimonio.

Así pues, hay que ser hermanos mayores, papás, mamás e incluso abuelos de estos pequeños de Cristo, que son nuestra dulce prueba de amor, renunciación, paciencia, fe y esperanza para que por el buen testimonio aprendan a ser mayores y dejarse de minucias para atender lo importante: llevar el evangelio a toda criatura.  

Que la gracia, amor y paz de nuestro Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén.

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