Editorial 639: Carta a la iglesia de nuestro Señor Jesucristo establecida en la República de la Argentina.
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Amados lectores y hermanos, que el amor, la gracia y la sabiduría de lo Alto, dadas por Jesucristo estén en su espíritu completamente, amén.
Amados hermanos, deseamos en el amor de nuestro Salvador y Maestro Señor Jesucristo sean cubiertos de toda bendición espiritual y material también. El mundo tiene a sus paladines que destaquen en todo lo que es vano, tiene el diablo a sus hijos de perdición que nacen para tratar de destruir toda buena obra y llevar a muchos a la condenación eterna, existen muchos “yo” queriendo destacar en ser los primeros en algo o en todo, aunque su competencia real sea puesta en duda.
En este pasado evento deportivo de carácter global, el mundo no tiene aprecio por la ciudadanía de su nación, en parte por estereotipos y en parte porque algunos famosos se empeñan en mostrar ciertas actitudes soberbias y de acepción de personas bajo diferentes criterios, dando un muy mal testimonio ante los ojos de Dios y los hombres. Estos personajes están muertos a la fe, porque buscan su propia vanidad; sin embargo, el enemigo provoca que se expanda y se generalice a toda la población, incluida a la congregación que vive allá con esa ciudadanía.
Estimados hermanos: mucho hay que hacer allá para que haya un orden espiritual. La soberbia y el sentimiento de desprecio a otras etnias por acento y color de piel son estorbos y sicómoros espirituales que la iglesia debe erradicar. La humildad y el servicio a otros, no permitan que en las congregaciones se asienten estos incorrectos modos de ser y pensar, dado que nuestro Señor Jesús no lo enseñó y sí lo señaló como situaciones por evitar.
El corazón debe latir para Cristo, no para vanidades. El sentimiento debe ser amor fraternal para todos y no para lo que el ojo, la carne, el pensamiento, el alma y el corazón sientan como digno de ellos. El Señor se despojó de todo lo que era para dar su testimonio en humildad es menester que la iglesia viva en humildad en todo, en todo.
Queridos compatriotas espirituales en la fe: No dejen de orar por sus autoridades, no dejen de amar a Jesucristo y obedecerlo en todo, no dejen que las cosas del mundo los distraigan de lo que verdaderamente conviene: esto es, predicar el evangelio a toda criatura, según lo que les muestre el Espíritu. No permitan que los asuntos de abajo desdeñen los asuntos del reino. Sigan pidiendo por la iglesia en México, así como nosotros lo hacemos por las demás iglesias en Hispanoamérica, Latinoamérica y en general, por la iglesia de Cristo en todo lenguaje e idioma dispersos en el mundo.
Que la sabiduría, el amor, la gracia, la paz y la inteligencia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en aquellos que lo necesitan, amén.

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