Editorial 624 - La alimentación del Hombre
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- hace 3 días
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Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén.
Queridos hermanos nuestros, este contenido es adyacente y complementario al presente blog 624, inspirado por el Espíritu Santo y cuyo fundamento es el pasaje de la alimentación de los 5 mil encontrado en Marcos 6:30-44, que le invitamos a leer para hallar la revelación espiritual al respecto.
Aquí, por el mismo Espíritu Santo, veremos cómo es que el Señor Jesús satisface toda necesidad de alimentación del hombre.
Citando el blog que a la letra se lee: Al no ser autótrofos, se está en la búsqueda constante de alimentar nuestro ser, pero no solo la comida y la bebida que por la digestión son asimiladas; también la mente, alma y corazón tienen necesidad de alimentarse. Es decir, no solo lo fisiológico, anatómico y orgánico; además, lo mental, lo psicológico y lo sentimental, se establece como premisa que el hombre es incapaz por sí mismo de crearse un modo de satisfacer un faltante para ser completo de su entidad, así que tiene que buscar ese algo -llamado alimento- de alguna forma.
Como se sabe por sentido común, lo fisiológico es lo másico y energético en estados sólido, líquido y gaseoso que se absorben por los aparatos digestivo y respiratorio, respectivamente. Se extiende a lo anatómico y orgánico porque la asimilación de estos nutrientes repone material para la regeneración celular (masa) y el metabolismo no se detenga (energía) mientras se tiene el espíritu de vida.
En cuanto a lo mental, la necesidad de información, conocimiento, sabiduría, intelecto, razonamiento y pensamiento aplicados en métodos, técnicas, procesos y decisiones conductuales aplicados en tiempos y movimientos.
Lo psicológico es la identidad del yo, la percepción y la constitución del alma en cuanto a su manifestación individual de sus ideas, creencias, costumbres y opiniones. La autopercepción, el rol y la forma de convivencia con otros seres, así como la manifestación de libertad de expresión.
El alimento del corazón constituye esas directrices eléctricas y sensaciones que llamamos sentimientos. Los sentidos ayudan a crear representaciones que interpretamos como emociones diversas, ejemplos son la alegría, la tristeza, el enojo, la melancolía, la paz, el odio, el amor, la pasión y la excitación.
Como el ser humano no puede proveerse a sí mismo de todo esto, busca fuentes de alimentación en su entorno natural. Alguno podrá decir: ¿Y los ermitaños, solitarios y antisociales? ¿Los que tienen algún tipo de inhabilidad mental para estos propósitos?
En el caso de los primeros, forzar o procurar ser su propia fuente genera muchos más problemas de adaptación, socialización y, por tanto, asimilación y supervivencia, que conlleva a tristes escenarios de inadaptación. Aunque por fuera pretendiesen estar en balance, equilibrio e independencia, el mismo Único y Sabio Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo”, en consecuencia, el gregarismo es una propiedad irrenunciable.
Para los segundos, al no gozar de todas sus funciones cognitivas, más que una renuncia es una falencia. Las personas a su alrededor procuran de algún modo satisfacer esa incapacidad de expresar la necesidad de habilidades y técnicas para asegurar la supervivencia. Suelen ser asistidas y el mismo Dios procura mecanismos para que no caigan completamente en desamparo.
Quienes no caigan en cualquiera de estas dos categorías, por descarte, buscan ser reconocidas. Construyen una red compleja de saberes y de esta forma sacian su ignorancia, convirtiéndolas en seres valiosos por la información que guardan, ostentan y comparten.
En el rubro de lo psicológico, saber quién es uno es vital para completar al ser social. El “yo” manifestado en nombre, filiación, percepción y naturaleza implica sea respetado o conocido. Según cómo se exprese esta voluntad emanada de un cuerpo físico, de acuerdo con sus saberes dicta si se es compatible o no. Mente y alma designan a los que ejercen algún cargo, oficio, empleo, habilidad, vocación y modo de vida.
Para el corazón, se tienen la moral, la ética y el credo. Las emociones establecen el tipo de persona que se quiere ser, según cómo manifieste tales emociones en distintos escenarios favorables o desfavorables. Cómo se entretejen relaciones humanas basadas en estos impulsos de origen bioquímico es lo que tenemos como amistades o enemigos, media naranja o incompatibilidades cuasi orgánicas.
Mente, alma y corazón forman a la persona, en su libre combinación de conceptos como virtudes y defectos, capacidades y limitantes, aptitudes y actitudes.
Un ser humano que se constituya como independiente de Dios, por fuerza no tiene buenos modelos o fuentes de alimentación. Al ser Dios el Creador de todo ser que respira sabe precisamente la constitución precisa y exacta de cada manifestación física llamada carne. En todos los rubros, Dios conoce las proporciones de dones, la debilidad y fortaleza.
Su mente la llena de ejemplos falibles, imperfectos como este propio ser humano y toda habilidad, conocimiento, sabiduría, fortaleza no tienen límite y control y lo que no conozca lo inventa, lo que no comprende lo inventa y lo que no pueda saber lo imagina.
En su “yo” se manifiesta la soberbia, su propia exaltación de ser en su interior el único “yo” quien tiene el control, no hay otro mejor que su propia percepción. Surge entonces el autoengaño, que asociada a la soberbia fortalecen la ignorancia al no querer comprender que hay alguien más poderoso, influyente o perfecto que esta alma enclaustrada en su propia alabanza.
En cuanto al corazón, si se pierde el contacto con lo divino sucede lo animal, lo natural, irracional y el instinto carnal de supervivencia. Matar o morir, se deja de sentir y se manipulan tales sentimientos para controlar a los otros seres débiles. Fingimiento e hipocresía, por un lado; frivolidad e indolencia en el otro. Un corazón duro, frío, seco e inflexible matan al alma al no proveer al amor, que sana los huesos.
Más en Cristo, No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4.
Es decir, que Dios, a través de Cristo, satisface todos los tipos de hambre del ser humano, a saber:
Fisiológica, anatómica y orgánica, por cuanto ningún creyente en Jesucristo como el Hijo de Dios ha muerto de hambre. Siempre el pan fìsico es una promesa directa desde Adán. Jesús dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35, entonces el cuerpo fìsico no cae en desamparo ¿lo será el ser espiritual que se forja? NO. Jesucristo es el componente nutricional que da sentido a la materia y energía espiritual con los que el nuevo ser nace, crece y se desarrolla, con la salvedad que nunca muere. Y de nuevo confirma en Juan 6:51: Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. A través de nuestro Señor Jesucristo, confesar y creer en él, tanto la materia física como la espiritual tienen sustento, dado que Lucas 12:29 reconforta: Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Esto es potestad directa del Padre de tal provisión. Ninguno de sus escogidos entregará el espíritu por falta de alimento, sino por testimonio. Conclusión: siempre el Señor Jesucristo alimentará a nuestro ser espiritual, amén.
En cuanto a la mente, también el Señor Jesús es responsable de dar dirección, magnitud y sentido a la mente del ser espiritual. Es un vector eterno, y no una simple magnitud física. Del hombre natural se nos pide que nos separemos, como el Espíritu enseña en Efesios 4:17: Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, la mente humana, fìsica y limitada no interesa darle prioridad, sino a la espiritual, puesto que 1ª Corintios 2:16 declara que ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. puesto que el ser espiritual tiene sabiduría emanada directamente de la santidad de Jesucristo que le da mucho mayor poder de pensamiento, razonamiento, juicio, meditación y reflexión. Este conocimiento superior que trasciende la ley física y material encuentra entendimiento de la voluntad y propósitos de Dios en todo asunto que se trate con la mente de Cristo dado que, en cambio, el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 1ª Corintios 2:15.
La mejor sabiduría es la espiritual pues Colosenses 2:2-3 dice: para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Conocer a Cristo, su vida, propósito, mensaje y mandamientos para tenerlos en práctica es la versión perfecta de la descripción anterior en términos naturales. El método científico no es mejor que el método de la vida en Cristo. Ningún modelo económico, político o militar serán superiores al modelo de la comunión en Cristo.
En el campo de lo psicológico, Juan 14:6 dice: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. La completitud de cualquier “yo” insatisfecho se llena con esta verdad. Si queremos ser aceptados y reconocidos por alguien, que ese alguien sea Dios por medio de Cristo. Además, Gálatas 2:20 manifiesta lo siguiente: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. O sea, que nadie más se sentirá solo, como muchos seres desprovistos de amor propio y de significado para sus vidas. El mejor “yo” que se puede manufacturar es aquel guiado por el amor y la sabiduría en Cristo Jesús. Por tanto, tiene sentido lo que dice 1ª Juan 2:28: Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. Este sentido de pertenencia a lo espiritual es divino y en consecuencia, eterno. Cristo es el seguro de vida por el cual el ser que se manifiesta gracias a él adquiere vida, sino sentido y ganas verdaderas de vivir.
Por último, pero no menos importante es el corazón. Para empezar, todo corazón renovado, suavizado y curado por el amor de Jesucristo dice en 1ª Juan 3:18: Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Es decir, los sentimientos son amoldados por el Espíritu Santo para no ser vanos, fatuos, imperfectos y discordantes, pues Romanos 15:5 señala que el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. Como Jesucristo es un solo Ser Santo, entonces es la misma fuente para todos. Quienes nos alimentamos de él no podemos tener muchas manifestaciones del corazón, solo una, la que de él emana: el amor. Juan 3:16 establece que el amor es el origen de todo lo bueno: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 2ª Corintios 13:11 dice: Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. De esta manera, el actuar de cada ser humano que confiesa a Cristo debe ser la misma para con los demás, solo sentimientos buenos y puros por el Espíritu hacia el prójimo. Se concluye que todo ser espiritual nacido de Dios por Cristo no entra en la descripción de 1ª Juan 4:8: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
Toda alma tocada por el Espíritu genera un corazón del cual emana amor, materia prima que genera el génesis del ser espiritual que tendrá parte y suerte en la vida eterna.
Como puede verse, amados hermanos, nuestro Señor Jesucristo es el proveedor de toda alma y carne que se sujetan a él. Como pudimos ver y atestiguar por el Espíritu el pasaje en el evangelio revelado al hermano Marcos sobre el cual se basa esta amonestación de amor, aquellas personas sintieron muchas esto que se describe, como ahora y así seguirá hasta que él venga de nuevo, la dispensación de los tiempos cambie. Mientras él no venga aun, esto se mantiene.
Roguemos, amados nuestros, que nunca a Cristo neguemos ni despreciemos, y mucho menos intercambiemos por algo o alguien material. ¡Líbranos Padre Santo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, de semejante desgracia!
Que la gracia, amor y paz de nuestro Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén.

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